Skip to main content

Full text of "Chorizos y polacos : zarzuela de costumbres teatrales del siglo XVIII en tres actos y en verso, dividida en seis cuadros"

See other formats


EL  TEATRO. 

COLECCIÓN  DE  OBRAS  DRAMÁTICAS  Y  LÍRICAS. 


CHORIZOS 

Y    POLACOS, 

ZARZUELA  DE  COSTUMBRES  TEATRALES  DEL  SIGLO  XVIII 

EN  TRES  ACTOS  Y  EN  VERSO,   DIVIDIDA  EN  SEIS    CUADROS, 
ORIGINAL   DE 

DON   LUIS  MARIANO  DE   LARRA, 

MÚSICA      DEL 

MAESTRO    BARBIERI 


MADRID. 

ALONSO  GÜLLON,  EDITOR. 

1873. 


fe.  i 


AÜMEiNTO  A  LA  ADICIÓN  DE  26*  DÉ  NOVIEMBRE  DE  187 


TÍTULOS. 


Actos. 


Piop. 

AUTORES.  COnegpOI 


COMEDIAS  Y  DRAMAS, 


Abogacía  de  pobres.  /.;..;•'.' 

Cesante  y  apaleado . . .  ¿ 

Contra  soberbia  humildad 

Don  Rufo  Revueltas .  ¿ . . . « 

£1  capitán  Araña.  *  * .  * . 

El  grano  de  arena.  ..........* . 

El  único  ejemplar ¿ . .  < 

La  mujer  de  Putifar. ...... 

La  veleta - t  . ,  *  . . 

Las  dos  Rubias. ....... 

Las  lunas  del  amor 

Los  encantos  de  la  voz 

Lucrecia  Borges. . 

Muertos  que  resucitan 

Obras  son  amores ¿ 

Paz  como  hermanos. . .  ¿ .  ¿ 

Por  un  majuelo -  . . . 

Servir  para  algo. ....... ......  j. 

Un  sol  que  nace  y  un  sol  que  muere. . . '. 

¡Viva  la  Paz! .. .. * .. 

Desde  la  Granja  á  Segovia. . . .  .* 2 

El  nido  de  la  cigüeña 2 

Las  desdichas  de  un^Jiuen  mozo .......     2 

Los  alfilerazos 2 

Figuras  de  cera... .  ¿ 3 

Las  fiestas  del  hogar 3 


El  verdugo  de  mi  hijo. . . .  * .  3 

La  mejor  conquista. ;  3 

Tres  pies  ai  gato. .......  ¿ . .  t . .  ¿ 3 

Vivir  al  dia . 3 

El  Florentino.. . 5 


D.  M.  Echegaray. 

.  Armengol  Marqués  • . 

Juan  de  Alba.. 

Luis  Pacheco 

S.  María  Granes. . . . 

E.  Jackson  Cortés..  . 
Miguel  Echegaray. . . 

Juan  Bergaííó 

Luis  Pacheco. 

Augusto  Jerez 

R.  García  Sanlisteban. 
Manuel  Juan  Diana.. 

F.  López  Valois.. ... 

Pedro  Escamilla 

E.  Jackson  Cortés. . . 

Juan  de  la  Rada 

Luis  Pacheco. 

Miguel  Echegaray..  . 

José  Echegaray 

R.  María  Liern 

Emilio  Alvarez. .... 

Juan  Bergaño 

N.  Serra i . . . . 

S.  María  Granes. .... 
José  Marco 

Sres.  E.  Alvarez  y  Ricardo 

Puente  y  Brañas. . . 

Sres.    E.   y  Alberto  E. 

R0S8Í....  . \  ...... 

D.  Juan  José  Üerranz. . . 
t.  Mariano  de  Larra. 

R.  María  Liern 

Juan  Belza.¿ 


Tod 


Mita 
Toi 


CHORIZOS  ¥  POLACOS. 


OBRAS  DRAMATICES  DE  D,  LUIS  MARIANO  DE  LARRA. 


COMEDIAS 


El  amor  y  la  moda. 

El  toro  y  el  tigre. 

Quien  piensa  mal,  mal  acierta. 

Pedro  el  marino. 

El  cuello  de  una  camisa. 

En  palacio  y  en  la  calle. 

Las  tres  noblezas. 

Quien  á  cuchillo  mata. 

A  caza  de  cuervos. 

Una  nube  de  verano.  (Tercera  edición.) 

Lanuza. 

Entre  todas  las  mujeres  (1). 

Sapos  y  culebras  (1). 

Una  Virgen  de  Murillo  (1). 

El  beso  de  Judas. 

Una  lágrima  y  un  beso. 

Juicios  de  Dios. 

La  llor  del  valle.  (Segunda  edición.) 

La  pluma  y  la  espada. 

Batalla  de  Reinas. 

El  amor  y  el  interés.  (Tercera  edición.) 

La  planta  exótica.  (Segunda  edición.) 

La  paloma  y  los  halcones. 

El  rey  del  mundo. 

La  oración  de  la  tarde.  (Sexta  edición.) 

Los  lazos  de  la  familia.  (4.°  edición.! 

Rico  de  amor. 


Barómetro  conyugal  (2). 
La  lápida  mortuoria,   v 
La  bolsa  y  el  bolsillo  ' 
El  Marqués  y  el  Marquesito. 
Los  infieles  (5).  (Tercera  edición-») 
La  agonía.  (Tercera  edición.) 
Flores  y  perlas.  (Cuarta  edición.) 
Dios  sobre  todo. 
El  hombre  ubre. 
La  primera  piedra. 

Estudio  del  natural.  (Segunda  edición.* 
La  cosecha.  (Segunda  edición  ) 
En  brazos  de  la  muerte. 
¡Bienaventurados  ios  que  lloran!  (Cuar- 
ta edición.) 
El  bien  perdido.  (Segunda  edición.) 
Oros,  copas,  espadas  y  bastos.  (Cuar- 
ta edición.) 

El  ángel  de  la  muerte. 

El  Becerro  de  oro. 

Los  hijos  de  Adán. 

El  árbol  del  Paraiso. 

El  Caballero  de  Gracia. 

La  tarde  de  Noche-buena. 

¡Una  lágrima! 

Los  corazones  de  oro. 

Tres  pies  al  gato... 


ZARZUELAS. 


Un  embuste  y  una  boda.  (Música  do  Ge- 

novés.) 
Todo  son  raptos.  (Música  de  Oudrid.) 
As  en  puerta.  (Música  de  Oudrid.) 
La  perla  negra.  (Música  de  Vázquez.,) 
Las  hijas  de  Eva.  j  Música  de  Gaztambi- 

de.)  (Tercera  edición.) 
La  conquista  de   Madrid.   (Música  de 

Gaztambide.)  (Tercera  edición.) 
Cadenas  de  oro  (Música  de  Arrieta.)  (4). 
Una  revancha.  (Música  de  Campo.) 
La  ínsula  Barataría.  (Música  de  Arrieta.) 
Punto  y  aparte.  (Música  de  Rogel.) 
Los  órganos  de  Móstoles.    (Música  de 

Rogel.)  (Segunda  edición.) 
Los  infiernos  de  Madrid.  (M.a  de  Rogel.) 
La  varita  de  virtudes.  (M.  deGaztamb.) 


Los  misterios  del  Parnaso.  (Música  de 

Arrieta.) 
Los  hijos  de  la  costa.  (M.  de  Marqués.) 
Justos  por  pecadores.  (Música  de  Oudrid 

y  Marqués.) 
La  prima-donna.  (Música  de  zarzuelas.) 
El  atrevido  en  la  corte.  (Música  de  Ca- 
ballero.', 
El  conde  y  el  condenado.  (Música  deRo» 

gel  é  Inzengal  (5). 
Sueños  de  oro.  (M.  deBarbieri.)  (4.aed.) 
La  creación  refundida.  (M.  de  Rogel.)    , 
El  barbenllo  de  Lavapies.  (M.  de  Barbieri.) 

(4.a  edición. > 
La  vuelta  al  mundo.  (Música  de  Barbieri 

y  Rogel.)  (Segunda  edición.) 
Chorizos  y  Polacos.  (M.  de  Barbieri.) 


OBRAS  NO    DRAMÁTICAS. 

Tres  noches  de  amor  y  celos.  Novela  en  dos  tomos. 

La  gota  de  tinta.  (Segunda  edición.)  Novela  en  dos  tomos. 

£1  libro  délas  mujeres.  "' 


Obra  traducida  en  un  tomo. 


(i)  En  colaboración  con  D.  Luis  de  Eguilaz.  (2)  ídem  con  D.  Ven- 
tura de  la  Vega.  (3)  ídem  con  D.  Narciso  Serra.  (4)  ídem  con  Don 
Ramón  de  Navarrete.      (5)      Id.  con  D.  Antonio  García  Gutiérrez. 


CHORIZOS  Y  POLACOS 


ZARZUELA  DE  COSTUMBRES  TEATRALES  DEL  SIGLO  XVIII 


EN   TRES  ACTOS  Y  EN  VEftSO,   DIVIDIDA  EN  SEIS    CUADROS, 


ORIGINAL    DE 


DON    LUIS    MARIANO    DE    LARRA, 


IUBICA    SEL 


MAESTRO    BARBIERI. 


Representada   por    primera  vea  en  el  Teatro    del   PRÍNCIPE   ALFONSO 
el  24  de  Mayo  de  1876- 


MADRID. 

IMPRENTA   DE  JOSÉ    RODRÍGUEZ. —CALVARIO, 

4876. 


PERSONAJES.  ACTORES. 


LA  CARAMBA Sra.  Rivas. 

LA  FIGUERAS Sra.  Raguer. 

DOÑA  PIMIENTA. Sra.  Sampkla. 

UNA  CÓMICA Sra.  Arveras. 

EL  TÍO  TUSA Sr.  Arderiüs. 

DON  PRECISO Sr.  Rossell. 

EL  TÍO  ESPEJO Sr.  Orejón. 

EL  CONDE  DEL   PUENTE Sr.  Guzman. 

CALICHE. Sr.  Rochel. 

DON  LÍQUIDO Sr.  Rubio. 

EL   PELUQUERO Sr.  Martínez. 

EL  TRASPUNTE Sr.  Toscano. 

EL  MAESTRO  DE  BAILE Sr.  Prieto. 

ALGUACIL  1.° Sr.  Süarez. 

ALGUACIL  2.° Sr.  Jiménez.       }  (1) 

ALGUACIL  3 .° Sr.  Rodríguez. 

Cómicas,  cómicos,  boleras  y  boleros,  maquinistas,  guardaropas, 
asistencias,  comparsas,  currutacos,  apasionados,  soldados, 
chisperos,  aguadores,  chicos,  chorizos,  polacos,  etc.,  etc. 


i 


La  acción  en  Madrid,  en  el  último  tercio  del  stglo  XVIH 


(I)    Estos  tres  actores,  por  deferencia  á  loa  autores  de  la  obra 
se  han  prestado  á  desempeñar  gustosos  su  insignificante  papel. 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  podrá,  sin  su 
permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  España  y  sus  po- 
sesiones de  Ultramar,  ni  en  los  países  con  los  cuales  haya  ce- 
lebrados ó  se  celebren  en  adelante  tratados  internacionales 
de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Galería  Lírico-Dramática,  titulada 
El  Teatro,  de  DON  ALONSO  GULLON,  son  los  exclusivamente 
encargados  de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación 
y  del  cobro  de  los  derechos  de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


AL  SEÑOR 


DON   DARÍO  CORDERO  ¥  CAMARÓN, 


Sus  amigos 


aCcuó     iltatwtiio  De  jCaxta,    Oiomcióco  tJL.   $)atfci 


669405 


ADVERTENCIA  IMPORTANTE. 


En  el  tomo  primero  de  las  comedias  de  Calderón  déla  Barca,  de  la 
Biblioteca  de  autores  españoles,  y  como  nota  á  un  fracmento  de  D.  Nico- 
lás Fernandez  de  Moratin,  dice  el  Colector: — ((ChoHzOSSe  llamaban  los 

apasionados  del  teatro  del  Príncipe;  los  de  la  Cruz,  Polacos.» 

— Lamento  tener  que  disentir  de  la  opinión  de  un  eminente  escritor,  gloria 
justísima  de  nuestra  literatura  contemporánea;  pero  la  verdad  de  los  he- 
chos me  obliga  á  ello,  y  el  testimonio  de  los  escritores  de  aquella  época, 
entre  los  que  sobresale  D.  Leandro  Fernandez  de  Moratin,  autor  de  la  ini- 
mitable Comedia  nueva.  Según  éste,  en  sus  Obras  postumas  (tomo 

primero,  páginas  101  hasta  la  160),  Chorizos,  eran  los  apasionados  que 
sostenían  á  la  compañía  de  que  era  autor  (Ó  empresario  COmo  hoy  se 
dice),  Manuel  Martínez;  y  PolaCOS  los  intransigentes  defensores  de  la 
de  Eusebio  Rivera.  Y  como  quiera  que  ambas  compañías  solían  mudar  con 
frecuencia  de  teatro,  y  los  PolaCOS  y  ChoriZOS  no  defendían  el  teatro, 
Bino  la  compañía  que  en  él  actuaba,  dicho  se  está  que  unas  veces  los 
Chorizos  eran  los  del  Príncipe  y  otras  los  de  la  Cruz.  Prueba  de  esto 
es,  que  la  comedia  de  Inarco  Celenio,  El  Viejo  y  la  Hiña,  se  estrenó 
por  la  compañía  de  Rivera  (esto  es,  por  los  Polacos),  el  2  2  de  Mayo 
de  1790  en  el  teatro  del  Príncipe,  que  según  el  Colector  citado,  debía 
ser  de  los  Chorizos;  y  que  en  El  Café,  estrenado  por  la  misma  compa- 
ñía de  Rivera  (esto  es,  por  los  Polacos),  el  7  de  Febrero  de  17  92  en  el 
mismo  teatro  del  Príncipe ,  dice  D.  Serapio,  refiriéndose  á  la  compañía  de 

la  Cruz:  «Hoy  los  Chorizos  se  mueren  de  frió  y  de  miedo.))  Que- 
da pues  probado,  con  el  testimonio  irrecusable  de  Moratin,  que  Chorizos 
y  PolaCOS  variaban  de  coliseo  como  las  compañías,  y  que  yo  he  debido 
ceñirme  á  lo  que  los  autores  de  aquella  época  dan  por  seguro  y  cierto. 

Para  los  que  crean  que  he  anclado  exagerado  en  la  pintura  de  las  cos- 
tumbres teatrales  del  siglo  XVIII,  inserto  á  continuación  la  descripción 
que  de  ellas  hace  el  mismo  Moratin,  á  Ja  cual  he  procurado  sujetarme  exac- 
tamente, sirviéndome  de  ella  hasta  para  fabricar  la  débil  trama  de  esta 
zarzuela. 

*  ((Duraba  todavía  en  el  año  de  1792  el  nombre  y  la  parcialidad  de  los 
))ChorÍZOS  y  PolaCOS.  Los  primeros,  que  mantenían  á  la  compañía  de 
»Manuel  Martínez,  eran  sin  duda  los.  más  formidables,  así  por  el    número 


«como  por  la  calidad  i!e  ser  gente;  tenían  caudillo  conocido,  que  dirigía  ere 
»el  patio  sus  ataques,  calmaba  sus  ímpetus,  y  les  hacía  gritar  ó  callar, 
))silbar  o  aplaudir,  según  le  parecía  oportuno.  Era  éste  un  maestro  de 
)) herrero,  hombre  de  humor,  de  acalorada  fantasía,  alto,  tiznado  como  Es- 
»térope,  intrépido,  expresivo  en  su  gesticulación  y  movimientos,  dotado 
))de  verbosa  y  fácil  elocuencia,  vecino  honrado  y  de  sanísimas  intencio- 
))nes;  llamábanle  Tusa,  y  era  conocida  y  respetado  con  este  nombre  des- 
))de  la  Rivera  de  Curtidores  hasta  los  yunques-  de  las  Maravillas.  Él  y  su 
))gente  aplaudían  y  preconizaban  cuantos  disparates  tenía  á  bien  repre- 
»sentar  el  tio  Martínez  (que  este  cariñoso  nombre  le  daba  el  vulgo! ;  y 
))nada  se  hacía  en  la  compañía  de  Eusebia  Rivera  que  en  su  opinión  fuese 
» tolerable.  Esta  no  carecía  tampoco  de  frenéticos-  apasionados,  capaces  de 
))oponerse  al  torrente  amenazador,  que  muchas  veces  venía  á  turbar  y  á 
))alborotar  su  patio;  preciábanse  de  tener  más  inteligencia  y  delicado  gus- 
))to  que  los  ChOTÍZOS,  pero  en  verdad  que  unos  y  otros  tenían  igual  rao- 
))tivo  para  tan  osada  presunción.)) 

((Unas  veces  el  amoroso  Vicente  Merino,  á  quien  llamaban  el  Aboga— 
))do.  la  gran  Figueras,  Gabriel  López,  gracioso  inimitable,  la  Polonia  y  el 
»aplaudido  Josef  Espejo,  que  hasta  ahora  no  ha  tenido  en  su  género  compe- 
))tidor,  hacían  prosperar  su  compañía  y  llenaban  de    insolente   orgullo    á 
))sus  jefes  PolctCOS-  Otras  se  humillaban  y  confundían  al  ver  que  el  audi- 
torio abandonaba  su  teatro  para  gozar  en  el  otro  los  chistes  populares    de 
»Miguel  Garrido,  los  tonos  lúbricas  y  expresión  gitanesca  de  María  Fernan- 
))dez  (a)  la  Caramba;  el  decoro  y  compostura  de  voz  y  acción  de  Anto- 
»nio  Robles;  la  enérgica  y  exagerada  declamación  de   María    del    Rosario, 
«conocida  con  el  nombre  de  la  Tirana,  su  gentil  ademan,  la   hermosura 
»de  sus  ojos  elocuentes,  la  riqueza  y  pompa  de  su  traje  y  adornos.)) 

«Como  estos  partidos  usurpaban  frecuentemente  los  derechos  del  pú- 
»blíco,  y  lo  que  á  ellos  no  era  agradable  caía  sin  remedio  á  fuerza  de  sil- 
»bidos  crueles,  entre  las  oleadas  del  patío  que  hacían  crujir  y  tal  vez  rom- 
»pían  el  degolladero  (viga  robusta  que  dividía  á  los  mosqueteros  de  la 
»luneta  pacífica) ,  los  cómicos  procuraban  aumentar  el  número  de  sus  par- 
aciales  y  tenerlos  muy  en  su  favor,  alo  menos  para  evitar  su  cólera,  ya 
»que  no  les  mereciesen  su  aplauso.» 

»Una  cómica,  que  por  nueva  en  la  corte,  ó  por  el  temor  que  la  inspira- 
»ba  el  mérito  de  las  demás,  deseaba  acreditarse  en  el  teatro,  se  veía  en 
X)la  dura  precisión  de  captarse  la  benevolencia  de  los  apasionados,  á  fuer- 


í)za  ile  expresiones  cariñosas  y  de  finezas,  oportunamente  distribuidas,  si 
«quería  silencio  en  sus  tonadillas  y  relaciones,  y  aprobación  segura  y  pal- 
Wmadas  y  vítores  en  cualquiera  cosa  que  hiciese.  Retirábase  á  las  siete  de 
»la  noche  en  su  gran  silla  de  manos,  conducida  por  dos  robustos  moios^ 
«de  los  cuales,  el  que  iba  delante,  llevaba  un  farolillo...» 

«...Llegaba  á  su  casa.  En  el  portal,  en  la  escalera,  en  el  recibimiento, 
«hallaba  el  mismo  obsequio...  salía  después  la  criada  con  un  velo®,  por  la 
«puerta  de  la  sala,  y  les  decía  si  gustaban  de  pasar  adelante-,  lo  cual  ha- 
«cían  ellos  de  muy  buena  voluntad.  Adornaban  la  sala  unas  cortinas  de 
Ddamasco  de  lana  encarnada,  una  sillería  de  lo  mismo,  seis  cornucopias, 
í)un  retrato  de  la  señora  Pepita,  vestida  á  la  antig-ua  española,  obra  tal 
«vez  de  algún  dorador  granadino,  tan  mal  pintor  como  desesperado  aman- 
»te  del  bello  original;  una  guitarra  portuguesa  con  su  gran  lazo  de  verde 
«celedón;  en  uno  de  los  ángulos  del  estrado  un  clave,  á  los  pies  de  la  sala 
My  sobre  él,  mezclados  desorden-adámente,  papeles  de  música,  comedias 
«sueltas,  estropeadas  en  los  pérfidos  tórculos  de  Barcelona;  sainetes  y  to- 
nadillas manuscritas;  "Una  estampa  del  Cristo  de  Rivas;  la  lista  del  mes; 
«un  cartel  de  toros,  y  un  collarcillo  de  plata  con  cascabeles,  y  un  letrero 
»en  el  que  decía  VvOa  mi  (MeñO. 

» Presentábase  al  fin  la  señora  y  ocupaba  sola  el  estrado;  los  concurren- 
tes se  acomodaban  en  las  dos  hileras  laterales  de  los  taburetes,  y  si  sobra- 
«ban  algunos,  se  quedaban  de  pie  junto  á  la  puerta  del  recibimiento... 
«Tratábase  de  lo  que  había  llovido  aquella  tarde,  de  la  ronquera  del  se- 
«gundo  gracioso,  de  la  entrada  infeliz  que  habían  tenido  los  de  allá-.. 
«y  de  las  garruchas  que  Avecilla  tenía  ya  corrientes,  para  hacer  volar  al 
«galán  y  la  dama  hasta  el  numero  siete  de  los  palcos  segundos... 

T)... Con  esto  desaparecía  aquella  atolondrada  juventud  y  dejaba  desem- 
barazado el  sitio  que  ocupaban  después  la  opulencia,  el  ingenio  y  tal 
vvez  el  amor... 

«...La  distribución  que  se  observaba  en  las  representaciones,  era  esta: 
«empezábase  la  comedia,  y  al  concluir  la  primera  jornada,  se  echaba  un 
^entremés;  seguía  una  tonadilla;  después  la  seguada  jornnda;  luego  un 
«saínete,  otra  tonadilla,  y  por  último,  la  tercera  jornada  de  la  comedia. 
«No  hay  para  qué  decir  la  distracción,  la  discordancia,  la  falta  de  unidad 
»é  interés  que  resultaba  de  esta  mezcla  exótica,  porque  fácilmente  puede 
«inferirse;  pero  á  estos  inconvenientes,  se  añadían  otros  que  no  acertarían 
í)á  presumir  los  que  no  alcanzaron  aquel  tiempo    Eran   disformes  los  pei- 


»nados  que  usaban  entonces  las  mujeres  y  no  menos  el  artificio  con  que 
))los  hombres  se  desfiguraban  las  cabezas  á  fuerza  de  batidos t  erizones, 
Mrizos,  pomadas,  sebo  y  polvos:  ni  los  peluqueros,  ni  los  actores,  se  pa- 
»raban  á  considerar  jamás  si  aquel  ornato  convenía  á  la  comedia  ó  no,  ní 
»había  más  tiempo  para  desnudarse  de  un  traje  y  ponerse  otro,  que  etque 
»lJodía  permitir  una  corta  sinfonía  que  tocaba  la  orquesta.  Resultaba  de 
))todo  esto,  que  en  el  entremés  ó  en  el  sainete,  se  presentaba  el  alcalde  de 
))Polvoranca,  peinado  en  ala  de  pichón  con  montera  de  paño,  chupa  par- 
»da,  guirindola  de  festón  y  coturnos  griegos;  á  el  sacristán  de  Escopete 
»se  le  descubría  un  pedazo  de  toga  consular  que  le  arrastraba  por  debajo 
»de  la  sotanilla,  y  la  tia  Chincha  salía  con  su  guardapiés  de  estameña 
Wazul,  medias  de  trama  de  Persia,  ricos  zapatos  con  hebillas  de  Francia, 
»mandil  negro,  peinado  magnífico  adornado  de  brillantes,  plumas  y  ñores, 
»dengue  colorado,  pañuelo  de  cotón  y  casaca  de  tisú  con  sus  vuelos  ange- 
licales.» 


l>os  palabras,  para  concluir  esta  larguísima,  pero  indispensable  adver- 
tencia. Todas  las  partidas  de  que  se  habla  en  la  escena  de  la  meSCL  de 
Cuentas  del  acto  tercero,  están  tomadas  de  un  libro  manuscrito  original, 
que  posee  mi  querido  compañero  el  señor  Barbieri,  titulado:  Libro  de 
data  de  la  real  dirección  de  los  teatros:  por  no  hacer  la  escena  in- 
terminable, no  he  añadido  curiosísimos  detalles,  de  la  cara  y  mala  adminis- 
tración de  los  teatros  en  aquella  época» 

El  nombre  de  D.  Preciso  dado  á  un  personaje  de  mi  obra,  no  significa 
que  éste  sea  el  poeta  y  escritor  humorístico,  señor  Iza  Zamácola,  que  con 
dicho  pseudónimo    escribió    dos  tomos  de  seguidillas   y  un  tratado    de    la 

Ciencia  contradanzariaf  en  que  dejó  tan  mal  parados  á  los  curruta- 
cos,  señoritos  de  ciento  en  boca  y  madamitas  del  nuevo  cuño, 

almibarados  y  enclenques  elegantes  del  último  tercio  del  siglo  pasado.  Mi 
personaje  es  ideal  y  he  usado  el  nombre  de  D.  Preciso,  por  parecerme 
de  buen  efecto,  y  aumentar  con  un  detalle  de  época  este  cuadro  episódico 
de  las  costumbres  teatrales  del  siglo  XVIII. 

Luis  Mariano  de  Larra, 


Abril,  18T6. 


ACTO   PRIMERO 


Plaza  de  San  Juan.— En  el  fondo  la  casa  donde  nació  Mora- 
tin,  formando  dos  esquinas.  La  de  la  derecha  del  actor 
forma  la  de  la  calle  de  San  Juan;  la  de  la  iaquierda  la 
calle  de  Santa  María;  ambas  prolongándose  á  lo  lejos: 
delante  de  la  casa  la  fuente  rodeada  de  cubas.  El  prosce- 
nio es  la  continuación  de  la  plaza  en  su  mayor  anchura. — 
A  la  derecha  del  actor,  en  primer  término  y  dando  esquina 

á  la  calle  del  Fúcar  la  Herrería  del  Tio  Tusa,  con 

puerta  grande  por  la  que  ve  el  público  el  interior  con 
fragua,  yunques,  etc.— En  la  calle  de  Santa  María,  y  al 
lado  de  la  casa  de  Moratin,  una  casa  de  un  solo  balcón 
con  puerta  practicable.  Al  levantarse  el  telón  los  agua- 
dores al  foro,  llenan  cubas  en  un  caño  y  rodean  á  un 
Gaitero. — En  el  caño  de  vecindad,  mujeres  y  chicos 
llenan  botijos,  y  desde  la  fuente  hasta  la  esquina  del  pri- 
mer término  de  la  izquierda  del  actor,  otras  mujeres  y 
chicos  guardan  la  vez  al  lado  de  una  gran  fila  de  botijos 
y  cántaros  tendidos  en  el  suelo.  La  primera  casa  de  la 
izquierda  con  puerta  practicable,  es  la  déla  CARAMBA. — 
La  segunda  de  la  derecha  al  lado  de  la  Herrería,  tam- 
bién es  practicable.  La  acción  empieza  un  poco  antes  de 
la  caida  de  la  tarde. 

ESCENA  PRIMERA. 

MÚSICA. 
INTRODUCCIÓN. 

EL  TÍO   TUSA  y  CHISPEROS,  trabajando  en  la  herrería,   los 

AGUADORES  al  foro  con  el  GAITERO,  las  MUJERES  y  CHICOS 

del  pueblo,  cantando  y  llenando. 

Mujeres  y  chicos." 

Dicen  que  de  las  fuentes 


con  el  sobrante, 
lava  todas  las  ropas 

el  Manzanares; 

Ya  no  me  extraña 
que  vuelvan  las  camisas 

con  telarañas. 

(El  Tío  Tusa  y  los  Chisperos  trabajan  ea  los  yun- 
ques dentro  de  la  herrería,  al  compás  de  la 
gaita  que  suena  afuera.  AI  concluir  ésta  de  sonar, 
dan  los  gallegos  el  grito  «Ajujú»  y  las  mojeres  y 
chicos  los  motejan  á  gritos.)  > 

Pa  llenar  dos  botijos 

y  tres  pucheros, 
hay  que  estar  cuarenta  horas 
de  jubileo; 

no  hay  una  fuente 
que  tenga  un  chorro  de  agua 

más  indecente! 


Unas. 
Otras. 
Unas. 
Otras. 

Unas. 

Otras. 

Unas. 

Otras. 

Unas. 


Tusa. 


Todos 


(Las  mujeres  disputando.) 

Ese  botijo  es  mió! 
Me  toca  á  mí  la  vez! 
Afuera  las  intrusas! 
Separaos  quién  lo  es! 
La  Chata  se  arremanga! 
La  Ménica  también! 
¡Á  ella  y  tente  tiesal 

Ten  Una!  (Se  dan  de  bofetadas.) 

Ten  tú  tres!  (id.) 

(Se  rompen  botijos  y  se  arma  un  gran  escándalo 
y  estrépito.  El  Tio  Tusa  y  los  Chisperos  salen  de 
la  herrería.  Los  aguadores  procuran  separar  á  las 
mujeres,  los  chicos  gritan  y  silban.) 

Ya  se  armó  la  tremolina 
en  el  barrio  de  San  Juan! 

(Mirando  á  la  derecha  y  dirigiéndose  al  grupo  de 
las  mujeres.) 

Ahí  están  los  alguaciles!... 
Á  su  casa  cada  cual!... 

(Dando  un  grito.)  All!... 

(Todos    recogen  precipitadamente  los  cacharros  y 

desaparecen    por  distintas  calles.    El  Tio    Tusa   y 


-  45- 

los    Chisperos  se   vuelven  a   su    herrería.    Queda 
sólo  un  Aguador  sentado  sobre  una  cuba.) 


ESCENA  II. 

LOS  TRES  ALGUACILES. 

Queda  la  escena   un  instante  sola:  en  seguida  aparecen  los 
tres  Alguaciles  marchando  cómicamente  iguales  y  á  compás: 
pero  no  á  estilo  de  soldados,  sino  haciendo  los    pasos  irre- 
gularmente con  arreglo  á  la  música. 

Somos  alguaciles 
del  Corregimiento; 
con  tan  buen  olfato 
y  tan  gran  talento, 
que  en  habiendo  asomos 
de  reñir  la  gente, 
siempre  lo  evitamos 
oportunamente. 
¡Algo  va  á  pasar! 
y  será  mejor 
írselo  á  contar 
al  corregidor! 

(Vánse  de  prisa  por  la  calle  de  Santa  María.  En 
cuanto  han  desaparecido,  salen  de  la  herrería 
Tusa  y  los  Chisperos.) 


ESCENA    III. 

EL   TÍO  TUSA    y   los   CHISPEROS. 

Tusa. 

Ya  está  libre  la  plaza^. 

Chisperos. 

Y  podemos  salir... 

Tusa. 

Hay  grandes  novedades!... 

Chisperos. 

Pues  ya  estamos  aquí!  (Salen  todos 

Tusa. 

El  negocio,  muchachos,    • 

es  de  gresca  y  jollín!... 

Crisperos. 

Pues  á  hablar  el  maestro. 

Tusa. 

Y  vosotros  á  oir! 

—  44  — 


Compañeros  de  glorias 

y  de  fatigas: 
la  Caramba  esta  noche 

nos  da  unas  migas. 
Prevenida  sin  falta 

esté  la  gente 
á  mojar  sus  gaznates 

en  aguardiente, 
que  mañana  sin  falta 

hay  compromiso 
de  silbar  la  tonada 

de  don  Preciso. 
Y  los  pobres  Polacos 

sin  remisión 
tendrán  tronchos  de  berza 

en  la  función! 

Chisperos.  ¡a y  que  belén! 

Ay  que  alegrón! 
que  habrá  tronchos  de  berza 
en  la  función! 


II. 


Tusa.  Tosecitas  y  risas 

son  lo  primero, 
y  tirar  avellanas 

al  alojero  (i). 
Con  la  voz  atiplada 

como  una  abuela 
decir  «callen  las  brujas 

de  la  cazuela.» 
Pegar  fuerte  en  los  bancos 

y  barandillas, 


(l)      Palco  colocado  al  final  de   la  platea  ó  patio,   donde 
se  colocaba  la  autoridad  para  vigilar  el  espectáculo. 


_  45  _ 

y  sacar  á  las  gentes 

de  sus  casillas; 
y  entre  gritos  y  zambra 

y  confusión 
con  la  grita  del  siglo 

cae  el  telón! 
Chisperos.  ¡Ay  que  belén! 

A  y  que  alegrón! 
Con  la  grita  del  siglo 

cae  el  telón! 
Tusa  y  ios  Chisperos. 

¡Ay  que  placer! 

Qué  diversión! 
Morirán  los  Polacos 

de  un  sofocón! 


HABLADO. 

Tusa.      Conque  ilustres  ganapanes, 
matachines  y  chisperos, 
gente  del  bronce  que  al  barrio 

de  Jesús  infunde  miedo, 

y  en  corrales  de  comedia 

dirige  derrotas  y  éxitos, 

afilad  bien  los  colmillos, 

porque  esta  noche  tenemos 

cena  gratis,  vino  largo 

y  ensayo  de  palmoteo! 
Caliche.  Tío  Tusa!  Usté,  que  es  el  jefe 

de  los  Chorizos,  que  sernos 

en  materia  de  comedias 

don-plus  y  coronamiento, 

nos  debe  ditar  las  órdenes; 

aquí  no  hemos  de  meternos 

en  ná!  Qué  hay  que  silbar?  Silba! 

¿Que  hay  que  aplaudir?  Pus  estrépito? 

¿Que  hay  que  atizar?  Pus  andando! 

¿Que  hay  que  rebuznar?  Á  ello! 

Tóos  sernos  unos!  Lo  manda 

el  tio  Tusa,  el  maestro  herrero 


-  16  - 

mejor  de  Madrid,  que  entiende 
de  cómicos  como  é  hierro! 
y  es  hermano  de  la. Virgen 
de  la  Novena!  Y  l'han  hecho 
muñidor  de  cofradía, 
y  tié  vela  pa  este  entierro... 
pus  á  cenar...  á  callar... 
y  á  alborotar  y  hasta  luego! 

(Todos  se  dirigen  al  foro;  Tusa  los  detiene.) 

Tusa.       No  hay  que  irse.  María  Fernandez, 
la  cómica  de  más  mérito 
de  Madrid,  y  á  la  que  llaman 
la  Caramba,  por  su  dejo 
gitano,  y  que  es  del  autor 
Martínez  el  embeleso, 
da  de  cenar  esta  coche 
unas  migas  con  torreznos 
á  tóos  los  apasionaos 
del  corral  de  la  Cruz!  Ello 
por  algo  es...  pero  no  importa! 
Cenaremos! 

Todos.  Cenaremos! 

Caliche.  Es  decir  que  se  prepara 
batalla!  Venga,  maestro! 

TUSA.  (Bajando  la  voz  y  reuniendo  á  todos.) 

Como  desde  que  el  gracioso 
Rafael  de  Oros,  el  bueno, 
faltándole  unos  chorizos 
en  un  saínete,  hizo  de  ello 
tal  chacota  y  rompió  en  chistes 
tantos  y  tales,  que  el  pueblo 
dio  en  llamarnos  los  Chorizos 
i  los  de  la  Cruz;  quisieron 
los  del  Príncipe  mofarnos 
por  el  apodo,  y  como  ellos 
iban  siempre  con  un  fraile, 
á  quien  ios  de  su  convento 
llamaban  Padre  Polaco, 
juzgando  el  apodo  bueno, 
los  Polacos  los  pusimos; 
y  estos  dos  bandos  opuestos 
como  no  anden  siempre  á  palos 


—  47  - 

no  pueden  estar  contentos. 
Ahora  bien:  el  otro  dia 
nos  gritaron  el  Muñuelo, 
de  don  Ramón  de  la  Cruz, 
y  como  el  ?ábado  ellos 
van  á  hacer  la  tonadilla 
que  don  Preciso  ha  compuesto, 
y  que  después  de  tenerla 
ensayada  ya  los  nuestros 
se  la  ha  dado  á  los  del  Príncipe, 
vamos  á  ir  allá  dispuestos... 
y  esa  noche  los  Polacos 
se  han  do  hundir  en  la  que  armemos! 
Caliche.  Pero  güeno  es  privinir 

la  Contingencia...  (Muy  marcado.) 

Tusa.  ¿Y  qué  es  eso, 

Caliche? 
Cauche.  Ende  que  se  hizo 

por  los  de  allá  el  esperpento 

del  Café,  eso  que  sacó 

el  aprendiz  de  platero... 

Moratilla...  ó  Moratin... 

TüSA.         La  Comedia  nueva]...    (Con  aire  despreciativo.) 

Caliche.  Güeno! 

tóos  están  contra  nosotros! 

Y  hasta  icen  que  el  gobierno 

si  va  á  hacer...  si  no  va,  á  hacer... 

si  quiere  arreglar  en  serio 

los  treatros...  y  nombrar 

*in  ministro  del  Consejo 

iú  juez,  ú  góbernaor... 

,en  fin,  pa  dar  un  gran  sueldo 

á  un  General  ú  un  Obispo, 

que  entenderá  mucho  menos 

de  comedias  que  mjsotros... 
JTusa.       Caliche,  estás  en  lo  cierto! 
Caliche.  Pus  bien;  con  ese  rum  rumv, 

hace  ya  bastante  tiempo 

que  va  á  los  corrales  doble 

reten  de  tropa,  y  que  drento 

del  patio  están  toas  las  tardes 

tres  alguaciles  lo  .ménps- 


—  18  - 

quitando  á  tóos  los  palos, 

pa  impedir...  cualquier  evento 

de  casualidad...  de  modo 

que  si  el  sábado  queremos 

armar  jollín...  es  probable 

que  en  la  cárcel  lo  paguemos! 

Por  mí...  ná!  por  estos...  pata! 

por  usté...  ñaquis,  masgüeno 

es  prepararse  y  llevar 

unas  cuantas  trancas... 
Tusa.  Ello 

se  ha  de  hacer! 
Caliche.  Pus  hecho  está! 

Mientras  lo  pague  el  pellejo, 

y  le  haiga  en  casa,  aquí  tóos 

sernos  unos  caballeros! 
Todos.     Eso  sí! 
Caliche.  Pus  tan  y  mientras 

que  llegan  del  coleseo, 

como  hicen  los  usías, 

las  cómicas,  pronto,  adrento 

á  casa  de  la  Carambal 

Echaremos  tres  requiebros 

á  Geroma  la  criada, 

que  es  moza  de  pelo  en  pecho, 

y  cuando  lleguen  las  migas 

ya  estará  preparao  el  cuerpo! 
Todos.     Bien! 

CONDE.       (Que  ha  salido  embozado  un  momento  antes.) 

ESCENA  IV. 


TUSA,   CALICHE,   CHISPEROS,    el   CONDE. 

El  tio  Tusa! 

TüSA.  (Adelantándose.)  Yo  SOy! 

Conde.     Á  solas  hablarte  quiero! 

T  USA-         Esa  es  mi  Casa!  (Señalando  á  la  herrería.) 
CONDE.       (Deteniéndole.)       Me  importa 

estar  en  la  plaza! 
Tusa.  Bueno! 

LargO  de  aquí.  (Á  Caliche  y  los  Chisperos.) 


~  19  - 

Caliche.  Ya  nos  vamos! 

(¿Pa  qué  buscará  al  maestro 
ese  señor?)  Cuando  vengan,  (Á  Tusa.) 
llámenos  usté  corriendo; 
y  si  ocurre  algo,  ice 
«carne  de  lomo»  y  salemos! 

(Entra  con  los  Chisperos  en  la  primera  casa  de  la 
izquierda,  que  es  la  de  la  Caramba.) 

ESCENA  V. 

EL   TÍO   TUSA,   el   CONDE. 

Tusa.       Puedo  servir  á  usiría 

en  algo? 
Conde.     (Desembozándose.)  Pues  ya  lo  creo! 

en  mucho! 
Tusa.  El  Conde  del  Puente! 

El  protector  más  acérrimo 

de  los  cómicos  del  Príncipe, 

y  el  enemigo  más  fiero 

de  los  Chorizos,  buscar 

al  tio  Tusa!... 
Conde.  Ese  misterio 

vengo  ¿explicarte!... 
Tusa.  Soy  todo 

orejas!  Escucho! 
Conde.  Empiezo. 

Tú  sabes  que  la  Figueras, 

que  es  la  dama  de  más  mérito 

del  otrojteatro... 
Tusa.  Estoy!  (Con  malicia.) 

Conde.     Es  desde  hace  mucho  tiempo 

el  imán  de  mis  sentidos, 

mi  locura!... 
Tusa.  Lo  sabemos! 

Pues  si  por  mirar  á  usía 

del  tablado  al  aposento, 

y  hacerle  guiños,  la  pobre 

ha  llevado  más  meneos!... 

Y  es  la  dama!  que  si  fuese 

una  parte  de  por  medio!..» 


—  20  — 

Conde.     En  mal  hora  para  ella, 
dos  apasionados  vuestros 
me  llevaron  la  otra  tarde... 

Tusa.       Os  tí. 

Conde.  Á  vuestro  coliseo! 

Yo  apenas  si  conocía 
á  vuestros  cómicos... 

TüSA.         (interrumpiéndole.)  ¡Buenos! 

Cuando  yo  lo  digo! 

Conde.  El  diablo, 

que  en  el  teatro  anda  suelto, 
me  hizo  ver  á  la  Caramba 
en  la  tonadilla  El  viejo 
solterón,  y  en  el  saínete 
Paca  la  salada... 

Tusa.  Entiendo! 

Conde.     No  sé  si  su  traje  corlo, 
no  sé  si  sus  ojos  negros, 
no  sé  si  su  linda  boca, 
su  gracia  ó  su  pie  pequeño, 
ó  si  tal  vez  el  conjunto 
que  es  aún  mejor... 

Tusa.  Ya  lo  creo! 

La  mujer  y  la  menestra 
se  parecen  mucho  en  eso! 
No  importan  los  ingredientes, 
como  el  guiso  sea  bueno. 

Conde.     Me  ha  vuelto  loco! 

Tusa.  Lo  mismo 

le  pasa  á  Madrid  entero. 

Conde.     Y  qué  quieres?  Como  el  hombre 
es  frágil!... 

Tusa.  Sí;  como  el  hierro! 

Sale  de  la  fragua,  rojo, 
echando  chispas,  y  luego 
en  machacando  se  enfria... 
la  Figueras  perdió  el  pleito! 

Conde.     Añade  á  eso  que  hace  un  año 
á  pesar  de  mis  obsequios 
y  mi  amor,  soy  de  esa  dama 
el  platónico  cortejo 
nada  más;  pues  la  Figueras 


—  24  — 

ha  tomado  por  lo  serio 

su  virtud,  y  aún  no  he  pasado 

de  la  punta  de  sus  dedos! 
Tusa.       Poco  es... 
Conde.  Ya  sabe  que  he  visto 

á  la  Carambal  Ya  he  hecho 

alarde  de  que  me  gusta, 

y  conociendo  su  genio, 

quiero  conseguir  dos  cosas: 

á  la  Caramba  primero 

por  mi  amor  ó  por  mis  onzas, 

y  á  la  otra  por  sus  celos. 

Y  como  ambas  son  conquistas 

que  ensalzan  de  un  hombre  el  mérito, 

si  Polacos  y  Chorizos 

luchan  en  bandos  opuestos, 

quiero  que  sepa  la  corte 

al  verme  de  entrambas  dueño, 

que  Chorizas  y  Polacas 

caben  juntas  en  mi  pecho! 

Qué  te  parece? 

Tusa.  Es  el  Conde 

un  aficionado  neto... 

Conde.     Á  corrales! 

Tosa.  No,  ¡á  gallinas! 

Y  qué  puede  hacer  en  eso 
el  maestro  Tusa? 

Conde.  Mucho! 

Tusa.       Ya  me  pirro  por  saberlo! 
Conde.     Ayudarme  en  cuanto  puedas 

para  lograr  mis  intentos. 
Tusa.       Pero  ¿cuál  va  á  ser  mi  oficio? 

Porque  si  usía  ha  dispuesto 

de  mí  para...  que  yo  lleve... 

en  fin,  como  si  dijéramos... 

para  que  yo...  para  que... 

no  ha  pensado  bieu  en  ello! 
Conde.     Yo  quiero  que  á  la  Caramba 

mañana  le  preparemos 

un  triunfo  de  los  mayores 

que  ha  visto  Madrid! 
Tusa.  Para  eso 

s 


aquí  estoy! 

Conde.  Flores,  palomas, 

amarguillos,  cintas,  versos, 
tales  y  en  tal  cantidad, 
que  todo  el  patio  alfombremos 
desde  el  cortinon  de  boca 
hasta  los  dos  alojeros. 
Esto  lo  saben  los  otros, 
cunde  la  envidia  entre  ellos, 
y  al  otro  dia>  al  salir 
la  Figueras  ..  ¡el  reverso 
de  la  medalla!  Silbidos, 
palmadas  huecas,  chicheos... 
una  derrota  de  aquellas 
que  han  hecho  te  cobren  miedo 
cuantos  intérpretes  tienen 
Sófocles,  Plauto  y  Terencio! 

Tusa.       No  sé  quién  son  esos  tios, 
mas  sé  que  su  plan  apruebo! 

Conde.     Para  eso...  aquí  hay  cien  doblones! 

(Dándole  un  bolsillo.) 

Tus\.       Guarde  usía  ese  dinero, 

que  aquí  ni  aplausos  se  venden 
ni  comerciamos  con  eso! 
Yo  aplaudiré  á  la  Caramba, 
porque  ganamos  en  ello; 
yo  silbaré  á  la  Figueras 
porque  es  cómica  sin  mérito, 
y  no  entiende  el  ejercicio! 
y  tuvo  el  atrevimiento 
de  salir  en  la  tragedia 
que  don  Luciano  ha  compuesto, 
El  mayor  rival  de  Roma, 
sin  chapín  de  raso  negro, 
y  con  un  manto  romano 

y  sin  cotilla  en  el  cuerpo, 
ni  plumas  en  la  cabeza 

ni  falda  de  terciopelo. 

¡Buena  cómica  está  ella! 

Pero...  tomar  yo  dinero 

por  silbarla,  no  en  mis  dias! 

Por  amor  al  arte,  bueno! 


—  23  — 

por  intrigas  de  amoríos 

allá  se  lo  arreglen  ellos! 
Conde.     Este  oro  es  para  los  dulces 

de  la  Caramba! 
Tusa.  Le  acepto! 

La  silba  gratis! 
Conde.  Si  triunfo 

de  las  dos,  ¡á  tí  lo  debo! 
Tusa.       Pero  es  que  tras  la  Caramba 

anda  un  pobre  poeta  huero, 

de  esos  de  catre  en  guardilla, 

luenga  faz,  vela  de  sebo, 

y  que  le  hacen  cada  copla 

á  todo  que  tiembla  el  credo. 
Conde.     Don  Preciso! 
Tusa  Justamente! 

Conde.     Quité  ese  estorbo  de  en  medio! 
Tusa.       Ah!  entonces  es  por  usía 

por  quien  se  ha  llevado  el  necio 

su  tonadilla  á  otra  parte! 
Conde.     Sí;  dio  á  la  Caramba  celos, 

ella  se  enfadó  y  tronaron! 

Así  está  más  claro  el  juego! 
Tusa.       (Pues  digo  que  el  mozo  es  rana! 

En  Madrid  ¡cuántos  hay  de  estos!) 

CONDE.       (Mirando  á  lo  lejos  por  la  calle  de  Santa  María  ) 


La  Figueras! 

Tusa. 

La  Figueras! 

Conde. 

Sí  tal;  viene  con  Espejo, 

el  sota-autor... 

Tusa. 

Ese... 

Conde. 

Vete! 

(¡Resuelta  vaja  á  mi  encuentro!) 

Tusa. 

(Protección  para  salvarla!... 

qué  gran  negocio  hemos  hecho!) 

(Entra  en  casa  de  la  Caramba.) 

*     ESCENA  VI. 

EL  CONDE,  la  FIGUERAS,   que  viene  á  su  encuentro.    ES- 
PEJO, que  venía  con  la  Figueras,  al  ver  al  Conde  hace   un 
g'esto  desesperado  y  se  va  de  repente.  Quedan  los  dos  solos 
en  la  escena. 

MÚSICA. 


FlG. 

Eran  ciertas,  señor  Conde, 

las  noticias  que  me  dan? 

Conde. 

Cuáles  son? 

Fig. 

Que  le  hallaría 

en  la  plaza  de  San  Juan! 

Conde. 

¡Si  tú  vives  en  el  barrio, 

qué  te  extraña  verme  en  él? 

Fig. 

La  Caramba,  según  dicen, 

aquí  tiene  su  cuartel. 

Conde. 

Mira  loque  hablas! 

Fig. 

Ya  visto  está! 

Conde. 

Cuartel...  es  mucho!... 

Fig. 

Pues...  hospital! 

Conde  Si  con  ojos  hechiceros 

hiere  á  aquellos  que  la  ven, 
hospital  de  enamorados 
esa  casa  puede  ser. 

(Señalando  á  la  de  la  Caramba.) 

Fig.  No  le  ha  entrado  poco  fuerte 

á  mi  Conde  ese  dolor! 
Si  es  que  está  tan  incurable 
cómo  le  he  de  curar  yo? 
Conde.  De  amor  enfermo 

me  siento  ya! 
Fig.  Pues  los  enfermos 

al  hospital! 

(Echa    á   andar  hacia  su  casa  y  el  Conde    la   de- 
tiene.) 


Conde         Un  momento,  Figueras! 
Fig.  Ya  para  qué? 


Conde. 

Porque  si  tú  me  cuidas 

me  curaré! 

Fig. 

Dígalo  ucé, 

porque  en  punto  á  remedios 

yo  nada  sé. 

Conde. 

¡Hace  ya  un  año  que  te  quiero. 

Fig. 

Eso  es  verdad! 

Conde. 

Y  que  una  prueba  en  vano  espero. 

Fig. 

De  mi  amistad! 

Conde. 

Como  me  matan  tus  desdenes... 

Fig. 

Pues  no  que  no! 

Conde. 

Ya  que  en  un  año  á  mí  no  vienes.. 

me  marcho  yo! 

(Hace  ademan  de  partir  y  ella  le  detiene.) 

Fig. 

Si  por  un  año  de  esperanza... 

Conde. 

Que  es  esperar! 

Fig. 

Á  otra  enamora  por  venganza... 

Conde. 

En  tu  lugar! 

Fig. 

Siendo  mi  dueño  verdadero... 

Conde. 

Eso  pedí! 

Fig. 

¿Qué  hubiera  hecho  el  caballero? 

¡Pobre  de  mí! 

A  DÚO. 


Fig.  En  el  amor  siempre  hay  desvelos 

por  nuestro  mal; 
pero  la  llama  de  los  celos 

arde  fatal! 
Y  basta  que  él  por  otra  muera 

para  que  yo, 
con  tal  que  !a  otra  no  le  quiera, 

no  le  dé  un  no! 
Conde.        Ni  mi  constancia  y  mis  desvelos 

la  hicieron  mal; 
pero  se  ablanda  con  los  celos 

de  una  rival. 
Si  de  su  amor  la  prueba  entera 

la  exijo  yo! 
con  tal  que  la  otra  no  me  quiera, 


ya  se  perdió! 


Conde. 
Fig. 


Conde. 
Fie. 

COISDE. 

Fig. 


Conde. 


Conque...  en  qué  quedamos? 
Conque...  era  verdad? 
Conque...  á  la  Caramba 
viene  ucé  á  buscar? 
Conque...  en  qué  quedamos? 
Conque...  no  lo  sé! 
Conque...  serás  mia? 
\Caramba  y  ole!... 
Mire  ucé...  mire  ucé...  mire  ucé, 

Si  me  promete 

no  verla  ya; 

si  no  se  aparta 

de  mí  jamás, 

y  si  me  jura 

fidelidad... 

Yo  no  sé  Conde 

qué  pasará! 

Si  al  cabo  premias 

mi  lealtad, 

yo  te  prometo 

no  verla  más; 

y  mi  constancia 

tía  de  ser  tal 

que  el  mundo  entero 

se  asombrará. 


HABLADO. 


Conde. 


Fig. 

Conde. 


Conque  bagamos  aquí  el  trato; 
déjame  entrar  en  tu  casa, 
y  ese  amor  de  aquí  no  pasa. 
Caro  negocio! 

Es  barato! 
¿No  sabe  Madrid  entero, 
y  por  eso  no  se  asusta, 
que  mi  amor  no  te  disgusta 
y  que  yo  por  tí  me  muero? 
Pues  deja  que  busque  ufano 
amante  menos  cruel, 


-  27  — 

6  no  hagas  más  e]  papel 
del  perro  del  hortelano! 
Fie.         Rindo  culto  á  mi  opinión 

y  no  la  quiero  perder! 
Conde.     Pues  yo  busco  otra  mujer 

de  más  blando  corazón! 
Fig.         Si  con  amores  bastardos 
ucé  quiere  que  le  amen, 
¿qué  extraña  ucé  que  le  llamen 
el  conde  de  Picos-pardos? 
Al  ver  su  eterno  derroche, 
siempre  esclavo  de  las  modas, 
llámanle  amante  de  todas, 
don  Juan,  don  Diego  de  noche, 
cura  de  todo  misal, 
cupidito  de  la  villa, 
y  burlador  de  Sevilla 
y  socorro  generall 
¡Qué  de  nombres!  Más  de  cuatro! 
Justo  es  llamarle  en  tal  guerra 
el  Tenorio  de  la  tierra 
y  el  Satanás  del  teatro! 
Para  él  no  hay  moza  segura, 
duquesa,  ni  comedianta; 
con  un  empeño  que  espanta, 
buen  nombre  y  buena  figura, 

parece  que  ha  aprovechado 

la  flaqueza  femenina, 

del  salón  á  la  cocina, 

de  la  plazuela  al  estrado; 

y  no  teniendo  bastante 

con  la  que  salones  pisa, 

la  que  va  temprano  á  misa, 

y  la  viuda  vergonzante, 

y  la  noble  Gutibamba, 

en  la  verbena  del  Prado 

dicen  que  se  ha  enamorado 

el  señor  de  la.  .  Caramba! 

Pues  digo  á  ucé  que  es  fortuna 

tanto  y  tanto  enamorar! 

¿Á  que  por  mucho  abarcar  (Con  ironía.) 

se  queda  ucé  sin  ninguna? 


Conde. 

Fig. 

Conde. 

FlG.f 

Conde. 

Fig. 

Conde. 

Fig. 
Conde. 

Fig. 

Conde. 

Fíg. 


Conde. 
Fig. 


Conde. 
Fig. 


Conde 


No  me  hace  mella  el  reproehe! 

¡Mia  ó  no  te  vuelvo  á  ver! 

¡Exigente  es  su  querer! 

Yo  he  de  ser  suya? 

Esta  noche! 

Muy  corto  me  pone  el  plazo! 

Más  no  aguarda  mi  impaciencia! 

Y  si  me  niego? 

En  conciencia 

haces  bien...  (Caerá  en  el  lazo!) 

¿Conque  es  decir... 

Es  decir 

que  ya  por  otra  me  pierdo! 
Que  si  te  vi  no  me  acuerdo? 

Que  no  quiero  más  sufrir! 
Pues  señor  Conde  del  Puente, 
seductor  acostumbrado 
á  publicar  el  pecado 
de  la  que  á  su  afán  consiente, 
mata  chin  de  corazones, 
profesor  de  galanteos, 
pródigo  en  malos  deseos 
y  avaro  en  buenas  acciones_, 
¡permita  Dios  que  esa  dama 
que  busca  con  tal  empeño, 
le  haga  perder  calma  y  sueño, 
y  honor  y  dinero  y  fama! 
y  mate  por  ella  á  otro  hombre, 
que  eso  calma  y  dicha  trunca, 
y  no  se  acuerde  ucé  nunca 
ni  aun  del  santo  de  mi  nombre! 

Oye,  Figueras!  (Deteniéndola.) 

Jamás! 
Quédeme  el  público  amigo, 
y  pongo  á  Dios  por  testigo 

ue  no  necesito  más! 

1  se  te  puede  volver! 
Por  agradarle  me  mato, 
mas  si  se  me  vuelve  ingrato 
como  vos...  ¿qué  le  lie  de  hacer? 
Si  en  amarle  consintieras... 
la  daría  aplausos  ricos 


el  conde  de  Pardos-picos 
á  la  cómica  Figueras! 
Fig.         Quédense  aplausos  comprados 
para  otra  actriz  menos  lista; 
los  que  halagan  á  una  artista 
han  de  ser  los  bien  ganados. 
/  Y  pues  excita  su  enojo 

que  los  desprecie  en  buen  hora, 
para  esa  buena  señora 
puede  echarlos  en  remojo; 
y  si  al  verlos  se  atraganta, 
puede  dárselos  á  fardos 
al  conde  de  Picos-pardos 
Figueras  la  comedianta! 

(Váse  con  rapidez  por  la  calle  de  Santa  María  y 
entra  en  su  casa.  Espejo  asoma  la  cabeza  y  de- 
tiene al  Conde,  que  va  á  seguirla.) 

ESCENA  VIL 

EL   CONDE,    ESPEJO. 


Espejo. 

¡Vive  Dios!...  Perdone  ucé!... 

Conde. 

Aquí  Pepe  Espejo? 

Espejo. 

Sí! 

Cunde. 

Y  á  quién  busca  usted?  á  mí? 

En  otra  ocasión  podré 

escucharle  con  cordura!... 

Espejo. 

El  caso  urge!... 

Conde. 

Pues  amigo, 

he  de  echar  cuentas  conmigo, 

Y  voy... 

Espejo. 

(Deteniéndole.)  Es  que  el  caso  apura! 

Conde. 

Como  no  me  apura  á  mí... 

Espejo. 

Por  Cristo! 

Conde. 

No  puede  ser!... 

(¡Jamás  eacontré  mujer 

que  me  haya  tratado  así!) 

Espejo.. 

Señor  Conde:  á  cuentas  vamos! 

desde  que  ucé  ama  de  veras 

á  la  cómica  Figueras, 

á  quien  todos  respetamos, 

30  — 


Conde. 
Espejo. 


Conde. 
Espejo. 


Conde. 
Espejo. 


Conde. 
Espejo. 


Conde. 
Espejo. 


Conde. 

Espejo. 


porque  ella...  ¡voto  á  mi  alma! 
tras  de  ucé  bebe  los  vientos! 
sufrimos,  si  110  contentos, 
ese  loco  amor  con  calma. 
Alguno  hay  ¡por  Belcebúi 
que  de  buena  gana  habría 

dado  UI)  puñetazo  á  USÍa...  (Amenazándole.) 

¿Á  que  ese  alguno  eres  tú?...  (Riéndose.) 

No  señor!...  yo  sé  querer... 

y  sé  con  celos  rabiar... 

y  servir  y  aun  respetar  (Con  sarcasmo.) 

al  que  quiera  esa  mujer! 

De  ella  estás  enamorado! 

Lo  sabe  Madrid  entero! 

Pues  al  que  ella  diga...  «quiero!» 

para  mí  ya  está  en  sagrado. 

Y  ¡sea  mi  nombre  maldito 

y  rayos  sobre  mí  lluevan! 

si  á  los  que  ese  hombre  se  atrevan 

yo  la  vida  no  les  quito! 

Bien  la  quieres! 

Diga  usía, 
si  así  trato  al  que  ama  ella... 

¡fuego  de  Dios  en  mi  estrella! 

Con  quien  la  engañe...  que  haría? 

Deja  dimes  y  diretes 

y  habla  claro:  sin  jurar! 

Algo  se  me  ha  de  pegar  (con  ironía.) 

de  hacer  siempre  los  vejetes: 

y  como  mis  sentimientos 

en  mi  pecho  están  guardados, 

por  no  morir  aquí  ahogados 

se  escapan  en  juramentos! 

Al  caso! 

Hace  dias  ya 

que  usía  busca  otra  luz 

del  teatro  de  la  Cruz!... 

La  Carambal 

Esa  será! 

Y  que  siendo  de  nosotros 

apasionado  constante, 

deserta  usía... 


-  34  — 


Conde. 


Espejo. 

Conde. 
Espejo. 
Conde. 

Espejo. 
Conde. 
Espejo. 
Conde. 


Espejo. 


Conde. 


I 

Espejo, 
Coisde. 


Adelante! 
Si  me  gustan  más  los  otros, 
y  si  hay  cómicos  allí 
tan  notables  y  tan  buenos 
como  vosotros...  lo  menos... 
¿qué  extrañas  si  allí  me  fui?... 
Pero  aquí,  ¡voto  á  Luzbel! 
no  es  ese  el  caso*.. 

Pues  no? 
La  Figueras  Hora... 

(Con  burla.)  Oh! 

será  ensayando  un  papel! 
Será  porque  quiere  á  usía! 

Y  te  encarga  á  tí?  Eso  es  grave! 
¡Reniego!  Ella  nada  sabe! 

José  Espejo...  hasta  otro  dia! 
Están  muy  mal  los  extraños 
en  las  querellas  de  amantes; 
y  tú  que  entre  comediantes 
has  vivido  tantos  años 
y  te  ves  tan  aplaudido 
en  los  vejetes  gruñones 
y  pajes  y  rodrigones, 
aprovecha  mi  descuido! 

Y  pues  la  amas  tan  de  veras 
que  á  mí,  por  ella,  me  buscas, 
inventa  unas  bodas  chuscas! 
¡Cásate  con  la  Figueras! 

Y  si  ella  suspira  luego 

y  echa  de  menos  al  Conde,  (En  soma.) 

mi  corazón  te  responde 

que  yo  accederé  á  tu  ruego! 

Si  ella  me  llegara  á  amar, 

mucho  tendría  que  hacer 

quien  mirase  á  mi  mujer! 

¡García  del  Castañar!...  (Riéndose.) 

Eso  es  cambiar  tu  escritura! 

No  es  del  vejete  ese  afán! 

Le  corresponde  al  galán! 

Rayo  de  Dios! 

Y  es  cordura 
no  alterarte  de  tal  modo. 


—  32  - 

Me  apasioné,  mal  tu  grado, 
y  hoy  por  desapasionado 
vas  á  atropellar  por  todo! 
Deja  amorosas  pasiones 
que  no  son  de  tu  incumbencia! 

Espejo.    Es  que...  ¡Dios  me  dé  paciencia! 

Conde.     José  Espejo!...  á  tus  telones! 

Espejo.    Señor  Conde!...  (Casi  fuera  de  sí.) 

Conde.  Y  francamente, 

no  tengas  tal  arrogancia! 
y  mide  bien  la  distancia 
que  hay  de  tí  al  conde  del  Puente, 
que  el  cómico  que  más  brilla, 
y  es  de  Madrid  el  encanto, 
durmió  un  mes,  y,  no  por  tanto, 
en  la  cárcel  de  la  Villa. 
Conque  dile  á  esa  mujer 
que  resuelta  me  rechaza... 

ESPEJO.      Ah!.   .  (Con  alegría.) 

Conde.  Que  desde  hoy  siento  plaza 

en  los  Chorizos! 

Espejo.    (con  burla.)         Á  ver!... 

Conde.     Que  se  alivie!... 

Espejo.  Vive  Dios! 

Conde.     Y  que  siempre  soy  su  amigo... 
y  que  se  case  contigo, 
y  que  os  divirtáis  los  dos! 

(Váse  riendo  por  la  derecha.) 


ESCENA  VIH. 


ESPEJO,   solo. 


¡Truenos!  y  gritas  y  rayos! 
¡Maldita  sea  mi  suerte! 
¡Por  qué  antes  de  conocerte 
no  la  dieron  diez  desmayos? 
¿Mgs  qué  es  lo  que  estoy  diciendo? 
Ella  le  rechaza?  Sí!... 
Pues  ahora  me  toca  á  mí! 
No  quiero  seguir  sufriendo! 
Pues  ella  mi  amor  no  ignora 


Voces. 
Espejo, 
Voces. 

Espejo. 


-  53- 

y  es  mujer,  y  tiene  celos!... 
alante  y  ¡viren  los  cielos! 
busquemos  su  cuarto  de  hora! 

(Dentro.)  Víctor!   VÍCtOI"! 

Quiénes  son? 

(Por  la  calle  de  San  Juan  y  gente.) 

Por  aquí. 

Cese  mi  mal! 
son  los  del  otro  corral! 

(Mirando  á  la  calle  de  San  Juan.) 

Audacia  y  resolución. 

(Se  va  por  la  calle  de  Santa  María,  llega  al  por- 
tal de  la  Figueras,  da  un  aldabonazo  y  la  puerta 
se  abre;  entra  él  y  vuelve  á  cerrarse.) 


ESCENA  IX. 

Por  la  calle  de  San  Juan  baja  gente  con  la  silla  de  raanrs 
donde  viene  la  Caramba,  llevada  por  dos  gallegos;  el  de 
adelante  con  un  farol  encendido.  De  casa  de  la  Caramba  sa- 
len Chorizos  y  Chisperos  arrojándola  flores  y  dulces  á  la 
silla,  hasta  que  llega  al  proscenio. 


LA    CARAMBA,   el   TÍO    TUSA,     CALICHE    y    CHORIZOS 

apasionados. 


Chisperos. 


Unos. 

Otros. 
Todos. 

Car. 

Todos.' 


Car. 


MÚSICA. 

La  Polonia  es  flaca! 
La  Rosario  es  fea! 
La  Caramba  es  linda! 
La  Caramba  es  bella! 
Por  aquí  la  silla! 
Por  aquí  el  farol! 
Aquí  está  la  cómica 
más  linda  que  el  sol! 

(Desde  la  silla.) 

¡Que  viváis  mil  años! 
Que  los  vivas  tú. 
Gala  del  alegre 
corral  de  la  Cruz! 

Al  instante  Salgo!  (Desde  la  silla.) 


—  34  — 

Todos.  Dejadla  salir! 

¡Viva  la  Caramba, 
gloria  de  Madrid! 

(Sale  de  la  silla  de  manos  y  se  coloca  en  el  cen- 
tro de  la  escena.  Los  mozos  de  cuerda  desaparecen 
con  la  silla  de  manos.) 

Car.  Yo  soy  la  niña  morena 

que  aquí  vino  á  verter  sal, 
y  que  se  estrenó  en  la  escena 
de  los  Caños  del  Perall 
Intrigando  mis  rivales 
me  alejaron  de  Madrid, 
y  causé  en  los  Sitios  Reales 
casi  casi  un  frenesí. 
Como  tengo  esta  mirada 
y  mis  ojos  echan  luz, 
soy  la  cómica  mimada 
del  teatro  de  la  Cruz! 
Yo  en  el  saínete 
me  pinto  sola 
haciendo  el  tipo 
de  la  manóla; 
toda  la  gente 
se  desternilla 
cuando  yo  canto 
la  tonadilla. 
Y  si  bailo  un  paso, 
como  no  soy  zamba 
y  la  pierna  enseño... 
¡Ca...  ramba! 
caramba,  caramba,  caramba,  caramba! 


Todos.  Y  si  baila  un  paso, 

como  que  no  es  zamba 
y  la  pierna  enseña... 
¡ca...  ramba! 
caramba,  caramba,  caramba,  caramba! 

Car.  Cuando  salgo  por  el  foro 

con  la  mano  puesta  así, 
todo  el  patio  grita  en  coro: 
«Que  me  la  traigan  á  mí!» 


—  3o  — 

Si  les  pongo  cara  fiera 
loco  se  vuelve  un  marqué?, 
y  si  muevo  la  cadera 
se  desmayan  dos  ó  tres. 
Y  al  mirar  este  cuneo 
se  arma  tal  revolución, 
que  porque  no  haya  jaleo 
tienen  que  echar  el  telón! 

Como  es  de  veras 

todo  mi  hechizo, 

como  no  gasto 

nada  postizo, 

y  me  unto  solo 

con  agua  fria, 

y  es  mió  el  talle, 

la  pierna  mia, 
cuando  se  me  antoja 
ponerme  á  hacer  gamba,  (Baila.) 
todo  el  que  me  mira... 
¡ca...  ramba! 
caramba,  caramba,  caramba,  caramba! 

Todos.  ¡Ay,  yo  me  pondría 

con  ella  á  hacer  gamba! 
y  si  me  caía... 
¡ca...  ramba! 
caramba,  caramba,  caramba,  caramba! 

(Gran  gritería  y  aplausos  en  la  plaza.) 


HABLADO. 

Car.        Conque,  apasionados  mios... 

(Se  encienden  los  faroles  de  la  calle.) 
GAUCHE.  ¡Ay  qué  píe!  (Bajándose  para  verte.) 

Car.  Basta  de  ligas! 

que  no  saben  bien  las  migas 
si  están  los  torreznos'  fríos. 
Tío  Tusa,  la  cena  espera! 

Tusa.  Sin  cena  y  sin  aguardiente, 
no  hay  en  la  época  presente 
cómica  más  retrechera! 


—  36  — 

Te  aplaudió  en  la  Granja  el  rey, 

y  si  te  trataron  mal 

en  los  Caños  del  Peral 

por  ser  manóla  de  ley, 

yo,  el  jefe  de  los  Chorizos, 

digo  que  no  hay  aquí  una 

que,  naturales,  reúna 

tal  gracia  y  tantos  hechizos 

¡Y  aún  dicen,  echando  tacos, 

en  más  de  una  alojería 

y  café,  que  es  compañía 

mejor  la  de  los  Polacos! 

Adonde  está  la  Tirana 

con  su  energía  y  sus  trajes; 

Garrido  con  sus  visajes, 

y  Martínez  y  su  hermana; 

Antonio  Robles,  galán* 

de  compostura  y  decoro, 

que  en  los  papeles  de  moro 

está  hecho  siempre  un  si»ltan; 

y  tu  Mariquita-engaña, 

Caramba  la  sainetera 

y  mejor  tonadillera 

de  los  teatros  de  España, 

¿qué  valen  Rivera  el  viejo, 

ni  Merino  el  abogado, 

ni  López  el  derrengado, 

ni  el  rabioso  José  Espejo, 

ni  la  misma  gran  Figueras, 

la  comedíanla  María, 

que  de  sosa,  el  mejor  día 

se  la  caen  las  caderas? 

¡Que  apelen  á  las  intrigas, 

y  á  Moratin,  y  al  Gobierno, 

que  yo  les  daré  pan  tierno! 

Car.         Y  las  migas? 

Todos.  ¿Y  las  migas? 

Tusa.       Tienes  razón  que  te  sobra! 

Es  que  en  viéndote  me  exalto! 

Car.        Ea,  á  la  cena! 

Todos.     (Con  gran  bulla.)  Al  asalto! 

Tusa.       Justo!  manos  á  la  obra! 


—  37  — 

(Gran  algazara.  Con  ella  van  entrando  en  casa  l; 
la  Caramba.) 

MÚSICA. 

Todos.  Con  cuehara  en  ristre, 

sin  armar  intrigas, 
vamos  á  tragarnos 
la  sartén  de  migas! 
¡Venga  el  aguardiente! 
¡Venga  una  canción! 
Migas!  Chicharrones 
y  ande  la  función! 

(Queda  la  escena  un  momento  sola.    Los  Alguaciles 
como  oliendo,  entran  con  misterio.) 

ESCENA  X. 

LOS   ALGUACILES. 

¡Huele  á  aceite  frito! 
y  hablan  de  unas  migas! 
¡Con  buen  apetito 
llenan  las  barrigas! 
Y  es  lo  más  corriente 
que  haya  pescozones 
tras  del  aguardiente 
y  los  chicharrones! 
Vánse  á  emborrachar! 

y  será  mejor, 

írselo  á  contar 

al  Corregidor! 

(Vánse  los  Alguaciles  con  los  movimientos  y    pa- 
sos de  costumbre.) 


ESCENA  XI. 

ESPEJO,  que  sale  de  casa  de  la  Figueras  y  eisrra  la   puer- 
ta. Baja  rabioso  al  proscenio. 

HABLADO.   * 

¡Calabazas  y  redondas! 


-  38  — 

¡Maldita  sea  mi  suerte! 
Ya  se  ve!  Gomo  siempre  hago 
los  papeles  de  vejete, 
se  figura  que  no  sirvo 
para  el  caso!  ¡Así  reviente 
el  Conde!  y  así  nos  silben 
loas,  comedias,  saínetes, 
follas,  zarzuelas,  tragedias, 
pasos,  pasillos,  motetes, 
óperas,  dramas,  canciones, 
soliloquios,  entremeses, 
tonadillas,  villancicos, 
jácaras,  farsas,  bailetes, 
y  todo  cuanto  se  ha  escrito 
desde  Hita  el  arcipreste 
hasta  el  bárbaro  Cornelia 
baldón  del  siglo  presente! 

¡Y  quieren  que  yo  esta  noche 

las  diferencias  arregle 

de  los  cómicos,  teniendo 

una  entrevista  solemne 

con  don  Preciso  y  con  Tusa... 

¡pues  á  buena  parte  vienen! 

Ya  que  yo  rabio  por  ella 

y  ella  por  otro  se  muere... 

¡Que  se  maten!  que  se  ahorquen! 

que  se  arañen  y  que  penen!! 

ESCENA  XII. 

ESPEJO,   varios   apasionados  POLACOS,  por  la  calle    de  Sen 
Juan. 

Pol.  1.°  Es  el  tio  Espejo? 

Espejo.  ¡Los  nuestros! 

Pol.  1.°  El  mismo! 

Pol.  2.°  Alante  la  gente.  (Bajan  torfos .) 

Pol.  1.°  No  meter  bulla!  y  ese  hombre? 

Espejo.     Don  Preciso? 

Pol.  1.°  Justamente! 

Espejo.     No  ha  venido! 

Todos  No  ha  venido? 

Pol.  1.°  Diablo! 


-  39  — 


Espejo.  Y  aunque  no  viniese... 

no  haría  falta! 
2.°  Por  qué? 

Pues...  malditos  sean  ustedes! 
Pues  muchas  gracias! 

¡Qué  bárbaro! 
¡Hay  más  para  que  se  arregle 
el  asunto,  que  buscar 
veinte  garrotes  bien  fuertes 
y  deslomar  á  esos  tunos? 
Pues  si  por  nosotros  fuese.. . 
pero  y  el  Corregidor? 
Aunque  á  la  cárcel  nos  lleven 
y  nos  echen  á  galeras, 
el  gustazo  de  romperles 
el  alma  no  nos  lo  quita    - 
ni  el  Rey! 

Como  usté  se  empeñe... 

LOS  OTROS.  (Al  ver  á  lo  lejos  á  D.  Preciso.) 

Don  Preciso!  Don  Preciso! 
Aquí! 
Espejo.  (¡El  diablo  se  le  lleve!) 


Pol 
Espejo. 
Pol.  i, 
Pol.  2. 
Espejo. 


Pol.  \ 


Espejo. 


Pol.  2. 


ESCENA  XIII. 

espejo,  polacos,  d.  preciso. 

MÚSICA. 

Preciso.      Aquí  está  el  gran  maestro 
de  seguidillas; 
la  alegría  del  Rastro 
y  las  Vistillas, 
porque  Dios  quiso 
crear,  echando  el  resto, 
á  don  Preciso. 


Yo  á  los  Pirracas. 
estrafalarios, 
ridiculizo 
en  los  diarios. 
Tiemblan  de  oírme 


L  y  TOf>OS: 


—  40  — 

si  me  enfurruño 
las  Madamitas 
del  nueva  cuño. 
Huyen  al  verme 
como  Macacos 
los  Petimetres 
y  Currutacos; 
y  paso  el  dia 
en  las  plazuelas 
donde  hay  guitarras 
y  castañuelas. 
Siempre  me  miro, 
siempre  me  veo 
donde  hay  fandango, 
donde  hay  jaleo. 
Y  ya  me  suben, 
y  ya  me  bajan, 
y  me  suplican, 
y  me  agasajan. 
Porque  Dios  quiso... 
crear,  echando  el  resto, 
á  don  Preciso! 


Preciso.  Yo  tiranas  y  polos 

compongo  á  miles, 

y  me  llaman  «Encanto 
de  los  Madriles.» 
¡Que  no  hay  danzante 

más  majo,  más  manólo, 
ni  echao  pa  alante! 


Compongo  versos 
para  una  boda: 
critico  el  traje 
de  última  moda. 
Soy  el  espanto 
de  lindos  hueros: 
soy  el  encanto 
de  los  toreros; 
y  como  en  eso 
de  ser  manólas, 
las  comediantas 


—  41  — 

se  pintan  solas; 
y  sé  Jas  faltas, 
y  sé  los  flacos 
de  los  Chorizos 
y  los  Polacos* 
Con  la  Polonia 
voy  de  jarana, 
le  escribo  versos 
á  la  Tirana: 
con  latigueras 
me  descompongo, 
á  la  Caramba 
la  hago  el  zorongo... 

(Señalando  á  la  cabeza.) 

El  y  todos.       ¡Que  no  hay  danzante 
más  majo,  más  manólo, 
ni  echau  pa  alante! 

(Gran  alegría  entre  todos.) 


HABLADO. 

Espejo.     Ea!  basta  de  dibujos! 

vete  á  la  casa  de  enfrente.  (Á  Polaco  t.°) 
Pol.  1.°  ¿Dónde  vive  la  Caramba? 
Espejo.    Ahí  está  Tusa  y  sus  gentes 

atracándose  de  migas. 

4 Así  con  ellas  revienten! 

dile  aparte  que  le  esperan 

dos  caballeros,  y  vente! 

(Váse  el  Polaco  1.°  donde  dicen.) 

;Preciso.  El  Corregidor  me  encarga 

que  á  todo  trance  se  lleve 

á  cabo  Ja  paz! 
Espejo.  .¡Maldito 

sea  él! 
Preciso.  Estamos? 

Espejo.  ¡Corriente! 

Vosotros rinientras  en  casa  (Á  ios  Polacos.) 

de  Rivera,  nuestro  jefe 

y  autor,  que  por  estar  malo 

me  ha  dado  á  mí  sus  poderes, 

y  me  ha  hecho  autor  interino 


—  42  — 

de  su  compañía,  alegres 

esperad,  que  aquí  nosotros 

echando  los  bofes... 
Preciso.  (Riéndose.)  Puede? 

Espejo.    Cumpliremos  con  la  orden 

del  Corregidor!  Imbécil! 

en  asuntos  de  teatro, 

¿quién  le  mandará  meterse? 
Preciso.  (ap.)  (Yo!  que  quiero  conjurar 

la  tormenta  que  se  cierne 

ya  sobre  mi  tonadilla, 

iibrándola  sabiamente 

de  los  Polacos  infames! 

y  los  Chorizos  aleves! 

que  quieren  que  ayune  un  poeta 

sin  ser  cuaresma  ni  viernes!) 
Espejo.    Sin  oir  la  seña  mía 

nadie  salga. 

(Á  los  Polacos,  que  han  entrado  en  casa    de 
vera.) 

Preciso.  (Y  si  no  diese 

luz  este  proyecto  mió 
que  inventé  en  buen  hora,  aún  puede 
don  Preciso  hacer  que  alcaldes, 
ministros,  duques  y  jueces, 
obliguen  á  unos  y  á  otros 
á  que  mi  obra  representen!) 

Espejo.     Pues  no  tarda  poco  ese  hombre! 

ESCENA  XIV. 


Ri- 


1).    PRECISO,   ESPEJO,    TUSA  y   POLACO    i 
casa  de  la  Caramba. 


saliendo    de- 


Tusa. 
Pol. 


Espejo 


Pero  ¿quién  hablarme  quiere? 
Ahí  están,  que  yo  me  marcho. 

(Señalando  á  f>.  Preciso    y    á    Espejo, 
delante  de  éste  le  habla.)        - 

(Ahí  está  el  tio  Tusa! 

(ai  Polaco  i.°)  Vete!) 

(Váse  el  Polaco  á  casa  de  Rivera.) 


Al    pasar 


43  — 


MÚSICA. 


Tusa. 

El  t¡o  Espejo  y  don  Preciso! 

(Conociéndolos.) 

Espejo. 

Justamente! 

Tusa. 

¿Á  qué  vendrán? 

Espejo. 

Á  firmar,  si  Tusa  quiere, 

un  tratado  de  amistad! 

Tusa. 

Amistad  entre  nosotros, 

no  sé  cómo  puede  ser! 

Espejo. 

Entendiéndose  primero! 

Tusa. 

No  es  muy  fácil  de  entender! 

Preciso. 

Ha  aprobado  esta  entrevista 

el  señor  Corregidor! 

Tusa. 

Pues  cuanto  antes  me  lo  cuenten 

podrá  ser  mucho  mejor! 

Espejo. 

Que  hable  el  Señor!  (Por  D.  Preciso.) 

Tusa. 

Que  hable  el  señor! 

Preciso. 

Tengamos  todos 

moderación! 

Tusa 


Si  el  tio  Tusa  es  el  jefe 

de  los  Chorizos, 
y  tú  de  los  Polacos  (Á  Espejo.) 

eres  lo  mismo, 

merecen  palos 
lo  mismo  los  Chorizos 

que  los  Polacos. 
En  el  Príncipe  hay  cómicos 

malos  y  buenos, 
y  en  la  Cruz  también  tienen 

sus  más  y  menos; 

y  así  en  entrambos 
se  encuentra  mucha  paja 

y  poco  grano! 
Los  de  la  Cruz  son  gente 

más  sosegada, 
que  se  hacen  sus  comedias 

sin  decir  nada; 

pero  los  otros 
levantan  siempre  gresca 


-  44  — 


contra  nosotros! 

Espejo. 

Los  del  Príricipe  quieren 

que  haya  justicia, 
y  no  vengan  los  vuestros 

i  darles  silbas; 

porque  en  tal  caso, 
acabarán  las  silbas 

en  garrotazos! 

Tusa. 

Por  mí  ya  estoy  dispuesto!  (Amenazándole 

•) 

Espejo. 

Lo  mismo  digo  yo! 

Los  DOS. 

Pues  palo  y  tente  tieso! 

Preciso. 

(Ya  el  diablo  lo  enredó!) 

Espejo. 

Mañana  habrá  una  silba! 

Tusa. 

Pasado  tendréis  dos! 

Preciso. 

Os  manda  hacer  las  paces 
aquí  el  Corregidor! 

Tusa. 

Que  hable  el  señor! 

Espejo. 

Que  hable  el  señor! 

Preciso. 

Tengamos  todos 
moderación! 

Espejo  y 
Preciso. 


Tusa. 
Espejo. 
Los  dos 

Tusa. 

Espejo. 

Tusa. 


Preciso 


Si  sigue  tanto  escándalo 
y  tanta  enemistad, 
entrambos  coliseos 
hay  orden  de  cerrar! 
Tusa.  Qué  escucho! 

Si  aquí  mismo 
la  paz  no  prometéis, 
Chorizos  y  Polacos 
se  quedan  sin  comer! 
Por  mí  no  será. 
Por  mí  no  ha  de  ser! 
Firmemos  la  paz, 
que  es  nuestro  deber! 

MÍS  brazos!  (Ofreciéndoselos  á  Espejo.) 

Los  míos! 
Concordia  y  unión... 
(hasta  que  tengamos 
mejor  ocasión!) 
¡Estos  son  milagros 
del  Corregidor! 


-  45- 

Tusa  y  Espejo.  Desde  hoy  todos  unos: 
aplausos  y  amor! 


Tusa. 


Espejo. 


(Se  separan  los  tres  y  cantan  cada  uno  aparte. 

(Ay!  ay!  ay!  que  fingir  es  fuerza! 
ay!  ay!  ay!  ellos  nos  creerán! 
ay!  ay!  ay!  y  mañana  mismo 
ay!  ay!  ay!  nos  la  pagarán! 
Si  los  tontos  caen  en  la  trampa 
y  mañana  vamos  allá, 
los  Polacos  dirán  mañana 
ay!  ay!  ay!  con  el  ay!  ay!  ay!) 
(Ay!  ay!  ay!  si  estrenar  nos  dejan 
ay!  ay!  ay!  dos  funciones  más, 
ay!  ay!  ay!  los  pobres  Chorizos 
ay!  ay!  ay!  no  tendrán  un  real! 
Cuando  quieran  caer  en  ello 
ya  arruinados  tienen  que  estar, 
y  dirán  los  Chorizos  todos 
ay!  ay!  ay!  con  el  ay!  ay!  ay!) 
P-rkciso.      (Ay!  ay!  ay!  que  aunque  no  me  fio 
ay!  ay!  ay!  esto  bueno  va! 
ay!  ay!  ay!  que  mi  tonadilla 
ay!  ay!  ay!  no  se  silbará! 
Si  mañana  no  me  arman  gresca 
ni  hay  silbidos  ni  guirigay, 
bien  podemos  decir  entonces 
ay!  ay!  ay!  con  el  ay!  ay!  ay! 


ESCENA  XV. 

DICHOS,   CHORIZOS   y   POLACOS,  que  se  han  asomado  á  las 
dos  puertas,  mientras  el  final  del  terceto  anterior. 


HABLADO. 

TüSA.         Amigos!  (Dando  la  mano  á  Espejo.) 

Espejo.  Y  compañeros!  (id.) 

Caliche.  (ap.  á  él.)  Qué  hay,  tio  Tusa? 

Pol.  1.°  (Á  d.  Preciso.)  (Se  ha  arreglado?) 

Preciso.  Ya  son  para  siempre  amigos 


—  46  — 

los  Chorizos  y  Polacos] 
Caliche.  No  puede  ser! 
Todos.  Imposible! 

TUSA.         Vedlo!  Un  abrazo!  (Se  abrazan  él  y  Espejo.) 

Espejo.  Un  abrazo! 

Caliche.  Salgan  todos! 

Pol.  i.°  Salgan  todos! 

TüSA.         Otro!  (Abrazándose  otra  vez.) 

Chor.  Milagro! 

Polacos.  ¡Milagro! 

Preciso.  (Se  salvó  mi  tonadilla 

y  trescientos  reales  gano! 

Ya  como  este  mes!) 
Espejo.  (¡Si  fueran 

dos  culebrinas  mis  brazos!) 
Tusa.       De  hoy  más,  amistad  eterna! 

los  cómicos  son  hermanos, 

y  lo  mismo  hemos  de  ser 

todos  los  aficionados. 
Pol    i.°  Dice  bien! 
Caliche.  Tóos  sernos  unos? 

Preciso.  Así  parece,  muchacho! 
Cauche.  (ap.  á  i).  Preciso.)  (En  un  talego  chiquito 

meta  usté  un  perro  y  un  gato: 

mientras  no  haiga  carne,  puede 

que  vivan  en  paz  entrambos; 

más  si  hay  cordilla...  ¡María 

Santísima!  ni  los  rabos!) 
Tusa       Aquí  mismo  estáis  dos  cómicos 

de  los  dos  corrales! 
Pol.  L°  Bravo! 

Tusa.       La  Caramba  y  José  Espejo; 

que  sellen  los  dos  el  pacto! 
Caliche.  Carambal  (Llamándola.) 
Pueciso.  (ap.  á  Espejo.)  (Espejo,  pradencia!) 
Espejo.     (Si  no  la  muerdo...  me  araño!)  (Con  ira.) 
Pbeciso.  (Ahora  al  verme  será  ella!) 


—  47  - 
ESCENA  XVI. 

DICHOS,   la  CARAMBA,  saliendo  de  su  casa. 

Car.        Qué  hay? 

Tusa.  Las  guerras  se  acabaron! 

El  Corregidor  nos  manda 

que  no  armemos  más  escándalos! 
Car.        Y  es  el  señor  don  Preciso,  (Con  soma.) 

el  poeta  que  ha  llevado 

al  otro  corral  sus  obras 

después  de  estar  en  ensayo 

en  el  nuestro  ¡y  eran  buenas! 

el  que  ha  traido  ese  encargo? 
Preciso.  (Ap.  á  la  Caramba.)  (Si  tú  no  fueras  coqueta 

y  no  hicieras  tanto  caso, 

sabiendo  lo  que  te  quiero, 

al  conde  de  Picos-pardos, 

no  llevaría  yo  nunca 

mis  obras  á  otro  teatro!) 
Car.        (En  la  Cruz  nos  sobran  obras, 

y  Condes...  y  amantes!) 
Tusa.  Vamos 

al  asunto!... 
Car.  Y  qué  sucede 

si  ahora  no  nos  arreglamos? 
Preciso.  Poca  cosa!  que  parece 

que  se  cierran  los  teatros! 
Car.         Hola! 
Espejo.  Justito! 

Tusa.       (Á  la  Caramba.)  Tú  eres 

de  los  nuestros  el  encanto: 

el  tio  Espejo  es  de  los  suyos 

la  nata  y  flor;  daos  las  manos 

y  celebremos  alegres 

el  suceso  extraordinario!     ♦ 
Chor.      Víctor! 
Polacos.  Bien! 

Caliche.  (Pues  si  estos  hierros 

que  estamos  aquí  soldando, 

se  sueltan  así...  de  pronto, 


-  48  - 

nos  tumban  del  latigazo!) 
Espejo.    Yo  en  nombre  de  los  del  Príncipe, 

que  son  los  más  afamados  (Con  intención.) 
cómicos  de  España,  acepto 
la  paz! 

(Murmullos  en  tos  Chorizos.) 

Car.  Yo  no  digo  tanto! 

Pero  si  mis  compañeros, 
que  son  los  más  celebrados  (Con  intención.) 
cómicos  de  Madrid....  quieran 

(Murmullos  en  los  Polacos.) 

aceptarla,  me  haré  cargo 

de  que  ustedes  la  han  pedido  (Á  Espejo.) 

é  informaré  bien!... 
Espejo.    (Con  enojo.)  El  caso 

no  es  ese!...  Aquí  nadie  ruega! 
Tusa.       Pero  hay  que  fijar  el  trato! 

Si  el  público  verdadero 

los  silba  porque  son  malos, 

que  no  nos  echen  la  culpa 

á  nosotros! 

(Gran  marejada  y  murmullos  en  unos  y  otros.) 

Espejo.  Vamos  claros! 

Y  si  la  Tirana  sale 
á  cantar  y  suelta  un  gallo 

COmO  acostumbra,  Ó  USté,  (Á  U  Caramba.) 

que  tiene  tal  desparpajo, 
á  hacer  un  papel  de  viuda 
sale  con  zapato  blanco 
y  con  basquina  encarnada 
y  á  meneos  se  hunde  el  patio, 
no  diga  que  son  después 
intrigas  de  los  Polacos! 

(Crece  el  descontento  en  unos  y  1*  risa  en  otros.) 

Car.        Pero  y  cuando  la  Figueras, 

que  en  su  vida  ha  roto  un  plato, 
por  echar  una  mirada 
al  conde  de  Picos-pardos, 
en  vez  de  gritar...  «socorro!» 


-  49  - 

se  aturde  y  dice  «socarro?»  (Risas.)  (*) 
Espejo.    La  gran  Figueras  es  dama 
en  su  casa,  en  el  teatro, 

en]a  Calle...  (Con  fuerza.) 

Car.  Y  como  es  dama... 

la  soplan  de  cuando  en  cuando!  (Risas.) 

(Grandes  risas  en  los  Chorizos.  Los  Polacos  au- 
mentan sus  murmullos.  Mucha  animación.  Don 
Preciso  trata  de  calmar  á  unos  y  a  otros.  Tusa  y 
Espejo  se  separan,  capitaneando  sus  dos  partidos.) 

Espejo.    ¡Pues  miren  la  sainetera, 

que  en  los  Tres  novios  burlados 

los  tres  novios  eran  suyos... 

y  el  apuntador  el  cuarto! 
Car.        Detrás  del  Príncipe,  envidia! 
Espejo.    Detrás  de  la  Cruz,  el  diablo! 
Caliche.  Víctor  la  Caramba!  (Alzando  el  palo.) 
Pol.  Víctor 

el  tio  Espejo! 
Unos.       (á  ios  otros.)  Fuera! 
Otros.  .  (Á  aquellos.)  Largo! 

Preciso.  (¡Se  silbó  mi  tonadillla!) 
Caliche.  Ya  se  alborotó  el  cotarro! 

ESPEJO.      (Á  los  Chorizos.) 

¡Comediantes  de  la  legua! 
Tusa.       ¡Cómicos  de  tres  al  cuarto! 

CHOR.         ¡Á  ellos!  (Amenazándose.) 

Polacos.  ¡Á  ellos! 

CONDE.      (Apareciendo  por  detrás  y  dirigiéndose  á  la   calle 
de  Santa  María  y  casa  de  la  Figueras.) 

**  (¡La  ocasión 

aprovecho!...) 
Unos.  Palo! 

OTROS.  Palo!...  (Se  amenazan.) 

(Gran  confusión  y  gritería  general.  "Vienen  casi  á 
las  manos.) 


(l)      Idea  de  D.  Enrique  Pérez  Escrich,    en    su    obra    El 

maestro  de  hacer  comedias. 


50  - 


MÚSICA. 

Tusa,  Caliche  y  ios  suyos. 

Si  eres  hombre,  salte  afuera, 
y  no  chilles  aquí  más! 
que  convida  á  garrotazos 
el  cerrillo  de  San  Blas! 
Navajazo  y  tente  tieso! 

(Algunos  echan  mano  á  las  navajas.) 

y  verás  aunque  no  hay  luz! 

como  pegan  los  valientes 

del  teatro  de  la  Cruz! 
Espejo.        (y  ios  suyos.)  El  gritar  es  de  maricas! 

Si  eres  hombre,  ven  allá! 

y  que  entierre  á  los  que  caigan 

el  cerrillo  de  San  Blas! 

Á  los  golpes  del  garrote 

morirán  los  de  la  Cruz, 

sin  que  quede  un  mal  Chorizo 

en  el  barrio  de  Jesús! 
Caramba  y  D.  Preciso. 

Deteneos!  Deteneos! 

Á  su  casa  cada  cual! 

que  es  de  noche  y  está  á  oscuras 

el  cerrillo  de  San  Blas! 

Nadie  salga  á  pelearse 

de  su  barrio  de  Jesús, 

que  unos  y  otros  hacen  falta 

en  el  Príncipe  y  la  Cruz! 

(Vánse  todos  corriendo  por(  delante  de  la  herrería. 
El  Conde  baja  al  proscenio  y  dice:) 

ESCENA  XVII.  , 

EL  CONDE,  á  poco   la  CARAMBA   y  ESPEJO,  que  vuelven. 

Conde.  Sola  está  la  plaza! 

ahora  es  la  ocasión! 
Cerraste  la  puerta! 
Yo  abriré  el  balcón! 

(Sube  por  la  reja  y  llega  al  balcón  de  la  casa  de 

lá  Fig-ueras.) 


—  51  — 

Car.  Corren  como  locos!... 

lejos  están  ya!... 
Mira  don  Preciso! 

(Viendo  al  Conde  en  el  balcón  de  la  Fig-ueras.) 

quién  subiendo  está! 
Preciso.  Es  el  Conde! 

Car.  El  Conde! 

Preciso.  Y  era  tu  amador!...  (Riéndose.) 
Los  dos.         Á  caza  de  gangas 

sube  el  buen  señor!... 

(Entran  en  la  casa  de  la  Caramba  y  cierrran  la 
puerta.  El  Conde  forcejea  por  entrar  desde  el 
balcón  á  la  casa  y  se  esconde  en  el  quicio  al 
ver  á  los  Alguaciles.) 

ESCENA  XVIII. 

LOS   TRES   ALGUACILES. 

Algs.  Todo  en  calma  está!... 

¡no  hay  ningún  rumor!... 
Nada  hay  qne  contar 
al  Corregidor. 

(Ec-ban  á  andar  y  cae  el  telón  rápidamente.) 


FIN  DEL  ACTO  PRIMERO. 


ACTO  SEGUNDO. 


cuadro  wRmmmo, 


Vestuario  del  teatro  del  Príncipe.  Saloneito  que  da  á  la 
calle  del  Lobo.  Á  cada  lado  una  puerta  pequeña,  con  un 
papel  blanco  pegado  en  cada  una.  Un  arco  grande  al 
foro,  y  por  él  se  ve  el  escenario  con  telones  del  revés. 
Al  levantarse  el  telón,  todo  el  foro  á  oscuras.  Las  puer- 
tas de  los  cuartitos  cerradas.  En  el  centro  de  la  escena 
un  velón  grande  de  tres  mecheros,  apagado  y  colgado  del 
techo  por  una  cuerda.  Cuatro  sillas  de  costillas.  Una  cor- 
nucopia á  cada  lado  de  las  puertas  con  dos  velas  de  cera, 
apagadas,  cada  una. 


ESCENA  PRIMERA. 

ESPEJO,  saliendo  casi  á  tientas  por  el  foro. 

MÚSICA. 

¡Ya  son  las  dos  de  la  tarde 
y  á  las  tres  es  la  función, 
y  ¡maldito  sea  el  demonio 
si  aquí  hay  nadie  más  que  yo! 
¡Alumbrante!  Tio  Pajuelal 

5 


—  54  — 

(Llamando  á  gritos.) 

¡Alumbrante!  ¡Avisador! 
ESCENA  II. 


ESPEJO,   el   AVISADOR   y  el  ALUMBRANTE,   con    ana   vela 
de  sebo  en  una  palmatoria  de  madera. 


Alümb. 

Aquí  estamos! 

Avís. 

¿Qué  se  ofrece? 

Espejo. 

Que  se  encienda  ese  velón! 

(El  Alumbrante  le  enciende  con  pajuela.) 

¡Han  venido  ya  las  cómicas 

á  vestirse? 

Avís. 

No  señor! 

Espejo. 

¿Y  los  cómicos?" 

Avís. 

Tampoco! 

Espejo. 

¡Mala  silba  les  dé  Dios! 

¿Pero  están  las  dependencias? 

Avís. 

Más,  exactas  que  un  reló! 

Espejo. 

Pues  que  vengan  aquí  todos 

para  revistarlos  yo! 

Maquinistas,  Peluquero, 

los  Arrojes  del  telón, 

Guardaropas  y  Comparsas, 

y  Conserje,  y  Cobrador! 

(Váse  el  Avisador  con  rapidez  por  el  foro.) 

ESCENA  III. 


ESPEJO,   á  poco  el  AVISADOR   y    todos    los    llamados,    que 

se  quedan  al  foro  en  diferentes    grupos,    hasta  que  Espejo 

los  va  llamando. 

Espejo.  Á  toda  esta  gente 

hay  que  revistar 
una  hora  lo  menos 
antes  de  empezar. 
¡No  haga  el  mismo  diablo 
que  alzado  el  telón, 
me  den  los  malditos 
algún  sofocón! 


—  55  — 


Maquins.      Aquí  están  los  Maquinistas. 

¡Buenas  tardes  nos  dé  Dios! 
Espejo.       Para  hacer  Troya  abrasada 

el  caballo  se  pintó? 
Maquins.     No  ha  venido  tal  caballo! 
Espejo.       ¿Pues  adonde  está  el  Pintor? 
Maquins.      Su  mujer  está  de  parto. 
Espejo.       Así  para  un  tiburón! 

¿Y  qué  hacemos  sin  caballo? 

de  los  griegos  qué  hago  yo? 
Maquins.     Colocamos  un  borrico 

en  el  cuarto  bastidor! 

Se  le  doblan  las  orejas... 
Espejo.       Y  nos  gritan  la  función! 

(Los  Maquinistas"  se'  Retiran  al  foro.) 


Peluqs. 


Ese  Peluquero, 
¿cuándo  Va  á  venir? 
Con  los  aprendices 
le  tiene  usté  aquí! 


Espejo.       ¿Se  ha  traído  la  peluca 

para  el  rey  Agamenón? 
Peluqs.       Aquí  viene  la  que  hicimos 

para  el  duque  de  Moscow! 

(Le  enseñan  una  con  gran  coleta  y  polvos.) 

Espejo.       ¡Santo  Dios!  Si  esta  peluca 

tiene  bucles  y  erizon! 
Peluqs.       Otras  siete  como  estas 

se  han  sacado  en  el  Jacob. 
Espejo.       ¿Y  los  griegos,  qué  se  ponen? 
Peluqs.       Si  es  que  largas  han  de  ser, 

que  se  pongan  dos  de  greñas 

(Le  enseñan  dos  de  aldeanos,  con  gTandes  greñas. 

y  otras  cuatro  de  mujer! 

(id.,  cuatro,  con  polvos. — Los  Peluqueros  se   re- 
tiran al  foro.) 


Espejo.  (¡Malditos  sean  todos! 

Y  se  va  á  empezar!) 
¡Vengan  los  Comparsas 


COMPS. 

Espejo. 


Comps. 


Espejo. 


CÍUARD. 

Espejo 

Guard. 

Espejo. 
Guard. 
Espejo. 

Güard. 
Espejo. 
Guard. 

Espejo. 


&UARD. 


-  56  — 

á  ver  cómo  están! 

(Los  Comparsas  con  el  cabo  se  adelantan.  Están 
muy  mal  vestidos  de  griegos.  Zapatos  negros, 
medias  azules,  etc.) 

Aquí  estamos  ya  vestidos! 

¡Virgen  santa  de  la  O! 

¡Estos  griegos  han  venido 

de  las  Ventas  de  Alcorcon! 

Esos  cascos  son  terribles! 

Esos  péplum  dan  horror! 

¿Pues  qué  griegos  quiere  este  hombre 

por  dos  reales  de  vellón? 

(Los  Comparsas  se  retiran  al  foro  con  el  cabo.) 

Guardaropa,  pronto, 
á  ver  si  están  ya 
todos  los  objetos 
que  se  han  de  sacar ! 

(Guardaropas  se  adelanta,  presentando  en  una 
bandeja  grande  diferentes  objetos  que  se  nombran.) 

Aquí  está  dispuesto  todo; 
ya  lo  puede  usted  mirar! 
Este  frasco! 

(Cogiendo  uno  muy  grande  de  vidrio.) 

Es  del  veneno 
que  la  dama  ha  de  beber! 
Si  aquí  caben  dos  cuartillos!  (Le  tira.) 
Pues  así  morirá  bien! 
¿Á  qué  viene  esta  herradura?  * 

(Saca  un  pedazo  muy  grande  de  hierro.) 

No  he  encontrado  medallón! 

Y  esta  Viga?  (Saca  un  garrote  corto  dorado.) 

Ese  es  el  cetro 
del  señor  de  Agamenón! 
¡Yo  los  mato  sin  remedio! 

(Tira  ambos  objetos.) 

y  estos  monstruos  de  cartón? 

(Señalando  á  dos  pavos  muy  grandes  y  muy  mal 
hechos.) 

Los  faisanes  para  el  lance 
del  banquete! 


_  57- 

Espejo.  Voto  á  bríos! 

Son  dos  bueyes  con  alones! 
Uf  qué  horror!  qué  horror!  qué  horror! 

(Tirándolo  todo.) 

¡Reniego  de  la  vida  de  teatro! 
¡Maldito  sea  el  oficio  de  farsante! 
¡Al  bruto  que  se  mete  á  comediante 
por  bárbaro  le  deben  empalar! 
Le  aturden!  le  sulfuran!  le  sofocan! 
le  insultan!  y  le  suben  y  le  bajan! 
le  enojan!  y  le  pinchan!  y  le  rajan! 
y  hay  meses  que  le  dejan  sin  cobrar! 

¡Hay  para  gruñir! 

hay  para  rabiar! 

¡Esto  es  maldecir! 

¡Esto  es  reventar! 
Coro  general.    ¡No  se  apure  usté! 

Siempre  ha  sido  igual! 

y  se  aplaude  así 

todo  en  el  corral! 

Espejo.        ¡Traspuntes  y  comparsas  y  boleras 
y  cómicas  y  cómicos  malditos! 
ni  á  órdenes,  ni  á  cárceles,  ni  á  gritos, 
los  puede  el  mismo  diablo  barajar! 
¡No  hay  vida  que  soporte  tal  faena! 
¡no  hay  fuerzas  que  resistan  tal  trabajo! 
¡Malditos  los  de  arriba  y  los  de  abajo! 
y  el  foso  y  el  tablado  y  el  telar! 

Hay  para  gruñir! 

hay  para  rabiar! 

¡Esto  es  maldecir! 

y  esto  es  reventar! 
Coro  general.    No  se  apure  usté! 

Siempre  ha  sido  igual! 

y  se  aplaude  así 

todo  en  el  corral! 
Espejo.  ¡Fuera  todo  el  mundo! 

¡largo  á  trabajar! 

Esto  es  espantoso! 

¡Esto  es  infernal! 


—  58  — 

(Todos  se  van  por   el   foro,    mientras   Espejo    so 
queda  en  la  escena  desesperado.) 


ESCENA  IV. 

ESPEJO  solo. 
Por  el  foro  se  ven  cruzar  de  cuando  en  cuando  Asistencias^ 

HABLADO. 

Idos  con  dos  mil  demonios.7 

brutos!  imbéciles!  bárbaros! 

y  así  os  tiren  cien  patatas 

de  la  cazuela  y  del  patio! 
Voz.        (Dentro.)  La  orden! 
Espejo.  Qué  tal? 

Voz.        (Más  lejos.)  La  orden!' 

Espejo.     Su  señoría  ha  llegado 

y  las  cómicas  rebeldes 

aún  no  han  subido  á  sus  cuartos. 

El  teatro  está  perdido! 

Qué  tiempos  aquellos,  cuando 

se  empezaba  la  función 

á  las  dos,  y  con  tres  actos, 

entremeses,  tonadillas, 

baile  y  sámete,  acabábamos 

á  las  cinco  lo  más  tarde 

y  no  estábamos  cansados! 

Pero  hoy!  Como  que  á  estas  cómicas 

las  dan  música  y  regalos 

los  señores  del  Consejo, 

los  condes  de  Picos-pardos, 

ios  guardias  de  Corps,  los  jueces 

y  hasta  los  frailes  Bernardos, 

al  autor  de  compañía 

le  tratan  á  zapatazos! 

Mas  como  el  Ayuntamiento 

es  dueño  de  arabos  teatros 

y  quiere  que  desde  hoy  mismo 

trabajen  de  cuando  en  cuando 


las  dos  compañías  juntas, 

y  hoy  la  función  ha  marcada 

el  mismo  Corregidor, 

para  sellar  ese  pacto 

de  unión  y  concordia,  es  fuerza 

que  pongamos  todos  algo 

de  nuestra  parte...  y  no  vienen! 

(Mirando  á  todos  lados.) 

ay!  qué  les  habrá  pasado? 
ESCENA  V. 


ESPEJO,   D.   PRECISO,   corriendo. 

Preciso.      Nada  de  particular! 
Espejo.        Don  Preciso  tan  temprano? 
Preciso.      No  me  he  movido  poco 
desde  ayer  noche, 
resolviendo  y  minando 
la  villa  y  corte, 
hecho  una  ardilla, 
para  que  hoy  no  me  silben 

mi  tonadilla! 
He  conquistado  á  cuatro 

Covachueleros 
y  serán  sus  aplausos 
de  los  primeros, 
y  á  diez  Manolas 
que  para  batir  palmas 
se  pintan  solas! 
Espejo.        ¿Y  usted  que  riñó  ha  días 
con  la  Caramba 
porque  ella  se  la  pega 
y  usted  lo  paga, 
¿por  qué  quiere  ahora 
que  ella  con  la  Figueras 
haga  su  obra? 
Preciso.      El  hambre,  amigo,  Espejo 
con  su  exigencia, 
aclara  los  sentidos 
y  las  potencias, 
y  no  hay  industria 


—  60  — 

que  un  Poeta  no  intente 

li  está  en  ayunas. 
Yo  que  soy  por  mi  sangre 

un  caballero, 
bien  nacido,  bien  quisto, 

Y  hasta  bien  puesto, 

siempre  buscado 
en  consejos,  audiencias, 

salas  y  estrados, 
por  la  gente  del  bronce 

me  despepito, 
y  sólo  estoy  contento 

si  entre  ella  vivo, 

que  quitan  penas 
cómicos  y  toreros 

y  verduleras! 
Ya  le  hago  á  la  Geroma 

un  pasacalle, 
tres  coplas  á  la  Tuerta, 

dos  á  su  madre, 

y  quince  y  raya 
doy  á  todos,  cogiendo 

yo  la  guitarra! 
Ya  le  jaleo  un  polo 

á  la  Vicenta, 
ie  acompaño  el  fandango 

á  la  Intendenta, 

y  es  mi  garganta 
almacén  de  boleros 

y  de  tiranas. 
Pero  como  el  demonio 

me  tentó  un  dia 
y  les  di  á  los  del  Príncipe 

mi  tona  illa, 

y  entre  unos  y  otros 
me  iban  á  dar  un  susto 

de  los  más  gordos. 
Yo  he  revuelto  oficinas, 

hablado  Alcaldes, 
molestado  á  Ministros, 

visto  á  comadres, 

Y  al  cabo  he  hecho 


*  —  61  — 

un  pisto,  sin  tomates 

y  sin  pimientos!  * 

Zurciendo  voluntades 

y  atando  gustos, 
los  de  la  Cruz  y  el  Príncipe 
trabajan  juntos, 
y  de  este  modo, 
lo  que  entre  todos  hagan 

se  aplaude  todo! 
Ambos  se  morderían 

de  buena  gana, 
más  tendrán  que  dejarlo 
para  mañana, 
y  ¡ancha  Castilla! 
que  lo  que  es  hoy  me  aplauden 
mi  tonadilla! 
Espejo.  Es  usté  el  demonio,  amigo, 
pero  son  las  dos  y  cuarto 
y  á  pesar  de  sus  arreglos 
las  cómicas  no  han  llegado! 
Preciso.  Pues  quién  falta? 
Eepejo.  La  Figueras! 

Preciso.  ¡Cachirulo! 
Espejo.  Ese  es  su  cuarto! 

(Señaladdo  al  de  la  izquierda.) 

Y  la  Caramba  también! 

y  ese  es  el  SUyo!  (id.  el  de  la  derecha.) 

Preciso.  ¡Canastos! 

Espejo.    Si  se  habrán  visto  en  la  calle... 

Preciso.  Cómo? 

Espejo.  Y  se  habrán  enzarzado? 

Preciso.  Adiós  mi  dinero! 

Espejo.  Es  fuerza 

que  las  busquen! 
Preciso.  (Deteniéndole.)        Y  sepamos, 

qué  sucedió  anoche? 
Espejo.  Anoche? 

Preciso.  Sí  tal! 
Espejo.  Nada  entre  dos  platos! 

Muchos  gritos,  y  cuando  Íbamos 

á  llegarnos  á  las  manos, 

y  que  si  pillo  al  tio  Tusa 


—  62  — 


le  reviento  de  un  trancazo, 
asomó  un  guardia  de  Corps 
y  todos  nos  desbandamos! 
Y  usté  qué  hizo? 
Preciso.  Me  volví 

con  la  Caramba  del  brazo; 
y  como  entre  dos  que  se  aman, 
aunque  riñan,  siempre  hay  algo, 
y  como  estando  en  la  fuente 
siempre  el  agua  vuelve  al  cántaro, 
y  era  de  noche...  y  de  noche 
todos  los  gatos  son  pardos, 
hubo  lo  de  «que  me  engañas,» 
lo  de  «tú  me  la  has  pegado,» 
lo  de  «si  tú  me  quisieras,» 
lo  de  «lú  eres  más  ingrato;» 
y  entre  dimes  y  diretes, 
como  vive  en  cuarto  bajo, 
nos  encontramos  ya  dentro 
sin  saber  cómo  ni  cuándo! 

Espejo.   ¿Volvió  á  arreglarse  el  negocio? 

Preciso.  Sí  tal;  por  cierto  que  entrando 
vimos  subir  al  balcón 
de  la  Figueras  al  pájaro 
de  mal  agüero...  el  que  á  ambas 
nos  las  levanta  de  cascos! 
Al  Conde,  que  Dios  confunda! 

Espejo.    Así  le  chamusque  un  rayo! 
y  reviente! 

Preciso.  Pues  anoche 

él  debía  buscar  algo 
por  el  balcón. 

Espejo.  Sí;  ella  misma 

me  lo  ha  dicho  en  el  ensayo! 

Preciso.  Que  entró!... 

Espejo.  Sí;  y  que  le  tiró 

á  la  cabeza  los  platos! 

Preciso.  Y  él  salió... 

Espejo.  Por  el  balcón 

otra  vez! 

Preciso.  Á  qué  hora? 

Espejo.  Dando 


—  63  - 

las  doce! 
Preciso.  Desde  las  ocho... 

van  catorce  horas. 
Espejo.  No,  cuatrol 

Preciso.      En  el  reló  del  gusto, 
estando  á  solas, 
cada  cinco  minutos 
suman  dos  horas; 
porque  entre  ambos, 
cuatro  del,  cuatro  della, 
son  ocho  cuartos. 
Espejo.    Si  él  lo  ha  dicho,  miente! 
Preciso.  Toma! 

qué  vamos  á  remediarlo! 
Como  dicen  que  usté  la  ama 
y  hasta  la  ofrece  su  mano, 
si  ya  le  tiene  escogido 
para  marido,  es  muy  claro 
que  á  convencerse  de  todo 
le  tiene  á  usté  preparado. 
Espejo.    Más  dicen,  ¡voto  á  mil  bombas, 

de  la  Caramba! 
Preciso.  Qué  diablo! 

Será  verdad,  pero  al  menos, 
por  sí  ó  por  no,  no  me  caso! 
Espejo.    Yo  sí...  si  ella  quiere...  y  rompo 

el  alma... 
Preciso.  Ellas  son! 

Espejo.  Me  callo! 

ESCENA  VI. 

ESPEJO,   D.   PRECISO,   la   FIGUERAS,    la  CARAMBA. 

Espejo.    Gracias  á  Dios  que  vinisteis... 

y  las  dos  juntas...  (Me  escamo!) 
Fig.         Llegaron  nuestras  dos  sillas 

al  mismo  tiempo! 
Preciso.  (Es  extraño 

que  vuelvan  las  dos  con  pelo!) 
Car.        Dieron  la  orden? 
Espejo.  Há  rato! 


—  64  — 

Preciso.  Que  digas  bien  los  versitos 

aquellos... 
Car.  Ya  me  hago  cargo! 

Preciso.  Y  ya  que  ambas  en  mi  obra 

van  á  ser  hoy  el  encanto 

por  su  gracia  y  su  talento 

de  los  dos  opuestos  bandos, 

la  paz  que  en  las  tablas  firmen 

ojalá  dure  cien  años! 
Car.        Señora  Figueras? 
Fie  Qué  hay, 

señora  María? 
Car.  ¿Vamos 

á  vestirnos? 
Fig.  Si  usté  gusta... 

Espejo.    (No  has  visto  al  Conde? 
Fig.  Esperando 

estaba  frente  á  mi  casa, 

mas  yo,  ni  aun  le  he  saludado!) 
Preciso.  (Que  no  me  mires  al  Conde; 

no  hagas  guiños,  y  tengamos 

la  fiesta  en  paz! 
Car.  Si  él  me  habla, 

yo  he  de  contestarle! ) 
Preciso.  (Vamos, 

esta  vuelve  á  las  andadas!) 
Espejo.    (María,  por  Dios  la  encargo 

que  no  la  enredemos! 
Car.  Yo, 

si  no  me  pinchan...  no  salto!) 
Preciso.  (Y  si  se  ha  enojado  usted  (Ap.  á  ia  Figueras.) 

porque  ya  otra  vez  la  he  dado 

el  papel  á  la  Caramba, 

yo  le  haré  á  usted  tres  ó  cuatro!) 
Fig.         Señora  María! 
Car.  Qué  hay, 

señora  Figueras? 
Espejo.    (ap.  á  d.  Preciso.)  (Malo! 

señorías  por  arriba, 

señorías  por  abajo!) 
Preciso.  (Arañazot  por  en  medio 

es  que  se  están  preparando!) 


65  - 


Fig. 

Don  Preciso  está  ofreciéndome 

papeles  nuevos  y  largos, 

y  para  que  usted  no  crea 

que  yo  se  los  he  encargado 

se  lo  noticio... 

Preciso. 

(Pues  hija, 

muchas  gracias!) 

Car. 

Yo  le  alabo 

el  gusto. 

Preciso. 

Te  díré...¿(Á  la  Caramba.) 

Car. 

Y  yo 

puedo  así  aceptar  en  cambio 

los  que  me  ha  ofrecido  el  Conde 

del  Puente! 

Fig. 

Cómo? 

Car. 

En  mi  cuarto 

me  dijo  ayer,  que  quería 

hacerle  á  un  poeta  el  encargo 

de  escribirme  una  Princesa, 

para  hacerme  él  el  regalo 

del  traje  y  del  aderezo. 

Espejo. 

(Pataplum!...) 

Preciso. 

Más  yo  no  aguanto! 

Espejo. 

Ea!  vamos  á  vestirüos! 

don  Preciso,  al  escenario! 

Preciso. 

No,  yo  voy  afuera,  á  hablar 

conforme  vayan  llegando 

con  mis  gentes! 

Espejo. 

(Á  las  dos,  que  se  han  quedado  mirándose.) 

Hasta  lüégo! 

Preciso. 

(No  creas!...) 

Car. 

(Ya  me  he  enterado!) 

Preciso 

.  (Es  que...) 

Car. 

(Vaya  usted  con  Dios!) 

Preciso 

.  (Me  muero  por  tus  pedazos!) 

Car. 

(Pues  cuando  los  tenga  sueltos, 

que  ahora  están  juntos!) 

Espejo. 

(Empujando  á  D.  Preciso.)  Andando! 

(Pero  hombre,  usté  es  el  demonio! 

pues  no  las  enzarza!) 

Preciso 

.    (Váse  riendo.)                     Vamos! 

(Vánse  por  el  foro  con  rapidez  ) 

ESCENA  VIL 

LA  FIGUERAS,   la  CARAMBA. 

La  Figueras  y  la  Caramba  entran  en  sus  cuartos  respecti- 
vos; sacan. cada  una  su  candelero  con  vela,  que  van  á  en- 
cender en  el  velón  que  hay  colgado  en  el  centro  de  la  es- 
cena, para  llegar  al  cual,  se  suben  en  sillas  bajas  que 
acercan  respectivamente.  Cuando  se  hallan  las  dos  subidas 
en  las  sillas,  empieza  el  dúo  (*). 

MÚSICA 

Fie  -  Con  permiso  de  usté! 

Car.  Con  permiso  de  usté! 

Fig.  Los  de  afuera  primero; 

los  de  casa  después! 
Car.  Á  vestirnos,  que  es  tarde! 

(Enciende  la  vela.) 

Fig.  Si  que  lo  debe  ser!  (id.) 

dos  palabras  quisiera 

decir  antes  á  usté! 
Car.  Pues  expliqúese  usté! 

Fig.  Pues  escúcheme  usté! 

Car.  Con  permiso  de  usté! 

Fig.  Con  permiso  de  usté! 

(Se  bajan  con  la  vela  encendida  y  retiran  un  poco 
las  sillas  sobre  las  que  han  estado  subidas.) 

Hoy  al  Conde  del  Puente 

que  nombraba  escucbé! 
Car.  Es  muy  amigo  mió, 

con  permiso  de  usté! 
Fig.  Como  yo  no  le  he  dado, 

la  prevengo  también, 


(i)  Aunque  las  funciones  empezaban  á  las  tres,  era  pre- 
ciso vestirse  con  luz  artificial,  por  carecer  los  vestuarios  de 
la  del  dia. 


—  67  — 

que  es  mi  amigo  hace  tiempo 

con  permiso  de  usté! 
Car.  Y  qué? 

Fio.  Y  qué? 

Car.  Muy  buen  provecho  le  haga. 

Fig.  Que  le  siente  á  usté  bien! 

Car.  Con  permiso  de  usté.  (Retirándose.) 

Fig.  Con  permiso  de  usté! 

(Cada  una  se  dirig-e  á  su  cuarto;  deja  dentro  ls 
vela,  y  en  el  quicio  de  la  puerta  vuelven  á  conti- 
nuar el  dúo.) 

Car.  Peluquero!  (Llamando,) 
Fie.  Peluquero! 

Car.  (Algo  gordo  va  á  pasar!) 

Fig.  Peluquero! 
Car.  Peluquero! 

Fig.  No  se  canse  usté  en  llamar! 

Car.  ¡Qué  desorden  de  teatro! 

Fig.  El  de  usté  no  es  nunca  así? 

Car.  Si  aguardar  nos  hace  tanto 
no  nos  vamos  á  vestir! 

Fig.  Pues  como  íbamos  diciendo; 

(Acercándose.) 

si  ha  llegado  usté  á  contar 
con  el  traje  y  con  las  joyas 
de  ese  Conde  Perillán, 
encargarlas  puede  á  otro, 
si  es  que  le  hacen  falta  ya, 
porque  el  Conde  con  las  damas 
mucho  ofrece  y  poco  da. 
Car.  Puede  ser  según  y  cómo, 

pues  por  mí  seis  dias  há 
que  entre  flores  y  entre  dulces 
se  ha  gastado  un  dineral! 
Si  usté  no  es  afortunada 
siendo  antigua  su  amistad, 
yo  de  cuánto  me  regale 
puedo  darla  la  mitad! 

FlG.  ¡Peluquero!  (Con  ira  reconcentrada.) 

Car.  ^Peluquero! 

Fig.  No  se  puede  ya  sufrir! 


-  68  - 

Si  aguardamos  de  este  modo 
no  nos  vamos  á  vestir! 

Car.  Mucha  prisa  tiene! 

Fig.  ¿No  la  he  de  tener? 

Si  hago  la  tragedia 

y  hago  el  entremés 

y  la  tonadilla 

de  su  amor  de  usté! 

y  hasta  en  el  sainete 

canto  yo  después 

un...  zapateado 

que  tendrá  que  ver! 
Car.  ¿De  quién  es  la  letra, 

si  lo  sabe  usté? 
Fig.  Del  Conde  del  Puente, 

que  me  la  hizo  ayer. 
Car.  ¿Quiere  usté  cantarla? 

Fig.  ¡Pues  no  he  de  querer! 

Car.  Y  es  clara! 

Fig.  Muy  clara! 

Car.  Y  es  de  alza? 

Fig.  Y  ole! 

Car.  Pues  cántela  al  punto! 

Fig.  Pues  óigala  usté! 

Dicen  que  una  carita 

de  serafín, 
anda  tras  de  mi  majo 

con  muy  mal  fin! 
Y  como  el  chico  es  blando 

de  corazón... 
puede  que  no  resista 

la  tentación! 

Pero  si  á  su  lado 
le  llego  á  encontrar, 

qué...  ¡zapateado 

que  se  va  aquí  á  armar! 
Si  el  majo  á  mí  me  engaña 

con  esa...  ¡pues! 
con  el  mata  la  araña... 

(Da  cuatro  golpes  en  el  suelo  con  los  pies.) 


—  69 
la  aplastaré! 


Cau. 

¡Muy  bonita  letra! 

Fig. 

¡La  ha  gustado  á  usté! 

Car. 

La  canción  no  es  nueva, 
porque  yo  la  sé! 

Fig. 

¡Quién  le  hizo  la  letra? 

Car. 

El  Conde  también 
me  la  tiene  escrita 
hace  más  de  un  raes! 

Fig. 

Y  es  clara? 

Car. 

Muy  clara! 

Fig. 

¿Y  es  de  alza? 

Car. 

Y  ole! 

Fig. 

Pues  quisiera  oiría! 

Car. 

Pues  óigala  usté! 
Una  doña  Remilgos 

me  ha  dicho  á  mí 

* 

que  va  á  zapatearme 

con  su  chapín. 

Porque  quiere  á  un  usía 

de  relumbrón, 

y  teme  que  le  quite 

la  proporción! 

Mas  si  se  ha  enojado 

1 

y  el  pie  llega  á  alzar, 

que...  zapateado 

que  la  voy  yo  á  dar! 

Y  si  doña  Espadaña 

levanta  el  pie, 

con  el  mata  la  araña. . . 

(Da  los  mismos  golpes    en  el  suelo  que  la 

Fig-ue- 

ras.) 

la  aplastaré! 

Fig. 

¡Ay!  si  levanto  el  pie! 

Car. 

¡Ay!  si  levanto  el  pie! 

Las  dos. 

Con  el  mata  la  araña 
la  aplastaré! 

Fig. 

¡Ay  si  levanto  el  pie! 

Car. 

¡Ay  si  levanto  el  pie! 

—  70  — 

Las  dos.  Con  el  mata  la  araña. . . 

(Las  dos  á  un  tiempo  dan  los  golpes  en  el  suelo.) 

la  aplastaré! 

(Se  apartan  y  corriendo  entran  en  sus  cuartos  res- 
pectivos, dando  un  gran  portazo.) 


ESCENA  VIH. 


EL    CONDE   DEL   PUENTE,   ESPEJO,  por  el  foro. 


HABLADO. 


Espejo. 

Conde. 
Espejo. 


Conde. 


Espejo. 
Conde. 


fciSPEJO. 

Conde. 


Pero  ¡por  vida  del  chápiro, 

si  se  visten  ahí  las  dos! 

Y  qué? 

(Bajando  la  voz.)  Si  usté  á  la  Figueras 

hace  tiempo  tiene  amor 

y  ella  al  suyo  corresponde, 

aunque  con  buena  intención, 

¿por  qué  tras  de  la  Caramba 

hace  dias  se  perdió 

y  viene  á  buscar  aquí... 

así...  lo  que  sabe  Dios? 

Espejo  del  alma  mia! 

no  me  sea  usted  gruñón! 

Si  la  Figueras  me  quiere, 

como  dice  en  alta  voz, 

¿por  qué  en  pruebas  amorosas 

me  tiene  á  media  ración? 

¿Dónde  ha  ido  á  anidarse  ahora 

la  virtud  y  el  pundonor, 

que  así  resiste  una  cómica 

á  un  amante  como  yo? 

Pues  anoche... 

Anoche  mismo 
subí  yo  por  su  balcón, 
y  tras  una  horrible  lucha 
á  irme  por  él  me  obligó! 
Fué  cierto?... 

Sea  por  celos 


—  71  - 

ó  por  rabia,  ó  por  temor, 
no  hubo  medio  de  triunfar 
de  su  resistencia! 
Espejo.  (Oh! 

me  alegro!) 
Conde.  Y  por  eso  mismo 

libre  desde  anoche  soy 
para  ser  de  la  Caramba 
el  más  fino  adorador! 
Esa  al  menos  es  mujer 
de  brío  y  resolución: 
le  romperá  á  un  hombre  el  alma 
cuando  le  diga  que  no, 
pero  si  pronuncia  un  sí, 
que  es  lo  que  ya  espero  yo, 
sabrá  querer  de  verdad 
con  alma  y  con  corazón! 
Espejo.    Bien;  más  todas  esas  cosas 

no  son  de  este  sitio! 
Conde.  No? 

Espejo.    Corra  usted  tras  de  sus  sillas 
al  acabar  la  función, 
festéjelas  en  su  calle, 
ámelas  más  y  mejor, 
pero  aquí  entre  bastidores 
no  lafc  vea  usted,  por  Dios, 
ó  vamos  á  tener  una 
que  asuste  á  la  población! 
Conde.     Pues  qué  quiere  esa  mujer? 
Espejo.    La  dignidad  la  tentó. 
Conde.     Pues  que  la  tiente  el  demonio,, 
que  la  tentará  mejor! 

FlG.  Peluquero!  (Llamando  dentro.) 

Car.         (id.,  desde  su  cuarto.)  Peluquero! 

PELUQ.       Quién  llama?  (Desde  dentro.) 

Espzjo.  (ai  Conde,  con  temor.)  Que  están  las  dos! 

Fig.  En  el  catorce! 
Car.  En  el  quince! 

Espejo.  ¡Truenos  y  condenación!  (Deteniéndole.) 

.  Conde.  No  me  voy  sin  saludarla. 

(Dirigiéndose  al  cuarto  de  la  Caramba.) 


—  72  — 


ESCENA  IX. 

CONDE,   ESPEJO,   el   PELUQUERO,  en  seguida  la  FIGUERAS 
y  la  CARAMBA,   cada  ana  por  su  cuarto. 


Prluq. 

Quién  es  la  primera?  (Gritando.) 

Las  do; 

5.    (Dentro.)                           Yo! 

Conde. 

La  Caramba  es  antes. 

(Llamando  en  la  puerta  de  la  Caramba.) 

Car. 

(Dentro.;                               Quién? 

Conde. 

El  Conde  del  Puente!  (En  voz  alta.) 

Espejo. 

¡Horror! 

Car. 

Salgo  al  punto! 

Fig. 

(Saliendo  4  la  escena  con  rapidez.)  Peluquero! 

Car. 

(id.)  Peluquero! 

Espejo. 

(Ya  se  armó!) 

Car. 

(Al  Peluquero.) 

¿Así  en  el  corral  del  Príncipe 

.se  sirve  á  quien  por  favor 

con  los  señores  Polacos 

viene  á  hacer  una  función? 

Fig. 

(Al    Peluquero) 

Sirva  usted  á  la  señora... 

con  muchísima  atención, 

que  va  á  vestirse  de  Griega 

y  quiere  verla  el  Señor!    (Señalando  al  Conde.) 

Espejo. 

Vamos  andando!  (interponiéndose.) 

Peluq. 

(Á  Espejo.)           Á  cuál  peino? 
Á  ninguna  de  las  dos. 

Espejo. 

(Si  se  han  de  arrancar  el  moño, 

despeinadas  es  mejor!) 

Trasp. 

(Anunciando  desde  la  puerta.) 

Su  señoría  ha  llegado. 

Espejo. 

¡Infierno  y  degollación! 

(Á.la  Fig-ueras.) 

Que  haces  en  Troya  abrasada 

la  dama! 

Fig. 

Como  el  señor 

no  me  ha  peinado... 

Espejo. 

Y  se  empieza 

por  esa  obra  la  función! 

73  - 


FlG. 

Bien! 

Espejo. 

Son  lastres  menos  cuarto! 

Conde. 

(Dando  una  caja  de  cartón  á  la  Caramba.) 

Esta  peineta  llegó 

ayer  á  las  Cobachuelas, 

y  me  hará  usted  el  favor 

de  sacarla! 

Car. 

Ya  lo  creo, 

esta  misma  tarde! 

(Abriendo    la    «aja  y    sacando   una    pein 

metal.) 

Fig. 

(Con  celos.)                     (Oh!) 

Conde. 

Viene  de  Francia! 

€ar. 

Es  de  concha? 

Espejo. 

De  cuerno! 

Fig. 

(viéndola.)  De  similorl 

El  Conde  sólo  regala 

cosas  falsas! 

Peluq. 

Peino  ó  no? 

Me  aguardan  en  otros  cuartos! 

Fig. 

Como  es  falsa  su  intención! 

Car. 

Eso  debe  ser  de  noche! 

porque  con  la  luz  del  sol, 

que  es  como  él  me  ha  visto  siempre, 

es  fino! 

Fig. 

Si  á  usted  la  vio 

sólo  de  día,  será... 

porque  va  su  profesor 

de  noche 

Car. 

Cuál? 

Fig. 

Don  Preciso; 

¿a  qué  hora  la  da  lección? 

Car, 

De  qué? 

Fig. 

De  coplas! 

Car. 

Creía... 

Fig. 

Y  lleva  muy  caro? 

Car. 

No! 

Fig. 

¿Y  si  tiene  usté  visitas, 

la  da  el  curso  en  alta  voz? 

Car. 

Como  vivo  en  cuarto  bajo 

y  en  mi  casa  no  hay  balcón, 

mis  amigos,  que  son  muchos... 

de 


—  74  — 

Fig.        Lo  creo! 

Car.  Me  ven  mejor! 

Fig.         ¿Da  usté  migas? 

Car.  Y  corteza! 

Preciso.  ¿No  se  empieza  la  función? 

(Entra  por  el  foro  muy  de  prisa.) 

ESCENA  X. 

FIGUERAS,   CARAMBA,    el   CONDE,    ESPEJO,   D.    PRECISO- 


Espejo. 

Á  buen  tiempo  viene!  Rayos! 

Preciso 

.  Qué  hay? 

Espejo. 

(Que  se  enzarzan  las  dos!) 

Preciso 

(Por  el  Conde?) 

Espejo. 

(Justamente! 

y  que  no  empezamos  hoy!) 

Precisó. 

¿Qué  haces  aquí  sin  vestirte? 

(Á  la  Caramba  con  aplomo.) 

Fig. 

Llegó  ya  el  amo! 

Car. 

Amos  yo! 

soy  libre! 

Fig. 

Ya  lo  sabemos! 

Car. 

Y  se  equivoca  el  señor! 

es  á  usted  á  quien  papeles 

ofrecía... 

Espejo. 

¡Vive  Dios! 

que  si  cojo  un  palo,  todos 

van  á  la  calle! 

Conde. 

Qué  horror! 

Cuidado  con  las  palabras, 

Espejo! 

Preciso 

Oiga  usted! 

Espejo. 

Que  no. 

Yo  defiendo  mi  derecho! 

Yo  represento  al  autor 

de  la  compañía!  Fuera! 

(Á  D.  Preciso  y  al  Conde.) 

Adentro.  (Á  las  cómicas.)  La  prevención! 

(Al  Traspunte.) 

Fig. 

Que  estoy  sin  vestir! 

Espejo. 

Saldrás 

—  75  — 


en  paños  menores! 

Todos. 

Oh! 

Espejo. 

Fuera  todo  el  mundo. 

Conde. 

Vamos! 

Fig. 

Hasta  nunca! 

Espejo. 

Sí?  Mejor! 

Car. 

Hasta  jamás! 

Espejo. 

Buen  provecho! 

Á  la  concha,  apuntador! 

¡Mal  rayo!  las  tres  en  punto! 

Multa!  No  la  pago  yo! 

Fig. 

YO  tampoco!  (Entra  en  su  cuarto  y  cierra.) 

Car. 

Yo  tampoco!  (id.) 

Espejo. 

Reniego! 

Conde. 

Ni  yo! 

Preciso. 

Ni  yo! 

Espejo. 

Los  arrojes  á  su  sitio, 

afuera,  arriba  el  telón! 

(Vánse  el  Conde  y  D.  Preciso  por  el  foro  derecha 

Espejo  por  la  escena.  Pausa.) 

ESCENA  XI. 

LOS   TRES  ALGUACILES,   por  el    foro  derecha,   mirando   á 
todas  partos  con  extrañeza. 

MÚSICA. 

Algs.  No  se  ve  empezar! 

Ni  se  ve  al  autor! 
Hay  que  irlo  á  contar 
al  Corregidor! 

("Vánse  como  han  venido  por  el  foro.) 
Sigue  la  música  hasta  que  se  termina  la 

MUTACIÓN 


—  76  — 
GÜADH©    SS6ÜNPO. 

Pórtico  del  teatro  del  Príncipe.  En  el  primer  término  cua- 
tro columnas  de  piedra  que  dan  ingreso  á  un  pasillo  blan- 
queado con  dos  puertas  pequeñas,  sobre  las  cuales  hay  dos 
letreros.  En  el  de  la  derecha  dice:  Entrada  al  patio    de 

hombres.  En  el  de  la  izquierda  Subida  á  la  cazuela  de 

mujeres.  En  la  pared  dos  puestos  de  aloja  y  barquillos  con 

vasos  pequeños  de  vidrio.  Cántaros  sobre  las  mesas   y  dos 

cubas  en  el  suelo.  Al  levantarse  el  telón  gran  animación  de 

gentes  que  entran  y  salen. 

ESCENA  XII. 

CALICHE,   CHISPEROS,   MAJAS,    MAJOS,   CURRUTACOS,  etc. 


Caliche 

.  Miste  que  venir  ahora 
de  paz  al  corral  ajeno, 
estando  uno  acostumbrao 
á  silbar...  vamos,  no  puedo! 

Cur. 

(Entrando    del  brazo   con   una   petimetra 
rada.) 

Aprisa  doña  Pimienta 

que  hay  bulla  en  el  Coliseo, 

y  esta  gentuza  ordinaria 

va  á  echarla  á  usted  chicoleos! 

exage- 

PlM. 

Viene  el  frasquito  de  olor? 

Cur. 

Sí  señora. 

Pim. 

Mi  pañuelo... 

Cur. 

Aquí  está! 

(Sacando  de  distintos  bolsillos  todo  lo  que 

dice.) 

PlM. 

Y  el  abanico? 

Cur. 

En  el  bolsillo  le  tengo! 

Pim. 

Y  el  anteojo? 

Cur. 

En  la  casaca. 

Pim. 

Y  el  vinagrillo? 

Cur. 

En  el  pecho! 

Pim. 

¡Ay,  cómo  siento  don  Líquido 
que  no  traiga  ueté  el  espejo! 

Cur. 

Pero  dónde  le  metía, 

madama,  si  ya  no  tengo 

ni  un  agujero  vacío 

para  traer  sus  efectos? 
Caliche.  Van  ustedes  de  viaje?  (Acercándose  á  ellos.) 
Cur.        No  señor,  al  aposento 

del  marqués  de  turbias-aguas. 
Caliche.  Como  viene  usté  metiendo 

tanta  bulla  y  trae  usté 

tanto  chirimbolo  puesto! 
Pim.         Usté  será  el  chirimbolo! 

Habrá  majo  más  grosero! 
Cur.        Calle  usted,  doña  Pimienta! 
Pim.         Pues  no  oye  usted? 
Cur.  No  alternemos 

nosotros  con  esas  gentes. 
Caliche.  Qué? 
Cur.  De  poco  más  ó  menos. 

(Al  echar  á  andar,  le  pone  Caliche  el  pie  y  Don 
Líquido  tropieza  exageradamente.  Doña  Pimienta 
le  sostiene  ) 

Caliche.  (Pataplum!) 

Pim.  Jesús!  don  Líquido! 

Cur.        Dónde  tropecé? 

Caliche.  En  el  suelo! 

Como  va  usté  atortolao! 
Cur.        El  brazo,  madama,  adentro! 

debía  haber  una  puerta 

sólo  para  caballeros 

y  señoras... 
Pim.  Ay!  mis  guantes! 

Cur.         Madama,  los  tengo  puestos... 

me  he  olvidado  de  los  mios! 
Pim.         Y  cómo  nos  componemos? 
Cur.        Usted  el  uno  y  yo  el  otro... 

es  más  barato  y  más  nuevo! 

(Se  van  por  la  derecha.) 

ESCENA  XIV. 
dichos,  tío  tusa. 
Tusa.      Dónde  está  mi  gente!  Hola, 


—  78  — 

Caliche!  (Acercándose.  Todos  le  cercan.) 

Caliche.  Aquí  está  el  maestro! 

Tusa.       Qué  tal? 

Caliche.  Muy  desconsolaos! 

Tusa.       Y  por  qué? 

Caliche.  Con  el  arreglo 

del  Corregidor  y  el  lance 

de  trabajar  tos  regüeltos 

los  de  las  dos  compañías; 

aunque  nosotros  rabiemos, 

tenemos  la  contingencia 

de  aplaudirlos. 
Tusa.  Por  supuesto! 

Eso  el  alcalde  me  ha  dicho; 

parece  que  está  resuelto 

á  gobernar  los  teatros; 

y  al  que  arme  el  menor  jaleo 

á  la  cárcel! 
Caliche.  Conque  á  usté 

le  ha  llamado  para  eso? 
Tusa.       Como  que  soy  vuestro  jefe 

y  nos  tienen  tanto  miedo 

esos  Polacos  malditos... 

Pero  ya  nos  vengaremos!  (En  voz  baja.) 
Voces.     El  reten! 

(Entra  formando  el  reten  de  infantería,  con  los 
trajes  exactos  de  la  época.) 

Caliche.  Y  la  función 

se  hace  como  aquí  se  ha  puesto? 

(Señalando  á  un  cartel  que  hay  pegado  en  una 
columna  frente  al  público  y  cuyos  títulos  pueden 
leerse.) 

Tusa.       Justo...  viene  doble  tropa! 

(Mirando  á  los  soldados.)    * 

Calíche.  Troya  abrasada.  (Leyendo.) 
Tusa.  Apartémonos. 

(La  tropa  forma.  Tusa,  Caliche  y  los  otros  se  apar- 
tan cerca  de  la  columna.) 

Caliche.  Por  la  Figueras,  María  (Leyendo.) 

del  Rosario,  Antonio  Bueno, 

el  abogado  Merino. 
Tusa.       Eh?  qué  tal?  tóos  revueltos! 


-  79  — 

Cauche.  Del  primero  al  segundo  acto 

la  tonadilla! 
Tusa.  El  estreno! 

Caliche.  ((El  vejete  cortejante , 

ó  perseguir  con  denuedo 

los  deslices  del  marido» 

por  la  Figueras  y  Espejo... 
Tusa.      Vaya  un  par  de  comicuchos! 
Caliche.  Y  la  Caramba.  Y  aluégo 

dirán:  en  saliendo  esta... 
Tusa.       Justo!  Se  los  come  á  ellos! 

y  hace  uua  gitana!...  digo! 
Cauche.  Se  ha  empezado... 
Tusa.  Ya  lo  creo! 

Caliche.  Vamos! 
Tusa.  No  sale  la  dama 

hasta  el  final;  ya  entraremos! 

ESCENA  XV. 

DICHOS,   el   CONDE,   D.    PRECISO. 

Conde.     Adelante,  don  Preciso. 

Tusa.      El  Conde! 

Preciso.  No!  yo  me  meto 

en  la  tertulia  y  allí 

me  aplaudo  con  menos  riesgo! 
Conde.     Hola!  aquí  están  los  Chorizos. 
Caliche.  Y  á  mucha  honra! 
Conde.  Qué  hacemos? 

Tusa.       Prepararnos  á  aplaudir... 
Conde.    <Á  los  Polacos! 
Tusa.  No,  eso!... 

(Ap.  al  Conde.) 

(No  quiere  usted  que  esta  noche?...) 
Conde.     (Deja  por  hoy  en  suspenso 

mi  pian!) 
Tusa.  (Qué  lástima!  ahora 

que  están  juntos,  era  ello! 

Á  los  míos  gran  aplauso! 

á  los  otros  gran  meneo!) 


—  80  — 

Conde.     Pero  en  qué  se  funda  ese  odio 
á  los  pobres?  Qué  te  han  hecho? 

Tusa.       Á  mí  nada. 

Preciso.  Pues  entonces 

esa  inquina  no  comprendo! 

Tusa.       Si  yo  á  los  Polacos  odio 

es  porque  no  tienen  mérito; 
porque  no  pisan  las  tablas 
como  los  míos;  porque  estos 
en  punto  á  romper  cortinas 
son  hasta  allí!...  porque  entiendo 
el  ejercicio  y  sé  bien 
cómo  ha  de  cortarse  el  verso: 
y  cómo  se  hace  el  desplante, 
y  cómo  se  dice  «cielos!» 
Cuándo  es  aparte,  de  modo 
que  lo  oiga  el  público  entero! 
Y  con  qué  sonrisa  irónica 
se  toma  siempre  el  veneno 
para  que  las  convulsiones 
hagan  después  más  efecto. 
Cómo  ha  de  salir  la  dama 
de  blanco  y  el  pelo  suelto 
siempre  que  se  vuelve  loca; 
y  cómo  el  celoso  Ótelo 
se  ha  de  meter  el  puñal 
rebañando  y  sonriendo 
Cómo  el  cómico  que  sabe 
el  papel,  que  son  los  menos, 
ha  de  hablar  de  carretilla 
y  decir  trescientos  versos 
sin  parar,  como  el  que  dice 
«¿Si  habré  yo  estudiado  esto? 
Cómo  el  que  el  papel  no  sabe 
habla  junto  al  agujero 
del  apuntador  y  al  público 
le  mira  como  diciendo: 
¿No  ven  ustedes  qué  hombre! 
No  sabe  apuntar  un  verso!» 
Sé  que  cuando  en  un  ensayo 
el  poeta  encarga  más  fuego 
y  dice:  «esto  lo  querría 


—  84  - 

yo  así,  con  más  sentimiento,» 
ha  de  sonreírse  el  cómico 
y  decir:  «ya,  ya  lo  haremos!» 
Verá  usté  en  la  ejecución... 
Es  que...  No  tenga  usté  miedo!» 
y  al  ejecutar  la  obra 
no  se  hace  nada  de  aquello. 
Sé  que  cuando  alguna  dama, 
y  ha  de  ser  de  pelo  en  pecho, 
se  encuentra  un  chiste  picante 
en  su  papel,  hace  un  gesto 
y  dice  al  poeta:  a¡Pero  hombre 
¡Cómo  voy  á  decir  yo  eso?» 
Se  que  siempre  que  algún  cómi 
quiere  sacar  un  efecto, 
empieza  hablando  bajito, 
y  va  ya  luego  creciendo 
más  apriesa  y  fuerte,  fuerte! 
y  cuando  llega  el  momento, 
se  adelanta  y  dice  al  público: 
((Ó  me  aplaudes  ó  te  pego!» 

Conde.     Es  usté  un  inteligente 
de  los  finos. 

Caliche.  Bien,  maestro! 

Tusa.       Si  todos  como  yo  fueran, 
no  vendrían  malos  tiempos 
para  el  teatro! 

Preciso.     .  Porqué? 

Tusa.       Yo  con  mis  conocimientos 
pondría  cátedra! 

Conde.  Deque? 

Tusa.       Del  ejercicio... 

Preciso.  De  fuego? 

Tusa.       De  comediante! 

Conde.  Demonio! 

Caliche.  Es  de  veras? 

Tusa.  Ya  lo  creo! 

Preciso.  Pues  denos  usted  ahora 

de  su  enseñanza  un  modelo! 

Conde.     Este  acto  no  vale  nada 

y  así  matamos  el  tiempo! 

Caliche  y  Todos. 


—  82  — 

Sí,  maestro! 
Tusa.  Lo  queréis? 

Preciso.  Aprendamos! 
Todos.  Escuchemos! 


MÚSICA. 

Tusa .       El  que  quiera  ser  gran  comediante 
es  preciso  que  ahueque  la  voz, 
y  que  dé  cada  grito  en  la  escena 
que  se  le  oiga  en  la  Puerta  del  Sol. 
Rechazar  los  segundos  papeles 
sin  saber  si  son  buenos  ó  no, 
y  decir  dos  mil  versos  seguidos 
sin  faltarle  la  respiración! 
Y  haciendo  desplantes 
sin  ton  y  sin  son, 
cobrar  siempre  diez  duros  diarios 
y  abajo  el  telón! 
Coro.       Cobrar  siempre  diez  duros  diarios,  etc. 

Tusa.       Para  ser  comedianta  famosa 
no  hacen  falla  talento  ni  fe; 
basta  sólo  una  cara  de  rosa 
y  una  pierna  de  amírela  usté.» 
Hacer  siempre  guiñitos  á  todos 
y  buscarse  uua  madre  feroz, 
y  si  silban  alguna  comedia, 
decir  luego:  «Ya  lo  dije  yo!» 
Estos  mandamientos 
Sf¡  encierran  en  dos: 
muchas  migas  y  pocos  ensayos... 
y  arriba  el  telón! 
Coro.       Muchas  migas  y  pocos  ensayos,  etc. 


HABLADO. 

CALICHE.  (Mirando  por  la  puerta  del  patio.) 

Se  acabó  ya  el  primer  acto! 
Tusa.       Yo  al  patio! 


—  83  - 

Conde.  Yo  á  mi  aposento! 

Caliche.  Nosotros,  cuál  de  costumbre, 
vamos  al  degolladero. 

Preciso.  Y  yo  en  la  tertulia  de  hombres 
á  aplaudir  con  tal  estrépito, 
que  mi  bella  tonadilla 
alcance  el  triunfo  soberbio 
de  que  en  calles  y  plazuelas 
la  canten  pronto  los  ciegos. 

(Todos  se  van  corriendo  por  distintos  lados.) 

MUTACIÓN. 


GW&MR.Q  T1RGSKO. 


La  sala  del  teatro  del  Príncipe.  Á  la  derecha  del  actor  y  en 
línea  vertical,  el  escenario  con  candilejas  de  aceite  y  una 
gran  concha  de  apuntador.  El  telón  está  corrido.  En  frente, 
los  aposentos  con  gente.  El  patio.  El  degolladero.  Parte  de 
la  tertulia  de  mujeres,  á  la  izquierda.  Gran  bulla  y  algara- 
bía. Vendedoras  de  naranjas  y  amarguillos.  Los  personajes 
del  cuadro  anterior  van  ocupando  sus  localidades,  las  de- 
mas  llenas.  En  la  orquesta,  nueve  músicos  que  tocarán  á 
su  tiempo. 

ESCENA  XVI. 

LOS  DEL  PATIO. 

Música! 

LOS  DE  ARRIBA.       MÚSJCa!  (Gran  gritería  en  la  cazuela.) 

Caliche.  (Entrando.)  Callen 

en  la  cazuela! 

Silencio! 
Amarguillos  á  dos  cuartos! 

(Á  dos  niños,   que  saca  de  la  mano,  celoeándolos 
en  el  patio.) 

Niños,  que  os  estéis  muy  quietos! 

(En  la  cazuela.) 


Todos. 

Vend. 

Señora. 


PlM. 


—  84  — 

Señora,  estése  usted  quieta! 
Pablito.  No  me  conoce  usted? 
Pim.  Cielos! 

Don  Pablito  disfrazado 

de  mujer? 
Pablito.  Ya  que  no  puedo 

verla  nunca  sola,  aquí 

podemos  hoy  entendernos! 
Pim.         Pero  saque  usted  las  manos! 
Pablito.  Ay  doña  Pimienta! 
Pim.  Quieto! 

Caliche.  Música! 
Tusa.  Música! 

(Sale  el  despabilador  y  arregla  los  quinqués  de  la 
embocadura.) 

Todos.  Fuera! 

Caliche.  Que  espabile  con  los  dedos! 
Tusa.       Que  toquen  la  sinfonía 

del  rey  que  rabió. 
Todos.  Silencio! 

(Sinfonía  tocada  por  la  orquesta,  corta  y  ridicula. 
Concluida,  y  después  de  un  aplauso  mezclado  de 
chicheos,  se  alza  el  telón  para  la  tonadilla  de 
D.  Preciso.  Cuando  todes  esperan  la  tonadilla  en 
la  escena,  sale  por  delante  del  telón  el  tio  Espejo 
y  se  adelanta  al  proscenio,  de  mal  humor  y  con 
aire  contrariado.) 

ESCENA  XVII. 

ESPEJO   en  la  escena,  el   PÚBLICO. 

Espejo.    Habiéndose  visto  atacada  la  señora  Figueras, 

con  permiso  de  la  autoridad... 
Tusa.       De  qué? 
Caliche.  Por  quién? 

Preciso.  Adiós  mi  dinero! 

Espejo.    (Continuando.)  De  una  ronquera  repentina, 

suplica  al  público  la  dispense  las  faltas  que 

pueda  cometer! 

TODOS.       Fuera!  (El  tio  Espejo  saluda  y  se  retira.) 

Tusa.       Á  la  cárcel! 


—  85  - 

Cauche.  Á  las  arrecogías! 
Todos.     Fuera,  fuera,  fuera... 
Preciso.  La  tonadilla,  la  tonadilla! 

TODOS.       La  tonadilla!  (Gran  gritería  y  confusión.) 

Voces.     ¡Música,  música! 

(Empieza  otra  vez  la  misma  sinfonía  de  antes.  El 
público  continúa  sus  murmullos,  entre  los  que  so- 
bresale la  gritería  de  la  cazuela.  Á  poco  se  le- 
vanta el  telón  y  empieza  la  representación  de  la 
tonadilla.) 


ESCENA  XVIII. 

Representación  de  la  TONADILLA.  Se  alza  el  telón. 

MÚSICA. 

Decoración  de  sala  de  la  época,  sin  sillas. 

Después  del  Htornello  sale  por  la  izquierda  la  Caramba, 
vestida  de  gitana  y  hace  una  cortesía. 

CANTADO  (i). 

Aquí  está  para  serviros 
Agapita  la  gitana, 
que  vivé  siempre  sólita 
en  el  barrio  de  Triana. 
Me  persigue  un  viejo  verde, 
mas  corno  no  me  hace  gracia, 
no  le  hago  casó  ninguno 
porque  no  me  da  la  gana. 

Caliche.  ¡Bien  dicho! 

Tusa.  Viva  el  salero!  (En  el  público.) 

Vend.       ¿Quien  quié  naranjas? 


(l)      Pronuncíense  las  palabras  con  los  acentos  mal  calo- 
rados como  están. 


Voces. 


Silencio? 


Gaji.  Yo  soy  desgraciada  (Cantado.) 

desdé  que  naci, 
y  nadie  en  el  mundo 
me  consuela  á  mi. 
Mas  que  un  picaro  vejete 
que  con  su  voz  de  falsete 
y  su  avaricia  cruel, 
anda  tras  de  mis  encantos,, 
pero  como  estos  son  tantos 
no  se  han  hecho  para  él. 

Miré  usted  qué  cara,. 

es  un  rosicler, 

mire  usted  qué  mano 

mire  usté  qué  pie! 
qué  pie! 
qué  pie! 

Tusa.       Qué  rico! 

Caliche.  ¡Que  me  le  traigan!  (En  el  público.) 

Tusa.       Viva  la  Caramba! 

Tonos.  Bien! 

Car.        (Hablado.)  Pero  siento  ruido  y  este 
debe  ser  mi  viejo  amante, 
que  quiere  ser  mi  cortejo 
á  pesar  de  los  pesares. 
Pero  en  fin,  si  tiene  tanto 
dinero  y  quiere  casarse, 
Agapita  la  gitana 
será  mujer  de  caudales  (i). 

(Sale  Espejo  por  el  foro  de  vejete  ridículo.) 

Espejo.      (Cantado.)  Agapita  de  mis  ojos, 
prenda  de  mi  corazón, 
aquí  vengo,  vengo,  vengo 
á  gozar  de  mi  ilusión. 


(l)      El  estilo  y  la  música,  imitan  completamente  la»   to- 
nadillas de  la  época. 


—  87  - 


Car. 
Espejo. 


Car. 
Espejo. 


Car. 

Espejo. 


Chilindron! 
No  me  hagas  ya  más  desprecios 

carita  de  serafín, 
porque  yo  te  quiero  mucho 
y  aquí  vengo  con  buen  fin. 

Cliilindrin. 
Yo  te  haré  muchos  regalos, 

y  si  llega  la  ocasión 
no  habrá  moza  mejor  puesta 

en  toda  la  población! 
Chilindron! 
Sí  te  burlas  prendo  fuego 
á  la  casa  y  al  jardín, 
porque  soy  yo  más  celoso 
que  un  terrible  puerco-espin! 


Á  DÚO. 


Miré  usted  que  sí. 

Miré  usted  que  no. 

Con  el  chilindrin, 

con  el  chilindron. 

Chilindrin, 

chilindron. 

Tusa. 

Bien  cantado! 

Preciso. 

Buena  músieaí 

(Gritando  desde  la  tertulia.) 

Conde. 

Silencio! 

Caliche. 

Fuera! 

(En  el  público  y  levantándose.) 

Voces. 

Á  la  calle! 

Preciso. 

Que  se  repita! 

Todos. 

Silencio! 

Preciso. 

¡Qué  bárbaros! 

Tosa. 

Á  sentarse! 

HABLADO  EN  LA   ESCENITA. 

Car. 

Le  parece  á  usted  don  Lesmes 

que  esa  cara  de  vinagre 

se  ha  hecho  para  mí? 

—  88 


Espejo. 

Te  adoro! 

FiG. 

(Golpes  con  una  tranca  dentro.) 

Abrid  esta  puerta! 

Car. 

Calle! 

quién  puede  ser? 

Espejo. 

Esa  voz? 

Car. 

Qué  pasa? 

Espejo. 

El  cielo  me  ampare! 

Car. 

Quién  puede  ser? 

Espejo. 

(Mi  mujer!) 

No  abras! 

Car. 

Por  qué  no?  Adelante! 

(Descorre  las  cortinas  del  foro.) 

Espejo. 

OÍOS  nOS  COJa  Confesados!...  (SalelaFigueras.) 

Una  voz 

.  Víctor  Figueras! 

Tusa  y 

Caliche.               Que  callen!  (En  el  público.) 

CANTADO. 

Fig.  ¿Conque  estaban  ustedes 

entretenidos? 
¿Qué  hace  nsted,  Agapita, 
con  mi  marido? 
Car.  Yo  ignoraba,  señora, 

que  este  espantajo 
era  á  mas  de  vejete 
hombre  casado. 
Espejo.  Se  me  ha  roto  la  chupa 

hoy  en  la  calle, 
y  ella  me  la  cosía 
cuando  tú  entraste! 
Car.  Miré  ucé  esta  cara, 

miré  ucé  este  cuerpo , 
miré  ucé  estos  ojos 
y  este  movimiento! 

(Moviéndose  mucho.) 

y  diga  ucé  al  verme 
si  tanto  gracejo 
y  este  meneito 
se  hizo  para  un  viejo! 


Tusa.  Bien  por  la  Caramba! 

Caliche.  Ole! 

Conde.  Ahí  va  un  dulce! 

(La  tira  un  dulce  envuelto  en  un  papel  blanco.) 

Tusa.  Alsa,  salero!  (Aplauso» 


HABLADO  EN  LA  ESCENITA. 

Fie         Míreme  usté  á  mí,  señora, 

y  dígame  si  no  tengo 

yo  más  gracia  en  un  chapín 

que  usté  en  todito  su  cuerpo! 
^ar.        Para  aprender  á  salada 

mírese  usté  en  ese  espejo! 
Fie         Que  me  mire  en  ese  espojo? 

(Equivocando  y  aturdiéndose.) 

digo...  espajo... 
Caliche.  Qué! 

Tusa.  Qué  es  eso! 

Pübs.      Já!  já... 

Tusa.  Córtate  la  lengua! 

Caliche.  Trae  un  espajo,  salero!... 
Espejo.    Voto  á... 

FlG.  (Desmayándose.)  ¡Ay  de  mí!... 

Espejo.  Se  desmaya! 

Tusa.      Comedia!... 

Espejo.  Que  venga  un  médico... 

el  telón!... 
Caliche.  La  contingencia! 

Tusa.      Naranjazo  y  tente  tieso! 

(Caen  naranjas  al  saloncito.) 

Caliche.  Abajo  la  tonadilla! 

TüSA.        Caiga  eí  telón!  (Baja  el  telón  del  teatrito.) 

Preciso.  Me  partieron! 

Tusa.      Tome  usté  chorizo. 

(Dando  un  apabullo  á  ano  que  hay  con  sombrerito 
alto  delante.) 

Caliche,  Palo! 

\Peg-a  á  otro.  Todos  se  levantan.) 
VOCES  DE  LAS  MUJERES.  (En  la  cazuela.) 


-  90  - 

Socorro!...  favor!... 
Tusa.  Á  ellos! 

(El  Conde  se  ha  marchado.  Se  pegan  unos  á  otros. 
Por  los  aposentos  y  por  la  puerta  de  las  localida- 
des asoman  unos  cuantos  soldados  con  fusiles, 
Chillidos  de  las  mujeres,  y  en  medio  de  este  es- 
cándalo y  con  un  fuertísimo  de  orquesta,  cae  el 
telón.) 


FIN  DEL  ACTO    SEGUNDO. 


ACTO  TERCERO. 


Escenario  del  teatro  del  Principe  por  la  mañana,  á  la  hora 
de  los  ensayos  Cuatro  bastidores  de  sala  y  un  telón  cual- 
quiera de  campo.  Sillas  á  los  dos  lados.  Al  levantarse  el 
telón,  aparecen  las  Boleras  en  traje  de  ensayo,  (pero  con 
las  enaguas  mucho  más  largas  que  hoy  se  usa.)  D.  Pre- 
cisó sentado  á  horcajadas  en  una  silla,  y  en  otra  el  VÍO- 
Utl  de  baile.  El  Maestro,  con  una  regadera  pequeña,  re- 
gando el  escenario.  En  diferentes  grupos  las  madres  de 
las  Boleras  y  varios  Apasionados. 


ESCENA  PRIMERA. 

D.    PRECISO,   BOLERAS,   MADRES,    APASIONADOS,   etc. 

MÚSICA 

Maest.     Vamos  á  eusayar,  muchachas!  (Hablado.) 
En  baile! 

(Las  Boleras  se  preparan  y  el  Maestro  dice,  diri- 
giéndose al  Violin  de  baile.) 

Anda,  Maestro] 

(Bailan  el  Fandango.) 

Preciso.      El  que  engañarse  no  quiera 
vengará  un  ensayo  de  baile, 
que  aquí  se  ve  en  las  mujeres 
lo  que  es  hueso  y  lo  que  es  carne! 


—  92  — 

Apas.  Como  son  tan  resaladas 

las  caderas  españolas, 

en  oyendo  castañuelas 

á  bailar  se  ponen  solas! 
Preciso.      Los  enemigos  del  alma 

ya  no  son  tres,  que  son  cuatro, 

que  á  mundo,  demonio  y  carne 

han  añadido  el  fandango. 
Apas.  Como  ensayan  estas  niñas 

sin  basquina  y  sin  refajo, 

no  se  sabe  si  sus  trajes 

son  de  baile  ó  son  de  baño! 
Todos.     (Hablado.)  ¡Bien  parao! 

(Cesa  el  baile  y  todas  se  disponen  á  marcharse. 

ESCENA  II. 


DICHOS,  ESPEJO,  saliendo  furioso,. 

Espejo.  ¡Las  diez  de  la  mañana 

y  el  baile  no  acabó! 

¡Reniego  del  fandango! 

¡Maldito  sea  el  reló! 

¡Afuera  las  Boleras! 

Ya  basta  de  bailar, 
que  está  hoy  echando  chispas 

la  cosa  teatral! 
Coro.  ¡Fallaba  una  coplita! 

Espejo.  La  copla  es  que  hoy  tal  vez, 

por  orden  del  Gobierno 

nos  dejan  sin  comer! 
Coro.  Qué  pasa,  qué  sucede? 

Espejo.  Ya  basta  de  charlar! 

Al  diablo  castañuelas 

y  no  repliquen  más! 

(Gran  galop  de  las  Boleras,  persiguiendo  á  Espejo 
con  las  panderetas  y  castañuelas.) 

Boleras  y  Coro. 

Por  más  que  usté  rabie, 
lengua  de  escorpión, 
de  las  castañuelas 
ha  de  oir  el  son! 


-95  — 

Oiga  usté  un  poquito, 
mire  usté  qué  bien, 
que  el  repiqueteo 
se  ha  hecho  para  usté. 
Dale  que  le  das 
con  el  panderete, 
dale  que  le  das, 
duro  en  el  vejete! 
Dale  que  le  das 
cod  la  castañuela, 
dale  que  le  das, 
cuéntelo  á  su  abuela! 
Espejo.  Fuera,  fuera,  fuera, 

á  la  calle  ya! 
Largo,  largo,  largo, 
basta  de  bailar! 

(Todas  y  todos  se  van  corriendo  y  riendo  por    di- 
ferentes lados.) 


ESCENA  III. 

ESPEJO,   D.    PRECISO. 

HABLADO. 

Espejo.    Uf!  Boleras,  comediantas, 
cómicos  y  musicantes, 
apasionados,  poetas, 
el  demonio  que  os  aguante! 

Preciso.  Ya  está  usté  rabiando! 

Espejo.  Vaya, 

que  usté  no  ha  venido  tarde! 
Tempranito  la  ha  tomado! 
desde  el  ensayo  de  baile! 

Preciso.  Soy  apasionado  fino! 

me  gustan  hasta  las  madres! 

Espejo.    Pues  mientras  sea  el  teatro 
un  palenque  de  galanes 
que  á  cómicas  y  boleras 
mimen,  obsequien  y  enzarcen, 


—  94 


GlJARD. 

Preciso. 


Espejo. 


Preciso. 


Espejo. 

Preciso. 

Espejo. 

Preciso. 

Espejo. 


tendremos  todos  los  dias 

escándalos  semejantes 

al  que  Madrid  aturdido 

presenció  ayer  por  la  tarde! 

El  ejercicio  se  pierde! 

y  aunque  haya  mil  que  lo  ensalcen, 

esto  no  es  ocupación, 

ni  empleo,  ni  oficio,  ni  arte! 

Guardaropa,  avisador!  (Gritando.) 

y  la  mesita? 

(Dentro.)       Al  instante! 

Si  usted  á  sus  mosqueteros 

á  aplaudir  mas  enseñase, 

y  á  ahogar  chichees  del  público 

con  palmadas  formidables, 

no  hubieran  ayer  los  otros 

malogrado  mis  afanes! 

(El  Guardaropa  trae  una  mesita  con  tapete  verde, 
dos  candeleros  con  velas.  Recado  de  escribir,  etc.) 

Y  si  usté  no  hubiera  hecho 
una  obra  detestable; 
ó  se  la  hubiera  dejado 
á  los  chorizos,  la  tarde 
de  ayer  no  fuera  un  padrón 
de  ignominia  para  el  arte! 
¡Qué  tonadilla! 

Lo  mismo 
que  todas  las  que  se  hacen, 
su  vejete,  su  tirana, 
sus  gorgoritos,  sus  frases 
picarescas! 

Justo!  Un  cúmulo... 
De  qué? 

De  barbaridades! 
Se  ha  hecho  usté  Moratiniano? 
Yo  siempre,  y  como  él  nos  salve 
de  este  caos,  y  haga  que  cesen  j 

todas  las  parcialidades; 
y  dé  decoro  al  teatro, 
y  haya  orden  terminante 
de  prohibir  que  penetre 
entre  bastidores  nadie, 


—  'd5  — 

¡bendito  sea  mil  veces 
Moratin  y  sus  secuaces! 
Preciso.  Mientras  exista  el  tío  Tusa 

y  otros  como  él,  no  hay  escape! 
y  mientras  que  la  Figueras 
persista  en  equivocarse, 
y  por  chocolate,  diga 
cocholate  y  cholocate, 
será  en  esta  compañía 
cada  funcioa  un  desastre! 

ESPEJO.      (Fuera  de  sí.) 

¿Y  por  qué  viene  usté  al  Príncipe 
sin  que  aquí  nadie  le  llame? 
¡Á  la  Cruz!  con  sus  Chorizos 
chisperos  y  ganapanes! 
Si  es  usté  de  la  Caramba 
el  chuchumero  y  el  jaque, 
y  ellos  son  cómicos  buenos 
y  nosotros  detestables, 
¿por  qué  nos  busca?  por  qué 
no  nos  deja  en  paz  como  antes, 
en  vez  de  darnos  á  pasto 
su  presencia  insoportable? 

Preciso.  Echa,  hijo! 

Espejo.  Maldito  sea 

el  teatro! 

Preciso.  Dale!  dale! 

Espejo.    Y  la  hora  en  que  dejé 
el  oficio  de  mi  padre, 
que  era  trapero  de  número, 
para  hacerme  comediante! 
¡Mesa  de  cuentas!  (Gritando.) 

Preciso.  Iügrato! 

cómico  al  fin! 

Espejo.  Vamos,  hable 

si  tiene  algo  que  decirme! 
Si  no,  vayase  cuanto  antes! 

Preciso.  ¡Lo  que  es  á  mal  educado, 
no  le  ganará  á  usté  nadie! 

Espejo.    Mejor! 

Preciso.  ¡Cómo  ha  de  admitirle 

la  Figueras  por  amante 


ni  por  marido,  teniendo 
esa  cara  de  vinagre 
y  ese  genio  de  demonio? 

ESPEJO.      Á  USté  no  le  importa!  (Queriendo  irse.) 

Preciso.  Aguárdese! 

Espejo.    ¡Por  vida  del  rey  de  bastos! 
Preciso.  Tome  usté!  y  lea...  si  sabe! 

(Dándole  un  papel.)       '     . 

Espejo.    Alguna  chinchorrería! 
Preciso.  Usté  sí  que  es  chinche  y  grande! 

ESPEJO.      Son  VerSOS  SUyOS!    (Aterrado  al  abrir  el  papel.) 

Entonces... 

Preciso.  Es  prosa!  y  edificante! 

Espejo.  (Leyendo.)  «Señora  Caramba:  Como  apasio- 
nado de  su  merced,  y  no  queriendo  que  mi 
»casa  sirva  para  tales  intrigas,  la  noticio  que 
«anoche  apostó  el  Conde  del  Puente  diez  mil 
»reales  con  un  su  amigóte,  á  que  dentro  de 
»tres  dias  daría  pruebas  públicas  de  haber 
«triunfado  amorosamente  de  usted  y  de  la 
«Figueras,  que  según  él,  están  muertas  por 
»sus  pedazos.  Valga  por  lo  que  valga,  sirva 
»esta  de  aviso  de  su  admirador*— Canosa.» 

Preciso.  El  de  la  botillería! 

Espejo.    Ese  Conde  es  un  infame, 
voto  al  infierno! 

Preciso.  No  tal! 

Es  un  galán  badulaque; 
un  s<  ductor  de  esos  muchos 
que  bullen,  entran  y  salen 
entre  bastidores,  sólo 
para  que  de  ellos  se  hable, 
deshonrando  á  las  que  acaso 
ni  que  de  ellas  se  habla  saben! 
Da  con  tontas...  y  aunque  usté 
rabie  de  celos  aparte... 
si  ella  no  salta  al  ver  esto, 
debe  usted  morirse  antes 
de  decirla  que  la  quiere; 
para  eso  sirve  el  carácter. 

Espejo.    Y  la  Caramba,  ¿qué  ha  hecho? 

Preciso.  Darme  el  papel  es  bastante; 


—  97 


Espejo. 


pero  si  hace  la  Figueras 

lo  que  debe,  marcho  á  escape 

á  darle  cuenta  de  todo 

y  va  á  haber  jaleo  en  grande! 

Don  Preciso!  Usté  es  mi  amigo. 

cuando  tonadillas  no  hace! 

Ya  verá  usté  si  soy  hombre! 


Preciso. 

La  Figueras! 

Espejo. 

¡Dios  la  trae! 

ESCENA  IV. 

ESPEJO,  D.   PRECISO,   la  FIGUERAS 

Fig. 

Buenos  dias! 

Preciso. 

Á  tal  hora 

se  amanezca  usted! 

Fig. 

Es  tarde? 

Preciso. 

Para  admirarla  á  usted,  siempre! 

Fig. 

No  está  usted  poco  galante! 

¡Qué  lástima  que  su  música 

no  fuera  como  sus  frases! 

Preciso. 

Lástima  es  también  que  usted, 

que  habla  de  un  modo  tan  fácil 

en  familia...  cuando  hay  gente 

diga  unas  cosas  tan  graves! 

¿Comió  usté  ayer  aceitunas? 

Fig. 

No  tal:  comí  disparates 

de  usted;  no  los  digerí... 

y  ¿qué  había  de  pasarme? 

Preciso. 

Mirándose  usté  al  espajo, 

con  usté  no  puede  nadie! 

Fig. 

¿La  Caramba  en  qué  se  mira? 

Preciso. 

En  un  favor  que  hoy  la  hace! 

Fig. 

Á  mí...  siendo  su  enemiga? 

Preciso. 

Si  como  cómica,  es  fácil, 

como  mujer  hoy  la  ofrece 

por  mí  ayudarla  á  vengarse! 

(Dándola  la  carta  anterior.) 

Fig. 

Qué  es  esto,  Espejo? 

Espejo. 

Una  prueba 

—  98  — 


Fie. 


Espejo. 


Preciso, 
Pspejo. 

Preciso. 

Fig. 

Preciso. 

Espejo. 

Fig. 

Espejo. 


Fig. 

Espejo. 
Fig. 

Espejo. 

Fig. 

Preciso. 

Espejo. 


cariñosa  de  tu  amante!  (Con  ironía.) 

El  Conde  no  es  nada  mió;  (Con  dignidad.) 

y  tengo  yo  alma  bastante 

para  despreciar  al  hombre 

que  ayer  escuchó  insultarme 

por  el  tio  Tusa  y  los  suyos 

sin  defenderme! 

Hoy  añade 
leña  al  fuego...  lee  despacio 
ese  papel...  que  es  notable! 
(¡Ay  don  Preciso,  si  al  cabo 
yo  su  cariño  lograse, 
hacía  otra  tonadilla 
de  usted,  aunque  me  silbasen! 
Hombre! 

Aunque  fuera  peor 
que  la  de  ayer!  que  no  es  fácil!) 
(Ya  ha  acabado  de  leer!) 
(Y  yo  he  querido  á  ese  infame?) 
Conque...  en  fin? 

Qué  te  parece? 

¿No  dices  por  todas  partes  (Con  rapidei.) 

que  me  quieres? 

Ya  lo  creo! 

Y  todo  Madrid  lo  sabe! 

Y  si  esas  cosas  se  hicieran 
con  un  trabuco  ó  un  sable... 
rayo  de  Dios!  á  trastazos 
eras  mi  mujer! 

¡Cuanto  antes 
mejor! 

Cómo? 

Que  mi  mano 
es  tuya! 

Cristo  me  ampare! 

es  de  Verdad?  (Loco  de  júbilo.) 

Soy  tu  esposa! 
Bien  hecho! 

Pero  tú  sabes 
que  soy  celoso!  y  que  yo 
no  tolero  ancas  de  nadie! 
y  que  rompo  al  Conde  el  alma 


—  99  — 

como  pise  mis  umbrales. 
Y  que  te  deslomo  á  palos, 
Figueras,  como  me  faltes! 

Fie.         He  sido  mujer  honrada, 

aunque  malas  lenguas  hablen, 
y  cuando  á  casarme  llegue 
sé  á  lo  que  me  obligo! 

Espejo.  Zape! 

zapateta!  zapatilla!  (Saltando.) 

Amigo!  (Abrazando  á  D.  Preciso  ) 

Preciso.  Que  va  usté  á  ahogarme! 

Fie         Diga  usted  á  la  Caramba, 

que  le  agradezco  el  mensaje, 

y  que  mi  futuro  y  yo 

iremos  á  darla  parte 

de  nuestra  boda,  á  su  casa... 
Preciso.  Mejor! 

Fig.  Esta  misma  tarde! 

Eepejo.    Y  qué  dirán  los  Chorizos? 
Fig.         Que  hacemos  las  amistades 

cuando  nos  conviene  hacerlas 

sin  que  nadie  nos  lo  mande! 

¿Quién  tiene  toda  la  culpa 

de  nuestros  odios  fatales? 
Preciso.  Los  apasionados  de  ambos 

partidos  beligerantes, 

y  el  tro  Tusa,  á  quien  le  tengo 

unas  ganas! 
Fig.  No  se  hable 

más  del  asunto,  soy  tuya! 
Espejo.    Pasado  el  primer  arranque, 

sigues  pensando?. . . 
Preciso.  Sí  hombre! 

Encerronum  maritalis, 

(Le  echa  la  bendición.) 

(ó  lo  que  es  lo  mismo,  ya 
tienes  diversión  bastante!) 

Fig.         Yo  no  ensayo  hoy. 

Espejo.  Cómo  es  eso? 

Fig.        Vé  á  mi  casa  cuando  acabes! 

Espejo.    Hay  mesa  de  cuentas! 

Fig.  Cobra 


—  100  — 

tú  por  mí! 
Espejo.  No;  cobra  tú  antes, 

ven  á  la  contaduría. 
Preciso.  Yo  me  voy. 
Espejo.  No! 

Preciso.  He  de  llevarle 

la  noticia  á  la  Caramba. 
Espejo.    Salgo  al  momento  y  no  es  tarde... 

le  necesito. 
Preciso.  Si  vuelve 

usté  en  seguida... 
Espejo.  Al  instante! 

Ay  Figueras! 
Fig.  Vamos!  basta! 

Espejo.    Bendito  sea  tu  talle 

y  tu  cara!  y  tu... 
Preciso.  Pobre  hombre! 

Fig.         Vamos! 
Preciso.  Requiescat  in  pace! 

(Vánse  la  Figueras  y  Espejo  por  la  derecha. 


ESCENA  V. 

D.   PRECISO,  en    seguida   TUSA,   por  la  izquierda. 

Preciso.  Al  corral!  Está  perdido! 

Y  eso  que  el  pobre  no  sabe 
que  á  estas  horas  se  decide 
en  una  junta  de  Alcaldes 
el  porvenir  del  teatro; 
más  cuando  el  amor  da  al  traste 
con  un  hombre...  le  divide; 
le  inutiliza  y  le  parte! 

El  tiO  Tusa!  (Al  ver  al  tio  Tusa.) 

Tusa.  Don  Preciso! 

Preciso.  (Qué  busca  aquí  este  tunante?) 


—  dOl  - 


MÚSICA. 


Tusa. 

El  tiO  Espejo?  (Preguntando.) 

Preciso. 

(Paseándose  de  mal  humor.)  No  está 

Tusa. 

La  Figueras! 

Preciso. 

Se  marchó! 

Tusa. 

El  autor! 

Preciso. 

Se  está  muriendo! 

Tusa. 

Y  no  hay  nadie? 

Preciso. 

Sólo  yo! 

Tusa. 

¿Qué  hace  usté  en  este  teatro 

si  en  el  otro  está  su  amor? 

Preciso. 

¿Y  qué  viene  usté  á  silbarme 

si  hoy  no  se  hace  aquí  función? 

Tusa. 

¿Aún  le  escuece?  (Riéndose.)    v 

Preciso. 

Y  echo  chispas! 

Tusa. 

Fué  la  grita  colosal! 

Preciso. 

¿Por  qué  silba  usted  tan  fuerte? 

Tusa. 

¿Por  qué  escribe  usté  tan  mal? 

Preciso. 

¿Y  usted  qué  entiende  de  eso? 

Tusa. 

Un  poco  más  que  usté! 

Precis». 

Pues  haga  usté  comedias! 

Tusa. 

Pues  sí  que  las  haré! 

Preciso. 

No  falta  ya  más  que  eso! 

Tasa. 

¿Con  qué  las  hace  usté? 

Preciso. 

Con  pluma...  y  con  talento! 

Tusa. 

Con  pluma  puede  ser, 

mas  lo  que  es  con  talento... 

que  usté  lo  pase  bien! 

Preciso. 

Dios  me  tenga  de  su  mano! 

Tusa. 

Muy  furioso  el  hombre  está! 

Preciso. 

Escribir  sabré  cien  obras! 

Tusa. 

Pues  las  cien  se  silbarán ! 

en  casa! 


Precjso.      Pues  si  usté,  mal  Herrero 

y  mal  Chorizo, 
vuelve  á  hacer  que  le  silben 

á  don  Preciso, 
al  herrero  le  aturdo 


—  402  ~ 

de  un  puñetazo, 
y  reviento  at  Chorizo 

COIl  un  pinchazo;  (Señalando  al  espadín.) 

ya  está  usté  viendo 
que  mi  espadín  sólito 
se  está  saliendo! 

(Metiendo  y  sacando  el  espadín  de  la  vaina  hasta 
la  mitad.) 
TüSA.         (Burlándose  de  D,  Preciso.) 

¡Para  los  puñetazos 

tengo  un  martillo, 
para  los  espadines 

aquí  hay  un  pincho! 

(Sacando  una  gran  navaja,  sin  abrirla.) 

Para  los  poetillas 
de  tres  al  cuarto, 
tengo  siempre  dispuesto 
un  gran  silbato! 

(Saca  un  pito  muy  grande.) 

Ya  está  usté  viendo 
cómo  á  la  boca  el  pito 
se  va  subiendo! 

PRECISO.    (Sacando  y  metiendo  el  espadín.) 

Chin,  chin,  chin! 

TüSA.         (Silbando  con  un  pito.) 

Pí,  pí,  pit! 

(Al  concluir  el  dúo,  D.  Preciso  se  va  furioso  y 
Tusa  queda  riéndose  en  el  proscenio.  Al  mismo 
tiempo  sale  el  tio  Espejo  y  retrocede  al  ver  al  ti» 
Tusa.) 


ESCENA  VI. 

TUSA,   el  tio   ESPEJO,  que  viene  contento. 

HABLADO- 

espejo.     Va  estoy  de  vuelta. 

(Al  ver  á  Tusa.)  ¿Qué  es  esto? 

El  tio  Tusa  en  este  sitio/ 


—  103  — 

Tusa.       Servidor  de  usted. 

Espejo.  (No  tiene 

vergüenza  ningún  Chorizo!) 
Tusa.       Vengo  de  embajada! 
Espejo.  Á  qué? 

Tusa.       Á  conjurar  el  conflicto! 
Espejo.    Qué  pasa? 
Tusa.  El  autor  Rivera 

le  espera  en  el  Parnasillo! 
Espejo.    Para  qué? 
Tusa.  Que  ya  está  armada! 

Los  Alcaldes  reunidos, 

con  el  Consejo  de  Indias 

y  el  director  del  Hospicio, 

y  un  jefe  de  artillería, 

y  el  Consejo  de  Ministros, 

y  la  Junta  de  hospitales, 

en  este  momento  mismo 

discuten  el  reglamento 

de  los  teatros. 
Espejo.  Divino! 

así  se  acaban  los  bandos 

de  Polacos  y  Chorizos. 
Tusa.       Es  que  el  teatro  se  cierra. 
Espejo.    No  puede  ser! 
Tusa.  Y  hoy  amigos, 

todos  por  propio  interés, 

debemos  ir  reunidos 

al  Corregimiento! 
Espejo.  Tengo 

mesa  de  cuentas. 
Tusa.  Pues  vivo! 

á  despachar,  yo  le  espero! 
Espejo.    Es  que... 
Tusa.  Lo  primero,  amigo, 

es  comer,  y  usté  no  come 

si  le  quitan  el  oñcio! 
Espejo.    Es  verdad.  (Gritando.)  Mesa  de  cuentas! 
(Dentro.)  Mesa  de  cuentas! 
Tusa.  Lo  mismo 

ha  hecho  Rivera  y  espera 

con  sus  cómicos! 


—  104  - 

(Va»  entrando  lo»  Cómicos  y  Cómicas-) 

ESCENA  VIL 


DICHOS,   CÓMICOS    y    CÓMICAS. 


Trasp 

Qué  miro! 

aquí  el  tie  Tusa? 

Todos. 

El  tio  Tusa. 

(Grandes  murmullos.) 

Espejo. 

El  teatro  está  en  peligro! 

y  de  parte  de  Rivera 

viene  á  buscarnos.  Confío 

en  que  siendo  embajador... 

y  que  le  rompo  el  bautismo 

al  que  se  permita... 

Tusa 

(Estando 

así  en  país  enemigo... 

privinir  la  contingencia 

como  Caliche  es  preciso!) 

(Se  mete  la  mano  en  el  pecho.) 

Espejo. 

Ea,  á  cobrar!  y  después 

iremos  todos  unidos. 

Tusa. 

(Dicen  que  este  hace  las  cuentas 

más  oscuras  que  los  míos. 

Me  iré  enterando  de  todo 

haciéndome  el  distraído!) 

Espejo. 

(De  pie  y  todos  los  demás  sentados  ) 

El  partido  es  hoy  de  veinte. 

Trasp. 

Ha  bajado! 

Espejo. 

Ya  se  sabe! 

en  dejando  de  llover... 

bajan  las  entradas! 

Tusa. 

(Zape!) 

Avis. 

Cobra  antes  la  compañía? 

Espejo. 

Los  gastos  fijos  son  antes! 

Por  llenar  las  dos  tinajas 

(Leyendo  recibos  que  saca  del  libro.) 

para  incendios...  que  se  salen, 

á  dos  duros  cada  una. 

Tusa. 

(Eche  usté  agua!) 

Espejo. 

Ochenta  reales! 

105  — 


Tusa. 

Espejo. 

Tusa. 

Espejo. 
Cómica. 
Tusa. 

Espejo. 


Tusa. 
Espejo. 

Tusa. 

Espejo. 


Tusa. 

Trasp. 
Espejo. 
Tosa. 
Espejo. 


Tusa. 

Todos. 
Espejo. 


Sebo,  despavilador, 

cera,  aceite  y  alumbrante, 

veíate  duros  cada  dia! 

(Ni  la  novena  del  Carmen 

que  se  hace  eo  la  Real  Capilla 

y  pagan  sus  majestades!) 

El  partido  de  la  Virgen 

de  la  Novena...  cien  reales! 

(Pues  yo  creí  que  en  el  Príncipe 

trabajaría  de  balde!) 

De  ocho  sueldos...  cobra  cuatro! 

Media  racioo...  mal  me  sabe! 

(Pues  si  eso  hace  con  las  vírgenes, 

qué  es  lo  que  hará  con  las  mártires!) 

Al  reten  de  infantería 

cuatro  duros  cada  tarde. 

Al  conserje...  siete  sueldos. 

(Se  acerca  un  inválido  y  cobra.) 

(Vaya!  el  culón  está  en  grande!) 
Los  billetes...  yo  los  hago! 
tres  juegos!  trescientos  reales! 
(Y  eso  es  jugando!  Pues  digo, 
si  llega  á  formalizarse!) 
Los  carteles  yo  los  pinto. 
Arroba  y  media  de  almagre, 
cuatro  arrobas  de  papel 
de  costeras...  doce  lápices, 
veinte  y  tres  libras  de  engrudo 
y  catoree  brochas  grandes! 
(Pueí  hay  para  empapelar 
Madrid  y  los  sitios  reales!) 
Esto  es  un  horror! 

Aún  falta! 
(Vaya!  aquí  no  cobra  nadie!) 
Orquesta,  Mozos,  Comparsas, 
Peluquero,  carbón,  Sastre, 
Guardaropa;  cuatro  bollos 
que  tomó  el  señor  Alcalde 
y  se  le  olvidó  pagarlos! 
Distraído... 

Que  los  pague! 
Faltan  los  tres  Alguaciles 


-  400  - 


del  corregimiento!  diantre! 

no  están!... 

Tusa. 

Son  tan  oportunos 

en  llegar  á  todas  partes, 

que  aun  para  cobrar  su  sueldo 

llegarán  despacio  y  tarde! 

Espejo. 

Ahora  el  cuarto  por  billetes 

de  los  santos  hospitales. 

Tusa. 

Pues  aunque  poetas  y  cómicos, 

echando  el  bofe  trabajen, 

para  mantener  á  medio 

Madrid...  no  tienen  bastante! 

Espejo. 

Escobas!  Guarda  almacén. 

Todos. 

Basta!  (Levantándose.) 

(En  el  acto  se  llevan  las  sillas  y  la  mesa.) 

Espejo. 

Portero! 

Todos. 

Que  calle! 

Tusa. 

(Todo  para  el  guardia  hijo!) 

Trasp. 

La  compañía,  a  qué  parte? 

Espejo. 

Pagados  todos  los  gastos, 

quedan  ochocientos  reales... 

que  se  ha  llevado  la  dama! 

Trasp. 

Cómo  se  entiende? 

Unos. 

Á  la  calle! 

Trasp. 

Yo  no  trabajo! 

Todos. 

Ni  yo! 

Unos. 

Es  vergonzoso! 

Otros. 

Es  infame!  ^ 

Tusa. 

(El  Príncipe  está  de  trueno! 

mejor  para  nuestros  planes!) 

Unos. 

Á  casa! 

Otros. 

Á  casa! 

Espejo. 

Señores... 

Tusa. 

Déjelos  usted.  Á  escape 

nosotros. 

Espejo. 

Si  yo!... 

Tusa. 

Rivera 

nos  espera,  y  es  probable 

que  ajuste  á  usted  y  la  Figueras 

si  del  Príncipe  se  salen! 

Espejo. 

Sí! 

Tusa. 

De  fijo! 

—  407  — 

Espejo.  ■    Pues  entonces! 

andando! 
Todos.  Trueno! 

Tusa.  Adelante! 

(Se  van  todos  con  gran  confusión  por  la  derecha.) 


ESCENA  VIII. 

LOS  TRES  ALGUACILES,   por  la  izquierda. 

MÚSICA. 

A  cobrar  venimos, 
que  es  lo  que  interesa, 
pero  ¿qué  sucede? 
¿dónde  está  la  mesa? 
Por  más  que  miramos 
el  teatro  entero... 
aquí  nadie  paga 
ni  se  ve  dinero. 
¡No  se  va  á  cobrar! 
¡esto  es  un  horror! 
Hay  que  irlo  á  contar 
al  Corregidor! 

(Vánse  como  en  las  salidas  anteriores.) 


MUTACIÓN. 


Sala  en  casa  de  la   Caramba.  Puerta   al    foro   y    laterales 
Sillas,  un  clave,  etc.,  etc. 


—  408 


ESCENA  IX. 


LA  CARAMBA   y  CALICHE. 


HABLADO. 


Caliche 

Car. 

Caliche 
Car. 
Caliche. 
Car. 

Caliche. 
Car. 


Caliche. 
Car. 

Caliche. 

Car. 

Caliche. 


Car. 
Caliche. 

Car. 
Caliche. 

Car. 
Caliche. 


,  Y  pué  salirle  mu  cara 

la  embajada  á  mi  maestro. 

El  tio  Tusa  es  hombre  diestro 

y  no  se  apura  por  nada. 

Y  pa  qué  ma  llarnao  usté? 

Para  pedirte  un  favor. 

Ya  está  hecho. 

Hoy  es  de  rigor 

como  martes... 

Ya  lo  sé. 

Que  vengan  á  visitarme 
mis  finos  apasionados: 
como  no  tengo  criados, 
ni  un  rato  puedo  quedarme 
sin  Geroma... 

Claro  está. 

Pero  esta  carta  es  urgente.... 
y  hay  que  llevarla. 

Corriente! 
Ahora. 

Se  llevará! 
Mi  tarea  extraordinaria 
era  coger  un  martillo 
y  componerle  el  pestillo 
de  atrás  á  la  boticaria, 
pero  estando  usté  por  medio 
que  se  arregle  como  pueda. 
Ésa  señora.. 

Se  queda 
de  par  en  par  sin  remedio! 
Es  para  el  Conde  del  Puentel 
Ah!  ya!  en  la  botillería 
de  Canosa  está  too  el  dia. 
En  su  mano! 

Encontinente! 


_  109  — 

Pero  al  probé  don  Preciso... 

no  es  un  cargo  de  concencia... 

darle  así  una  contingencia 

tan  arrastraa.  .  con  permiso. . . 
Car.        El  Conde  á  insultar  se  lanza 

á  la  Figueras  y  á  mí, 

y  con  esa  carta,  aquí 

preparo  nuestra  venganza! 
Caliche.  Defiende  usté  á  le  Figueras? 

Á  la  dama  del  espajo?... 

Vamos,  roe  cuesta  trabajo. 
Car.        Por  qué  contra  ella  te  alteras? 
Caliche.  Porque  tié  mucha  ilusión! 

y  carga  que  se  desmande! 

y  porque  tié  un  pie  mu  grande 

que  nunca  está  en  situación! 
Car.        La  carta... 

Caliche.  Yo  voy  de  expreso. 

Preciso.  Aquí  estoy  de  vuelta! 

(Dando  la  mano  á  la  Caramba.) 

Caliche.  Hoy 

estamos  de  paz...  ya  voy! 

(Á  un  movimiento  de  la  Caramba.) 

(Don  Preciso,  ahí  queda  eso!) 

¡Vaya  unas  manitas  monas! 

Apriételas  usté  fuerte. 
Car.         Caliche! 
Caliche.  Ya  voy!  (¡Qué  suerte 

tienen  algunas  presonas!)  (váse  con  ia  carta,) 

ESCENA  X. 

LA   CARAMBA,    D.    PRECISO. 

Car.        Qué  hay? 

Preciso.  Está  hecho! 

Car.  La  ha  leido? 

Preciso.  Y  aquí  la  Figueras  viene 

esta  tarde. 
Car.  Me  conviene! 

Preciso.  Y  viene...  con  su  marido!  j 

Car.  -       Qué  se  casa? 
Preciso.  Decidida.  s 


410  — 


Car. 

Con  el  tio  Espejo? 

Preciso. 

Él  la  asedia... 

Car. 

Pues  es  la  mejor  comedia 

que  han  hecho  en  toda  su  vida! 

Preciso. 

Y  tú  qué  has  hecho? 

Car. 

Citar 

aquí  al  Conde. 

Preciso. 

Y  vendrá? 

Car. 

Digo, 

si  cree  estar  solo  conmigo... 

Preciso. 

Sí,  eh? 

Car. 

¿Cómo  ha  de  faltar? 

Preciso. 

Pero... 

Car. 

Estaréis  escondidos, 

y  vais  saliendo  después. 

Preciso 

Será  un  lance  de  entremés. 

Car. 

Esos  son  siempre  aplaudidos. 

Ha  de  pagarle  la  apuesta 

á  burlas  Madrid  entero. 

Ahora...  ya  ves  que  te  quiero... 

Preciso 

.  Sí...  (Qué  es  lo  que  quiere  ahora  esta?) 

Car. 

Algún  premio  no  merece 

mi  constancia...  y  mi  proyecto?... 

yo  por  tí  lo  hago! 

Preciso 

En  efecto. 

Car. 

Qué  tal?  Digo,  me  parece... 

Preciso.  Mira,  descorre  el  telón! 
Car.        La  boda  de  la  Figueras 

me  ha  dado  así...  una...  ¿te  enteras? 
Preciso.  Me  entero...  de  refilón! 
Car.        Soy  más  fea  que  ella? 
Preciso.  Qué? 

Car.        Tengo  gracia? 
Preciso.  No  hay  que  hablar! 

Car.        Por  qué  no  me  he  de  casar? 

Preciso.  Pues  es  claro;  cásate! 

Car.        Con  quién? 

Preciso.  Eso  digo  yo! 

Nunca  faltará  un  amigo... 

Car.        Hombre!  y  contigo? 

Preciso.  Conmigo?... 

Car.        Sí! 


—  141  — 


Preciso. 

Me  parece  que  no! 

Car. 

No  me  quieres? 

Preciso. 

Ya  se  sabe! 

Car. 

Tu  amor! 

Preciso. 

Con  mi  amor  me  abraso! 

Pues  por  eso  no  me  caso, 

para  que  no  se  me  acabe! 

Car. 

Te  haría  yo  tan  dichoso. . . 

Preciso. 

Tú  me  harías...  Sí  lo  creo! 

Mira,  casarse  es  muy  feo. 

Car. 

Por  qué? 

Preciso. 

Y  muy  dificultoso! 

Á  mí  me  gusta  saber 

lo  que  me  dicen...  estás? 

y  no  he  sabido  jamás 

lo  que  allí  suelen  leer... 

Car. 

Yo  te  quitaré  la  venda. 

Como  e*  en  latin...  yo  al  fin... 

Preciso. 

Pues  por  eso  es  en  latin, 

para  que  nadie  lo  entienda! 

Car. 

Mira,  es  tan  grato  después 

ser  dos  en  gracia  de  Dios.. . 

Preciso. 

No,  si  el  mal  no  está  en  los  dos! 

Car. 

En  qué  está  el  mal? 

Preciso. 

En  los  tres! 

Car. 

Pues  y  volver  el  marido 

á  su  casa  á  recrearse 

en  su  mujer...  y  encontrarse... 

Preciso. 

Mal  peinado  y  mal  comido! 

Car. 

En  el  mundo  en  conclusión 

hay  que  sufrir  de  consuno ... 

Preciso. 

Pero  siendo  solo  uno 

se  sufre  á  media  razón! 

Car. 

No  me  convence  tu  excusa. 

Y  los  niños...  no  es  muy  tierno? 

Preciso 

Yo  no  desairo  al  gobierno! 

¿Para  qué  se  ha  hecho  la  inclusa? 

Car. 

Pues  y  el  calor  del  hogar? 

Preciso. 

En  teniendo  yo  brasero... 

Car. 

Pero  en  Enero!... 

Preciso 

En  Enero... 

al  tejado  y  á  mayar! 

—  112  — 


Car. 

De  manera... 

Preciso. 

Me  echo  fuera! 

Car. 

Si  yo  te  juro... 

Preciso. 

Con  todo! 

Car. 

Mira,  de  manera  y  modo... 

Preciso. 

No,  de  ninguna  manera! 

(Pausa.  Se  quedan  los  dos  mirándose.) 

Car. 

¡Qué  arrastrado  te  ha  hecho  Dios! 

Preciso. 

Conque  arrastrado? 

Car. 

Eso  es! 

Preciso. 

Pues  mira,  no  sé  quién  es 

más  arrastra  o  de  los  dos! 

Car. 

¡Ay  qué  chiripa! 

Preciso. 

¡Ay  qué  bamba! 

Car. 

Viene  gente... 

Preciso. 

Con  permiso! 

Cah. 

Caramba,.,  con  don  Preciso! 

Preciso. 

Ca...  ramba  con  la  Ca...  ramba! 

(Váse  por  la  izquierda.) 

Gar. 

No  hay  quien  le  pueda  enganchar! 

Sólo  de  marido  el  nombre, 

mata  al  hombre  cuando  el  hombre 

' 

está  duro  de  pelar! 

Voces. 

(Dentro.)  Adentro! 

Car. 

Ya  entran  de  pronto 

mis  finos  apasionados. 

¡Ay,  si  entre  estos  desdichados 

pudiera  pescar  yo  un  tonto! 

ESCENA  XI. 

LA   CARAMBA,    los    CURRUTACOS. 

MÚSICA. 

PRIMER  GRUPO.  (Entra  saludando.) 

¡Graciosísima  Caramba, 
del  teatro  gloria  y  prez! 
tenga  usté  felices  dias 
á  la  virulé. 
Segundo  grupo,  (id.) 

¡Oh  Caramba  encantadora, 


-  443  - 

la  queremos  mucho  y  bien, 
y  venimos  á  admirarla 
á  la  virulé. 
Car  Yo  agradezco  su  visita 

y  me  da  mucho  placer, 
pero  quiero  que  me  digan 
qué  es  la  virulé. 

CURRUT.        ¿No  lo  Sabe  USté?  (Con  extrañeza.) 

Car.  ¡Ay,  que  no  lo  sé! 

Currut.      Pues  si  quiere  vivir  á  la  moda 
escúchelo  usté! 

I. 

Colocados  en  fila  y  con  movimiento  uníforro 

Virulé  es  el  vestido  estrechito 
que  dibuja  las  formas  muy  bien: 
Virulé  es  el  cimborrio  de  pelo 
que  las  damas  se  suelen  poner: 
Virulé  es  el  pasito  muy  corto, 
Virulé  es  el  ridículo  frac; 
Virulé  es  el  postizo  de  alante, 
Virulé  es  el  postizo  de  atrás. 

Y  la  última  moda 
es  como  usted  vé... 
vestir  todo  el  mundo 

á  la  virulé. 

II. 

Virulé  es  el  galán  cortejante 
que  se  arruina  por  una  mujer, 
Virulé  es  el  marido  que  al  verlo 
no  hace  más  que  callar  y  comer. 
Virulé  es  el  oidor  con  sordera: 
Virulé  es  la  comedia  sin  plan: 
Virulé  es  la  vergüenza  de  menos 
Virulé  son  los  vicios  de  más. 

Y  la  última  moda 
/                   es  como  usté  vé, 

vivir  todo  el  mundo... 


—  414 

á  la  Viruléy 
á  la  Virulé. 


ESCENA  XII. 

BICHOS,  la  FIGUERAS  y  el   TÍO   ESPEJO,    del  bracero  por 
el  foro,  después   D.    PRECISO. 

HABLADO. 


Espejo. 

Dios  guarde  á  la  compañía! 

Car. 

Igualmente  ¡y  él  la  traiga! 

Liquido. 

La  Figueras  y  el  tio  Espejo!  (Con  extráñela.) 

Car. 

Muy  bien  venida  á  mi  casa 

la  que  viene  como  amiga. 

Los  refrescos! 

Fig. 

Muchas  gracias! 

Espejo. 

(Ves  que  tono?) 

Car. 

Es  que... 

Fig. 

Se  estima, 

pero  no  es  mi  hora! 

Espejo. 

Vaya! 

al  caso,  que  se  hace  tarde! 

Fig. 

La  agradezco  á  usted  en  el  alma 

su  recado,  y  la  ocasión 

que  da  á  mi  justa  venganza! 

Liquido. 

(Es  mujer  de  gran  empuje!) 

Currut. 

(Puede!) 

Liquido. 

(Y  de  mucha  sustancia!) 

Currut. 

(Pero  cómo  viene  aquí 

siendo  cómica  polaca?) 

Liquido 

(Siendo  cómicas  las  dos 

son  lobas  de  una  carnada; 

sino  que  una  es  loba  fria 

y  la  otra  es  loba  ordinaria.) 

Car. 

Aquí  era  cuestión  de  honra,  (á  ia  Figueras.) 

y  puesto  que  insulta  á  ambas, 

á  usted  porque  le  quería... 

y  á  mí  porque  le  escuchaba, 

justo  es  que  las  dos  bagamos 

Una  que  sea  SOnada'  (Sale  D.  Preciso.) 

—  m  — 

Fie.         Ya  sabe  usted  que  me  caso. 

Car.        Á  mí  el  Señor  no  me  llama 
por  tal  camino. 

Preciso.  Ni  á  mí, 

que  fis  estrecho  y  tiene  zanjas! 
Por  la  plaza  viene  el  Conde! 

Car.        Señores,  en  esa  estancia 

está  el  refresco,  y  les  ruego, 
pues  con  franqueza  me  tratan, 
que  le  tomen  esperándome. 

Liquido.  Bien  dicho,  el  brazo  á  las  damas. 

(Ofrece  el  brazo  á  la  Fig-ueras.) 

Espejo.    Reniego!...  vista  á  la  izquierda! 

(Le  da  un  empellón.) 

Liquido.  Huy,  qué  bárbaro! 


Todos. 

Á  la  sala! 

Car. 

(Usted  observe  la  escena,  (Á  la  Figueras.) 

y  cuando  le  agrade,  salga!) 

Fig. 

Y  los  entero?  (Señalando  á  los  Currutacos.) 

Car. 

De  todo! 

Preciso. 

Pronto! 

Fig. 

Venganza! 

Car. 

Venganza! 

(Se  van  todos  y  se  queda  sola  la  Figueras.) 

ESCENA  XIII. 

EL  CONDE,   la  CARAMBA,  y  á  su  tiempo   los  demás    perso- 
najes que  se  marcan  en  el  diálogo. 

MÚSICA. 

Conde.         Graciosísima  Caramba, 
tú  me  llamas  y  aquí  estoy 
decidido  á  darte  todo 
cuanto  exijas  de  mi  amor! 

(Muy  enamorado.) 

Car.  Prometer  es  fácil  cosa, 

pero  ya  temiendo  estoy 
que  al  cumplir,  el  Conde  quede 
más  pequeño  que  su  amor! 


416  — 


Conde. 
Car. 


CONDK. 


Car. 
Conde. 

Car. 

Conde. 

Preciso. 

Conde. 


Car. 

Conde. 
Car. 

Conde 
Car. 

Conde. 

Car. 

Conde. 

Car. 

Conde. 

Car. 

Conde. 

Car. 

Conde. 


Ponme  á  la  prueba! 
Sí  que  lo  haré! 
Y  la  Figueras? 

(La  Fig-ueras  se  asoma  á  la  puerta.) 

Ya  la  olvidé! 
Á  esa  cómica  silbada 
cómo  puedo  yo  querer, 
si  ademas  de  necia  y  sosa 
con  Espejo  me  es  infiel? 

(La  Fig-ueras  desaparece.) 

Si  á  quererle  me  decido... 
Pues  decídete,  mujer! 

(D.  Preciso  se  asoma.) 

¿Qué  hago  yo  con  don  Preciso? 
Lo  que  quieras! 

(Ya  lo  sé!) 

(D.  Preciso  su  retira.) 

¡En  tus  labios  quiero  amante 

(Queriendo  abrazarla.) 

apagar  mi  ardiente  sed! 

POCO  á  pOCO,  Señor  Conde!    (Detenié  ndole.) 

Una  prueba! 

Pide  cien! 
Una  sola...  y  es  vendarle! 

(Sacando  un  pañuelo  blanco.) 

*jTú  vendarme!  Para  qué? 
Porque  al  verme  entre  sus  brazos 
mi  rubor  no  advierta  usted! 
Es  capricho  extravagante! 
No  me  abraza  usted  sin  él! 
No  hay  remedio? 

No  hay  remedio! 
(Yo  la  apuesta  ganaré.) 
Si  me  dieras  algo  á  cuenta... 
Esas  cuentas  son  después! 
que  el  amor  siempre  es  vendado. 
Si  es  vendado,  venda  pues! 

Ahora  le  amo!  (Vendándole  lo»  ojos.) 

Mucho  aprietas! 

(Van  bajando  &  una  seña  de  la  Caramba,  el  tio  Sspje 
y  D.  Preeiso.— La  Figuaras  se  queda  á  la  dare- 
eha. — -Los  Currutacos  tajan  también  de  puntillas.) 


—  117  — 

Ámi  lado  siéntate! 
Car.  Sentadita  quiero  hablarle 

si  se  deja  usté  querer! 

(Se  sientan  á  su  lado  en  dos  sillas  Espejo    y    Don 
Preciso.) 

Conde.        Trae  tu  mano! 

(La  Caramba  se  la  da  por  detrás  de  Espejo.) 

Car.  ¿Y  la  Figueras? 

Conde.  De  ella  no  hables  otra  vez! 

Car.  Sí  fué  vuestra...  según  dicen! 

Conde.  Pues  por  eso  la  dejé! 

Fig.  (Miserable!) 

Espejo.  (Yo  le  mato!) 

Preciso.  (Bravo  lance  va  aquí  á  haber!) 

CONDE.       (Abriendo  los  brazos.) 

Un  abrazo  necesito! 
Car.  Un  abrazo?  (Se  retira.) 

PRECISO  y  ESPEJO.  (Echándose  en  los  brazos  del  Conde.) 

Abrace  usté! 

(El  Conde  se  levanta  y  se  quita  la  venda.) 

Conde.         Eh? 

TODOS.       (En  el  proscenio,  riendo  á  carcajadas.) 

Jé,  jé,  jé,  jé,  jé,  jé! 

CAR.  (Zarandeándole.) 

Toma,  toma,  torna, 

Conde  galán! 
Dime,  dime,  dime 

quién  te  ama  ya! 
Busca,  busca,  busca 

otra  beldad, 
que  lo  que  es  con  las  cómicas 

ya  estás  de  más! 

Fig.  Fuera,  fuera,  fuera, 

Conde  traidor! 

Toma,  toma,  toma,  (Zarandeándole.) 

calumniador! 
Pierde,  pierde,  pierde 
la  apuesta  ya, 
que  se  quedan  las  cómicas 
sin  conquistar! 

9 


—  118  — 

CONDE.      (Corrido  y  procurando  escaparse.  Todos  le  cierran 
el  paso.) 

Basta,  basta,  basta, 

fuera  de  aquí! 
Nadie,  nadie,  nadie 

me  burla  á  mí! 
Plaza,  plaza,  plaza, 

déjenme  ya, 
que  á  mirar  á  una  cómica 

no  vuelvo  más! 

Preciso,  Espejo,  Currutacos. 
Paga,  paga,  paga, 

Conde  galán! 
Toma,  toma,  toma, 

por  perillán! 
Vete,  vete,  vete, 
no  vuelvas  más, 
que  lo  que  es  con  las  cómicas 
no  jugarás! 

(El  Conde  huye  por  el  foro.  Todos  se  rien  á  carca- 
jadas.) 


ESCENA  XIV. 

DICHOS   menos  el  CONDE,    á  poco  el  tio  TUSA,    CALICHE   y 
CHORIZOS  y   POLACOS. 

HABLADO. 

Espejo.    Y  como  esta  es  mi  mujer 

(Cogiendo  del  brazo  á  la  Figueras.) 

desde  hoy,  mal  rayo  le  parta 

y  de  mala  muerte  muera 

el  que  pretenda  robármela! 
Car.         Mira  qué  ejemplo! 
Preciso.  Están  verdes! 

Espérate  á  que  se  caigan! 
Tusa.       Se  cerraron  los  teatros! 
Caliche.  Y  mus  partieron! 
Todos. 


Qué  pasa; 


-  119  - 

Tusa.       Que  el  Gobierno  al  fin  ha  dado 
un  reglamento  ó  pramática, 
por  la  cual,  desde  hoy,  él  mismo 
de  los  teatros  se  encarga, 
reforma  ajustes,  comedias, 
cómicos,  público,  salas, 
en  fin,  destroza  y  destruye 
costumbres  inveteradas, 
y  á  Chorizos  y  Polacos 
con  su  proyecto  nos  mata! 

Espejo.    ¡Viva  Moratin! 

Caliche.  V  qué? 

ya  no  se  va  á  silbar  nada? 
ú  va  el  Gobierno  á  escribir 
las  comedias? 

Espejo.  No  se  trata 

de  eso! 

Caliche.  No!  Pus  tan  y  mientras 

que  se  hagan  comedias  malas, 
y  haiga  cómicas  y  cómicos 
que  trompiecen  en  las  tablas, 
y  se  pague,  silbaremos 
siempre  que  mus  dé  la  gana! 

Espejo.    No  á  mí!  que  con  mi  mujer 

me  marcho  á  provincias.  Rabia! 
y  grita!  y  patea! 

Tusa.  Tú 

te  quedas? 

Car.  Yo,  confiada 

en  las  bondades  del  público, 
espero  que  cuando  salga, 
digan  mis  apasionados... 

Caliche.  Ole! 

Tusa.  Viva  la  Caramba! 


MÚSICA. 

Todos,     (ai  público.) 

Ya  estas  malas  costumbres  no  existen, 
y  la  vida  del  arte  cambió, 
que  los  cómicos  todos  se  adoran 


—  120  — 

para  bien  del  Teatro  español. 
Hoy  los  condes,  tocante  á  las  cómicas, 
se  contentan  con  ver  la  función, 
y  Chorizos  no  hay  ya  ni  Polacos 
que  silbidos  le  den  al  autor; 

pues  todas  las  obras 

magníficas  son, 
y  se  va  todo  el  mundo  contento, 

y  abajo  el  telón! 


FIN   DE   LA    ZARZUELA- 


• 


TÍTULOS. 


Actos. 


AUTORES. 


Prop.  qw 


ZARZUELAS. 

E¿  fresco  de  Jordán . .  i        S.  María  Granes ....  Libro. 

El  Marscllés 1         Granes » 

La  Paz i         R.  Puente  y  Brañas. .  Libro. 

Una  conspiración i  D.  M.  Genaro  Rentero.. .  Libro. 

Á  la  fuerza  ahorcan. 3  Sres.  Vizc.a  y  Bengoech.  L.  y  M. 

Chorizos  y  Polacos .  3  D.  Luis  Mariano  de  Larra  Libro. 

Dos  damas  para  un  galán 3        Zumel  y  Nieto L.yM. 

Entre  el  alcalde  y  el  rey 3        G.  Nuñez  de  Arce.. . .  Libro. 

La  Marsellesa , . . .  3         M.  Ferndz.  Caballero.  Música 


Nota.  Han  pasado  á  la  administración  de  esta  Galería  todas  las 
obras  de  la  titulada  El  Teatro  Económico,  propiedad  de  los  Sres.  Don 
V  Llórente  y  D.  Carlos  Borghini;  y  dejado  de  pertenecer  la  música  de 
la  zarzuela  en  un  acto  Ais  Liadres,  de  D.  Benito  Monfort. 


PUNTOS  DE  VENTA, 


MADRID. 


í£n  las  librerías  de  los  Sres.  Viuda  é  Hijos  de  Cuesta,  calle  de 
Carretas,  núm.  9,  y  de  los  Sres.  Hijos  de  Fé,  Jacometrezo,  nú* 
mero  44,  y  de  Duran,  Carrera  de  San  Gerónimo. 


PROVINCIAS. 


En  casa  de  los  corresponsales  de  esta  Galería* 
Pueden  también  hacerse  los  pedidos  de  ejemplares  directa* 
mente  al  EDITOR,  acompañando  su  importe  en  sellos  de  tran- 
queo ó  libranzas»  sin  cuyo  requisito  no  serán  servidos.